por Portaluz
26 Junio de 2026Virginia Pérez de Santana se casó con Miguel Merino y tuvieron tres hijos. Un matrimonio y una familia feliz, aunque en el fondo sabían que algo esencial les estaba faltando. Intentaron acercarse a Dios y la Iglesia, pero las tentaciones del mundo les atrapaban. «Teníamos a Dios en la cabeza pero no en el corazón», confidencia ella en un nuevo video testimonio de Mater Mundi TV.
En 2024, llegó un duro e imprevisto diagnóstico para Miguel. Un tumor que sería su pasaporte al cielo, porque en el inicio de la enfermedad, él pudo tener la certeza de que Dios es real, existe y actúa en nosotros. El mismo día del fatal diagnóstico,
Miguel tuvo una experiencia del Amor de Dios. En el proceso hasta su muerte, en marzo de 2026, la conversión de Miguel fue impactando en Virginia. Así, ella pudo despejar sus dudas sobre la existencia de Dios, y la transformación radical de su marido impactó en toda la familia y su entorno.
La fe de Miguel iba creciendo y el matrimonio iba caminando junto hasta el final, pero arropado por un grupo espontáneo de oración al que se fueron sumando cientos de personas. Muchas que ni conocían. Muchos que estaban igualmente enfermos. Algunos que comenzaron su conversión a partir del proceso de Miguel y la creciente fe de Virginia. Otros creyentes que reforzaron su oración para acompañarles.
Virginia había imaginado vivir en algún momento una experiencia brutal que se tradujera en su conversión inmediata, «a lo bestia». Y, aunque las cosas fueron muy distintas, el resultado fue igualmente definitivo: sus dudas sobre la existencia de Dios acabaron, aunque fuera en medio de la prueba y el dolor.
Ella ahora vive con la certeza del reencuentro con su marido. Ahora sabe que vivir es una preparación para morir en paz con Dios, y para ver de nuevo a Miguel, más allá, en la eternidad prometida. Y Dios siempre cumple sus promesas.
