por Portaluz
17 Julio de 2026En una nota recién publicada, la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE) reitera reparos a la denominada técnica de análisis y psicoterapia alternativa conocida como «constelaciones familiares», desarrollada por el alemán Bert Hellinger (1925-2019) y "cuya eficacia -alertan- no está demostrada científicamente en modo alguno, presenta contenidos y aspectos que suscitan grandes reservas, no solo en el ámbito clínico".
Según las «constelaciones familiares», los problemas, las dificultades y las enfermedades de las personas estarían relacionados con las vicisitudes existenciales y el destino de los miembros anteriores de su familia o del grupo étnico al que pertenecen. "Se aprecia de inmediato la presencia de temas que remiten al mundo mágico y espiritista, asimilados por su creador a raíz de su contacto con el contexto tribal africano", advierten desde la AIE.
Hellinger, de hecho, era un exsacerdote católico, misionero en Sudáfrica, donde vivió en contacto con las tribus zulúes, observando sus costumbres, creencias y ritos, en particular el culto a los antepasados. Posteriores experiencias de carácter ecuménico e intercultural llevaron al misionero alemán no solo a orientarse hacia la cultura de los nativos, sino también a hacer coincidir «sus ideales» con las verdades de la fe. Por otra parte -señala la AIE- "Hellinger también se había acercado a la teosofía, una doctrina esotérica y sincrética con vínculos masónicos, cuyo objetivo es una hermandad universal entre los hombres construida sobre una base religiosa común".

La AIE recuerda que posteriormente y debido a sus actos, Bert Hellinger fue reducido al estado laico, "abandonó la fe cristiana y se dedicó al estudio del psicoanálisis". Se adhirió entonces al método de la estadounidense Virginia Satir y a sus «esculturas familiares», un enfoque basado, desde un punto de vista dinámico, en una terapia de grupo en la que participan personas con problemas y sufrimientos comunes. Durante la sesión, estos adoptan diversas posturas y posiciones de tal manera que, al interactuar, crean una «escultura» visual a partir de la cual se desarrolla una evaluación y la terapia consiguiente. En la práctica, se pide a los miembros de una familia que den forma a una representación visual y espacial de su propia imagen (y de su estancamiento en las relaciones) disponiendo sus cuerpos en el espacio y dirigiéndose miradas entre sí.
En estas dinámicas de grupo, adoptadas por Hellinger, se puede elegir a una persona que represente a un miembro de una familia al que, en realidad, no conoce, pero que se presta a responder preguntas sobre temas y problemas personales. Estos «actores» o «figuras» llegan incluso a afirmar que expresan los mismos síntomas y sentimientos que habría experimentado la persona a la que «interpretan», aunque esta haya fallecido, y todo ello sin conocerla. "Resulta evidente lo peligroso de tal dramatización (inspirada también en el psicodrama de Jacob Levi Moreno), que a Hellinger le recordaba la religiosidad zulú relacionada con los antepasados, con el papel de los sangoma, los chamanes, que adoptan prácticas propias del espiritismo. Gracias a toda esta información y a estas experiencias, Hellinger creó así el «método» de las «constelaciones familiares», que suscita no pocas preguntas y críticas", destaca la AIE.
Los defensores de la «constelación familiar» -prosigue en su crítica la AIE- se proponen regular lo que estaría «fuera de lugar» y que vulneraría unas normas supuestamente establecidas. "De ahí que propongan la necesidad de desatar los nudos que se han creado en las familias a lo largo de las generaciones, casi como si cada ser humano llevara en su interior datos, información y condicionamientos heredados de vidas pasadas. Nos encontramos, por tanto, ante afirmaciones tan absurdas desde el punto de vista científico como discutibles desde el punto de vista moral", denuncia la Asociación.

En la técnica de la «constelación familiar», el paciente expone el tema que le preocupa y el terapeuta (que dirige o «facilita» la sesión) le pide, a su vez, información sobre acontecimientos de la vida de su familia, incluyendo muertes prematuras, suicidios, homicidios, enfermedades graves, matrimonios anteriores, hijos o hermanos, etc.
A partir de esta información, se pide al paciente que elija, entre los miembros del grupo terapéutico —preferiblemente ajenos a su historia—, a aquellos que puedan «representar» la forma en que el paciente percibe las relaciones que están en el centro de su historia (es decir, su experiencia emocional).
A continuación, guiándose por las reacciones de estos representantes (y actores improvisados), el terapeuta conduce, siempre que sea posible, hacia un escenario resolutivo en el que todos ocupen un lugar que les haga sentirse bien dentro de ese sistema familiar que constituye el centro de la «terapia».
Sin embargo -cuestiona la AIE-, "esta técnica parte de un concepto erróneo y presenta fuertes analogías, tanto en cuanto a contenido como a visión, con el espiritismo practicado según la concepción animista". De hecho -prosiguen-, tal y como explicó un espiritista brasileño —citado por monseñor Rubens Miraglia Zani en una ponencia que presentó en un congreso sobre el tema[1], de la que extraemos amplios fragmentos de esta nota—: «La familia es una constelación, en la que el padre es el sol, la madre es la luna y los hijos son las estrellas que giran en torno a este conjunto. Los demás parientes son asteroides». Cabe destacar el uso de un lenguaje rico en metáforas «astrales». En esencia, todo lo que ocurre en la existencia y que influye en nosotros, incluidos los acontecimientos vividos por nuestros antepasados, puede desalinear estas «constelaciones» causando problemas y sufrimiento: por esta razón, la llamada «energía» presente en las familias y en las generaciones debe ser «realineada». La técnica no es en absoluto inofensiva y resulta decididamente invasiva en el plano moral. Hellinger afirma que la eficacia del método se debe a la «comunión de almas» que existe entre el «actor» y el «representado», aunque no se conozcan; esto ocurre porque la energía puede «fluir» sobre ellos. "El concepto recurrente de energía, evocado en este método, nos remite directamente al universo New Age y a sus implicaciones mágico-esotéricas", aclara la AIE.
Las técnicas de persuasión, la sugestión mental y la inducción -destaca la AIE- constituyen una extraña mezcla de psicoterapia alternativa y doctrinas animistas y pseudomísticas, en la que los «actores» se ven influidos por su propio estado interior y afirman estar conectados con el «alma» o la «energía» de aquellos a quienes representan. "El verdadero riesgo que se deriva de este escenario es la introducción a una visión New Age de la vida, en la que conceptos como la reencarnación, la transmisión de culpas y sufrimientos a lo largo del árbol genealógico, en una línea de continuidad entre generaciones pasadas, presentes y futuras, sitúan la técnica de las constelaciones en una perspectiva iniciática, que puede desembocar en situaciones de gran peligro moral y espiritual", puntualiza la Asociación Internacional de Exorcistas.
Concluye la AIE citando la exhortación y análisis de monseñor Miraglia Zani sobre este asunto: «Nosotros, los cristianos, no deberíamos transigir con este tipo de realidades. Además de dar gracias a Dios, disponemos de otras muchas formas de trabajar dentro de la Iglesia católica, de manera adecuada y equilibrada, tanto a nivel espiritual (dirección espiritual) como a nivel de la propia medicina (terapias aprobadas por los colegios nacionales de médicos y psicólogos). De lo contrario, corremos el riesgo de vernos envueltos en prácticas espiritistas, brindando así una oportunidad para la acción extraordinaria del diablo».
