por Portaluz
17 Julio de 2026Todo comenzó el 16 de julio de 1936 en la parroquia de San Millán, la iglesia de Moraleja de Enmedio, una localidad situada a 30 kilómetros al suroeste de Madrid, diócesi de Getafe, España.
Aquel día el P. Clemente Díaz consagró unas formas en la Eucaristía que celebraba la fiesta de la Virgen del Carmen. Luego de impartir la comunión a los fieles reservó las hostias consagradas sobrantes para distribuir la comunión en los días posteriores.
Dos días después, al estallar en España la Guerra Civil, los milicianos republicanos obligaron a cerrar el templo. Luego, el día 21 de julio, padre Clemente aprovechando que le permitieron celebrar un funeral, sacó a escondidas las 24 hostias consagradas el día 16, pues estaba seguro de que podrían profanar la Eucaristía.
Debido a la persecución religiosa, el padre Clemente fue obligado a salir de la localidad, confiando la custodia de las formas a miembros de Marías de los Sagrarios, obra fundada por San José María Rubio con el fin de acompañar y reparar a Jesús Sacramentado.
Las formas fueron escondidas en tres casas. En la tercera, fueron colocadas a 30 centímetros bajo tierra dentro de un copón. Allí permanecieron durante 70 días.
Cuando pudieron volver los fieles del pueblo, a los cuatro meses de su huida, las trasladaron a otro escondite dentro de una viga. La guerra seguía en marcha.
Ocultas para el mundo durante décadas

El 5 febrero de 1937 llegaron dos capellanes castrenses con una unidad militar a Moraleja de Enmedio. Enterados de los hechos, trasladaron en procesión las formas a las que rindieron honores militares, escoltándolas a lo largo del camino hasta las escuelas, donde celebraron una Misa.
Dos de esas formas fueron consumidas y las 22 restantes se guardaron en el sagrario de la iglesia. "En 1940 el párroco decidió precintar el copón", informó a ACI Prensa Juan Antonio Narváez, autor del libro "Sagradas formas de Moraleja de Enmedio". Y así quedaron ocultas para el mundo durante décadas.
La fe de los humildes

En 2014 Monseñor Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, obispo de la diócesis de Getafe, declaró al digital Religión en Libertad: "Lo sorprendente es que tanto el pequeño copón donde se encontraban las formas, como el paño que lo cubría han sufrido un deterioro notable. El copón, además, no cierra herméticamente, de modo que no pudo crearse una cámara al vacío, y estuvo escondido durante la Guerra Civil entre unas tejas, expuesto, por tanto, a las inclemencias meteorológicas y a cambios de temperatura. Al no corromperse las Sagradas Formas, creemos, según nos enseña la Iglesia, que permanece la Presencia real de Cristo, y son por tanto el Cuerpo eucarístico de Nuestro Señor".
El obispo Joaquín María explica la importancia de este hecho en la vida del pueblo:
"Los habitantes de Moraleja han asociado este hecho extraordinario a una protección especial del Señor durante la contienda civil y han transmitido de hijos a nietos que, por haber custodiado y protegido la Eucaristía durante los duros años de la Guerra, el Señor les protegió a ellos especialmente. Recuerdan en este sentido que ninguno de los habitantes de Moraleja murió durante la guerra y que en varios de los bombardeos aéreos que se realizaron sobre la zona las bombas que cayeron en el pueblo nunca llegaron a explotar. No es posible humanamente demostrar la conexión entre la custodia de las Sagradas Formas, que permanecen incorruptas, y la ausencia de desgracias a los hijos del pueblo y al pueblo mismo durante la Guerra Civil, pero es incuestionable que ambos hechos coincidieron en el tiempo y en el espacio".
