Monstruos ocultos bajo la imagen de un coach. 7 claves que delatan el peligro

Monstruos ocultos bajo la imagen de un coach. 7 claves que delatan el peligro

Jenni Walford ha escrito una guía para detectar las técnicas de persuasión coercitiva que, fuera de las sectas clásicas, son cada vez más habituales en contextos donde son más difíciles de descubrir, aunque están dañando de forma fatal a muchas personas.

por Portaluz

17 Julio de 2026

Es común que la gente siga asociando las sectas al fenómeno religioso, algo que responde a una realidad: a lo largo de los siglos XIX y XX, los grupos sectarios nacieron en el entorno de la espiritualidad, como escisiones de las grandes tradiciones religiosas o como propuestas novedosas y alternativas de cosmovisión para el ser humano contemporáneo. Sin embargo, en el siglo XXI estamos asistiendo al nacimiento -con notable difusión y éxito- de monstruosas sectas que están en otros ámbitos.

Ámbitos como las terapias, el tan popular coaching, las técnicas de autoayuda y crecimiento personal... y también la formación corporativa o para el liderazgo, han adquirido tales rasgos de manipulación y despersonalización que nos permiten hablar en ocasiones de verdaderas sectas. Grupos y corrientes que conviven con las sectas clásicas, haciendo real la afirmación de que hay una secta para cada tipo de persona. Sean cuales sean los intereses y anhelos del individuo, las sectas adquirirán el rostro más atrayente para seducir y esclavizar.

Su objetivo: el impacto de las técnicas

Jenni Walford

En este contexto, acaba de publicarse un pequeño libro que describe este fenómeno y sirve como guía práctica para detectarlo. Se titula 7 dinámicas sectarias en las empresas y la formación modernas, y su autora es Jenni Walford, artista, terapeuta y profesora británica que ha pasado la mayor parte de su vida en Argentina y España (por eso el libro ha salido tanto en inglés como en español). El subtítulo de la obra aclara aún más cuál es su contenido: Técnicas de manipulación de sectas en el coaching, la terapia y la formación corporativa... y cómo detectarlas.

Ya en la primera página Walford avisa no sostener "que las organizaciones contemporáneas de formación, coaching o desarrollo sean 'sectas', ni afirma que quienes diseñan o imparten estos programas actúen de mala fe". Pero también alerta que en muchas ocasiones "las buenas intenciones no eliminan los efectos de determinadas técnicas, especialmente cuando dichas técnicas proceden de entornos sectarios, de alto control o coercitivos". Su foco, subraya, "no es la intención, sino el impacto".

Porque, por su experiencia en la orientación y ayuda a víctimas, la autora ha comprobado que "ciertas dinámicas que se desarrollaron en contextos sectarios, como el uso casi religioso de ciertas palabras y expresiones, la manipulación emocional, las dinámicas de autoridad y la 'elección limitada', han sido reformuladas y normalizadas en la formación empresarial contemporánea, el coaching, los espacios de bienestar y el desarrollo organizacional".

Para ayudar a protegerse de tales estrategias coercitivas, ha identificado siete de ellas, que sintetizamos a continuación.

1. El lenguaje sagrado y la jerga

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Retiros, cursos de formación y talleres de coaching tienen un vocabulario propio, con palabras que "parecen transmitir una profundidad de significado que el lenguaje cotidiano no alcanza del todo", lo que al recién llegado le "puede sonar emocionante, fresco, exótico, lleno de promesas". 

¿Cuál es el peligro? Que se trata de una técnica de reforma del pensamiento: según Jenni Walford, "en sistemas manipuladores, este tipo de jerga hace algo más que crear comunidad: reconfigura la forma en que se percibe la realidad misma". Más aún: "adoptar este lenguaje suele ser el primer paso hacia un mundo cerrado".

2. La hipnosis y las actividades hipnóticas

actividades hipnóticas

En este tipo de actividades "lo que parece una meditación guiada inofensiva, una sesión de breath-work [respiración consciente] o un cántico energizante puede, en el entorno adecuado, eludir el pensamiento crítico y situar a los participantes en un estado altamente sugestionable".  Pueden ser también cánticos, música repetitiva o percusión, horarios agotadores, cambios bruscos de estado...

Según importantes expertos en sectas citados por la autora, estas prácticas afianzan el control de los adeptos, ya que "regulan los estados mentales hasta que las personas aceptan ideas que de otro modo rechazarían". La sensación de euforia momentánea se interpreta como transformación o crecimiento, lo que parece confirmar el mensaje del formador o facilitador.

3. Cohesión de grupo y pertenencia forzada

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Como el ser humano es un ser social por naturaleza -ya lo decía Aristóteles-, "necesitamos pertenecer, ser reconocidos, ser vistos y aceptados", y los grupos sectarios "lo saben, y lo explotan". Por eso, desde el primer momento "se anima a los participantes a revelar datos personales, a aplaudir y vitorear a desconocidos, y a participar en ejercicios que eliminan rápidamente la privacidad".

Lo que "puede resultar estimulante" al recién llegado resulta, en el fondo, toda una estrategia de cohesión diseñada al milímetro y de pertenencia condicionada, que "sólo dura mientras se cumpla con lo que esperan de ti. En el momento en que dudas, resistes o cuestionas el proceso, el calor se enfría".

4. Contacto no solicitado y violación de límites personales

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Walford reconoce que "el contacto puede ser sanador, enraizante y profundamente humano, pero sólo cuando se elige libremente". El problema aquí es que en muchas actividades de formación empresarial "el contacto físico se impone como norma por defecto, ya sean abrazos en la entrada, cogerse de las manos durante los ejercicios, o incluso masajes en la espalda enmarcados como 'sanación'".

Y aquí viene la prevención: "lo que en apariencia puede parecer inofensivo o incluso amable, en la práctica es una violación cuando no se solicita consentimiento informado a los participantes". En contextos grupales saludables, se pide permiso antes y se aceptan las negativas. Sin embargo, "en entornos manipuladores, el consentimiento se da por supuesto y la negativa se patologiza". De ahí que no resulte una conexión, sino coacción.

5. Vulnerabilidad forzada y explotación emocional

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La vulnerabilidad, en sí misma, no es buena ni mala, sino una característica de la condición humana: somos vulnerables. De hecho, la autora del libro señala que "puede ser transformadora cuando se elige libremente. En contextos seguros, compartir un miedo o una historia personal puede generar confianza y favorecer el crecimiento". Sin embargo, no sucede así en algunas terapias, talleres y cursos de formación, en los que la vulnerabilidad "se impone".

¿Cómo sucede esto? "Se presiona a los participantes para que revelen detalles íntimos, no en su propio beneficio, sino para reforzar la cohesión grupal, la autoridad del líder y recopilar información que más tarde puede utilizarse en su contra". De forma que, en estos ambientes, "lo que parece valentía es, a menudo, conformidad disfrazada". Cuando se confiesan los propios pecados y errores en público, esta práctica "genera dependencia del grupo o del líder", que así "saben mejor cómo manipularte".

6. Confusión y contradicciones

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En una dinámica de grupo, "cuando los mensajes se contradicen y las reglas cambian constantemente, los participantes dejan de intentar dar sentido a lo que ocurre y pasan a depender del líder para que les oriente", según Jenni Walford. Esta confusión o arbitrariedad no es sinónimo de ausencia de normas, sino que se convierte en "una de las herramientas más eficaces del arsenal del manipulador".

Es muy habitual en muchas iniciativas de formación del coaching y de la órbita de la Nueva Era, "en la forma de enseñanzas contradictorias, la jerga pseudo-científica o en las promesas de que la claridad llegará 'en el siguiente nivel'". Lo que busca (y tantas veces consigue) el terapeuta o facilitador es "la dependencia: cuanto más confundidos se sienten los participantes, más vuelven al programa para resolver su confusión". Se acaba con el pensamiento autónomo y con el criterio propio, delegando en el líder.

7. Juegos de autoridad y dinámica de poder

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En cualquier grupo humano la autoridad es necesaria. Como explica la autora, "en contextos saludables, puede proporcionar seguridad, estructura y experiencia". No sucede así cuando nos encontramos con un entorno sectario, donde el liderazgo es destructivo, y la autoridad "se convierte en un juego de dominación en el que el líder es elevado por encima de todos los demás y el valor de los participantes se mide en función de lo obedientes que sean".

Efectivamente: la obediencia se impone, eliminando cualquier posibilidad de autonomía personal, de forma que, como señalan psicólogos expertos en sectas, se acaba "construyendo gradualmente un sistema cerrado sobre sí mismo en el que la sumisión resulta cada vez más natural". El gurú acaba controlando el paisaje emocional del grupo, decidiendo de forma personalísima "quién recibe elogios, quién se humilla y quién obtiene acceso". No se trata de carisma, sino de control.

Conclusión: protegernos de abusadores y del abuso

Jenni Walford, que aporta casos reales que ejemplifican cada una de las tácticas utilizadas más allá de las sectas "clásicas", insiste en que se trata de patrones muy comunes en muy diversas formas de coaching, formación empresarial, capacitación, cursos de desarrollo personal o de marketing... "han sido heredadas, transmitidas de un programa a otro". Los formadores y facilitadores no inventan nada nuevo, sino que se limitan a repetir lo que les enseñaron.

Eso ha provocado que en muchos ambientes este estilo se haya normalizado, de forma que "no se percibe como manipulación, sino como 'buenas prácticas'", y lo que realmente son técnicas coercitivas se extienden, se institucionalizan y se aceptan sin crítica alguna. Al final se consideran una especie de ritualidad necesaria para la transformación.

Por eso es tan importante saber detectar y reconocer estas dinámicas, para así "convertirse en un consumidor informado", lo que "ayuda a dar (o retirar) un consentimiento informado", y también "ayuda a protegernos a nosotros mismos y a los demás frente al abuso".