por Portaluz
11 Mayo de 2026"Los vientres no están a la venta", "los niños no están a la venta" exhorta Olivia Maurel en el video que acompaña al titular, con la emotividad de quien ha padecido en su propia carne la verdad sin censura de una industria que sustenta sus ingresos, potenciando los vientres de alquiler de mujeres pobres.
Es la brutal realidad que denuncia Olivia (nacida en Louisville, Kentucky, USA el año 1991). Mujeres ricas abusando de mujeres pobres para comprar un hijo: "Aunque creo que hay algunas buenas historias, la realidad de la gestación subrogada es mucho más oscura y terrible de lo que los medios intentan contarnos. A través de mi historia, intento concienciar a la gente de lo que es la gestación subrogada: una nueva forma de trata de seres humanos. Es más, me he unido a la Declaración de Casablanca, cuyo objetivo es abolir los vientres de alquiler en todo el mundo, porque ese es el objetivo de mi vida".
Autora del libro «¿Dónde estás, mamá?» vivió durante 30 años entre preguntas sin respuesta. "Fue entonces que empecé a descubrir la verdad. Muchas personas me dijeron que fui muy afortunada por ser querida por una familia; sin embargo, no podía sentirme así luego de saber que fui tratada como una mercancía o como objeto del contrato de alguien más. Se maquilla la subrogación como un acto de bondad; sin embargo, es esclavitud moderna. No trata de construir familias, por el contrario, las separa", dice Olivia.
Durante demasiado tiempo, las voces de los niños nacidos por subrogación han sido excluidas de la conversación, "como si fuéramos solo el subproducto de un acuerdo" -advierte Olivia-, no seres humanos completos con derechos, sentimientos e historias. "Todo el mundo habla de nosotros y nosotras, pero muy pocos nos preguntan", protesta.
En diálogo con el digital ElDiario.es respondió a la realidad íntima que ha padecido siendo un ser humano gestado por un contrato que puso precio a su existencia...
¿Cómo es la infancia después de nacer por gestación subrogada? ¿Y en qué momento conoció su origen?
Es complicada, porque a menudo comienza con una mentira o un secreto. En mi caso, nadie me dijo la verdad mientras crecía. Siempre sentí que algo no estaba bien, como si hubiera una herida invisible que no podía explicar. No fue hasta que tuve 30 años, cuando, a través de una prueba de ADN que me regaló mi suegra, que descubrí la verdad sobre mis orígenes. Nunca había sospechado específicamente de la subrogación, pero siempre tuve un profundo sentimiento de abandono y confusión sobre quién era y de dónde venía. Ese tipo de silencio crea un vacío en tu identidad. Creces queriendo a tu familia, pero sin conocerte realmente a ti misma. Y cuando la verdad sale a la luz, es como si toda tu base se resquebrajara, porque te das cuenta de que tu historia, tu nacimiento, tu identidad, fueron decididos y ocultados por otras personas. Así que la infancia, en ese contexto, consiste en crecer con un dolor invisible.
En su caso pudo contactar con su madre biológica. ¿Pudo preguntarle sus razones para gestar para otros?
Sí, pude hablar con mi madre biológica. Fue una conversación profundamente emocional y dolorosa. Ella me dijo que se convirtió en vientre de alquiler poco después de perder a uno de sus propios hijos en un accidente doméstico. Estaba sufriendo, vulnerable y luchando para mantener a los cuatro hijos que le quedaban. No podía encontrar un trabajo estable y estaba desesperada. Me contó que creía que Dios le había dado una misión: darle un hijo a una familia que no podía tener uno, porque a ella le habían quitado uno. Pero detrás de ese razonamiento espiritual había una realidad mucho más dura: lo hizo porque necesitaba el dinero para sobrevivir. Tomó la decisión desde el dolor y la desesperación económica, no por verdadera libertad o empoderamiento. Y eso es lo que la gente necesita entender sobre la subrogación: que se aprovecha de las mujeres en su momento más frágil, disfrazando la desesperación como generosidad. Ella me dio a luz y nunca me volvió a ver. Sin fotos, sin información, solo silencio. Eso no es amor. Eso no es elección. Eso es pérdida. Y escucharlo de ella confirmó todo lo que he estado diciendo públicamente: la subrogación no es una situación en la que todos ganan. Es una transacción con profundos costes humanos.
¿Cómo le afectó personalmente el hecho de haber nacido por subrogación?
Haber nacido por subrogación ha afectado cada parte de quién soy: mi identidad, mi salud mental, mi sentido de pertenencia. Desde muy joven, llevé este profundo sentimiento de abandono, aunque no podía explicarlo en ese momento. Me sentía desconectada, como si me faltara una parte. Y resulta que así era: me faltaban mi madre, mis orígenes, mi verdad. Cuando finalmente supe la verdad a mis 30 años, todo comenzó a tener sentido, pero también fue devastador. Había estado viviendo una vida construida sobre una mentira. Mi certificado de nacimiento real, el que tenía el nombre de mi madre biológica, estaba sellado. Se creó uno falsificado para borrarla y reemplazarla por la "madre de intención". Ese robo de identidad es algo por lo que todavía lucho hoy. La subrogación no solo me dio la vida, la fragmentó. Creó una ruptura que no elegí, una separación que no consentí y un dolor de por vida que llevo hasta el día de hoy. Y por eso hablo. Porque detrás de las narrativas brillantes de "amor" y "regalo", hay niños y niñas como yo: heridos, buscando y tratando de dar sentido a una historia que fue escrita sin nosotros.
