Conmovido, el Papa León XIV interpela a Europa desde Islas Canarias

El mar mediterráneo se ha vuelto la sepultura de miles que se arriesgan por alcanzar un sueño que tampoco es asible para muchos que logran traspasar las complejas fronteras de Europa. Ellos alzaron hoy su voz ante el Pontífice y el Santo Padre hizo suya la causa de los migrantes.

por Portaluz

11 Junio de 2026

"No me fui de mi país porque quisiera. Me fui porque no había otra opción. Conseguir comida era casi imposible. A los 14 años, ya estaba sola en la vida". Así comienza la historia de Blessing, una mujer nigeriana víctima de trata. Su voz es prestada, por razones de seguridad, por otra mujer en el Puerto de Arguineguín, donde León XIV, recién llegado a Gran Canaria, tercera parada de su viaje apostólico a España, se reúne con quienes acogen a los migrantes.

Relatando lo sucedido en la isla en los últimos años ante el Papa están un capitán de Salvamento Marítimo, que se ha dedicado a salvar vidas en el mar durante 18 años, que ha visto naufragios, vivido noches oscuras y escuchado voces que clamaban por ayuda; una voluntaria de Cáritas; y una inmigrante latinoamericana que llegó a Las Palmas de Gran Canaria en 1997 con una maleta llena de sueños y que, tras muchas dificultades, se convirtió en emprendedora.

León XIV hace suya la causa de los migrantes

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Y el Papa ha reaccionado destacando que "la Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana" y ha denunciado que, en la actualidad, el peligro para los migrantes no es solo el océano, sino quienes se aprovechan de su vulnerabilidad:

"También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido".

"No se trata de resolverlo todo, sino de estar presentes"

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 A quienes se dedican a rescatar migrantes, acogerlos e integrarlos en la sociedad europea, el Papa les agradeció de corazón... "por los rescates, la acogida y el acompañamiento", "dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas".

"Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser "uno más", deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas".

León XIV ha recordado esta mañana que la misericordia comienza con gestos pequeños: "a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces". Por eso - ha insistido - "no se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre".

Cada vida humana es una bendición de Dios

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León XIV ha dedicado uno de los momentos de su intervención a las víctimas de la trata y la explotación, a quienes ha recordado que "cada vida humana es una bendición de Dios" y que nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona "resplandece la imagen y semejanza del Creador".

Después, se ha dirigido de forma explícita a las mujeres que han sufrido redes de explotación: "Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija y hermana, eres bendición".

Además, ha subrayado que ninguna vida pertenece a quienes han causado daño ni a quienes se han aprovechado de la vulnerabilidad ajena: "Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo". En cambio, ha asegurado el Papa, "tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte".

El Papa reclama una respuesta global: "No basta gestionar fronteras"

Al final de su discurso, el Pontífice ha hecho una exhortación a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: "No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?"

En definitiva, el rumbo que debemos seguir como cristianos ante el drama de la migración es claro: "No podemos acostumbrarnos a contar muertos"ha dicho el Papa - ni tampoco pensar que "la dignidad humana pierde valor al cruzar una frontera".