por Portaluz
4 Septiembre de 2026Profesora, viajera y amante de la literatura, la conversa polaca Alicja Lenczewska, quien parecía tener una vida ordinaria en la comodidad de su apartamento, llevaba años hablando con el Señor Jesús. Impactante pues durante 50 años de su vida, Alicja había vivido lejos del Señor Jesús, siendo una valorada profesora y miembro fiel del partido Comunista.
Nació Alicja en Varsovia (Polonia) el 5 de diciembre de 1934 y pocos años después quedaría huérfana de padre en 1939. Ese mismo año, cuando los nazis invadieron Polonia y tomaron el control de Varsovia, con su madre y hermano se mudaron a la cercana ciudad de Rzeszów. Tras el final de la guerra en 1946, se mudaron a Szczecin, donde Alicja completó la educación primaria y la secundaria. A pesar de las dificultades, su madre se esforzaba por formar en la fe católica a sus hijos, acudiendo a misa los domingos y rezando juntos diariamente.
Pero al ir creciendo Alicja se alejaría de la Iglesia, de Dios y toda práctica religiosa. Para cuando se había titulado como profesora y asumido su primer trabajo como inspectora escolar, ya era un miembro fervoroso del partido Comunista.
Rescatada por Dios

Pasarían décadas hasta que esta mujer fuese rescatada por Dios en una extraordinaria experiencia que ella misma dejaría registrada por escrito. El catalizador de este encuentro inolvidable comenzó a gestarse cuando la madre de Alicja cayó enferma. Entonces la joven se convirtió en cuidadora, ayudándola por años hasta el día de su muerte en 1984.
Perder a su madre fue algo traumático para Alicja y este dolor la condujo, a ella y a su hermano, a buscar apoyo. Una persona cercana les recomendó acudir a un grupo de apoyo, que resultarían ser miembros de la Renovación Carismática.
Si bien Alicja tuvo algunas resistencias iniciales, el bienestar espiritual que el grupo le otorgaba la suavizó y aceptó participar de un retiro espiritual en Gostyń el año 1985. Allí ocurrió su auténtica conversión cuando durante la comunión, le fue concedido el don de escuchar y "sentir" a Jesús. Experiencia mística que le acompañaría hasta el fin de sus días.
El testimonio de una experiencia extraordinaria

El 1 de marzo de 1987, Alicja tuvo el valor de expresar por escrito, en qué consistía la unión con Dios que estaba experimentando:
"[...] en Tu presencia, el cuerpo parece perder su cohesión y se vuelve completamente permeable, como si se diluyera cada vez más. Casi desapareciendo en Ti. Mi alma está sumergida en Ti y llena de Tu ternura, tan delicada, sutil y a la vez poderosa, que encierra una fuerza ante la que tiembla el universo. Silencio, lenta impregnación y poder. Me siento como un grano de arena arrastrado por una ola del océano. Y me lleva hacia su profundidad, desconocida, infinita. Hay claridad, calor, dulzura. Una paz tan inmensa que no hay sensación de tiempo ni de materia. Hay un espacio infinito del que no estoy separada a pesar de mi pequeñez. Y el presente, que es la eternidad".
Entrevistada por Radio María de Polonia, Dorota Lenczewska, cuñada de Alicja, recuerda a esta mística laica como una persona cálida, cariñosa y muy directa para expresar su pensamiento sobre algún asunto. Era también, dice, una viajera incansable... el Vaticano, Medjugorje y Tierra Santa, fueron sus destinos predilectos después de ser conquistada su alma por Dios.
Abrazando la cruz

En 2010 Alicja fue diagnosticada de padecer cáncer al riñón con metástasis en los pulmones. Según Dorota Lenczewska, Alicja aceptó el diagnóstico con calma. Se sometió a una cirugía de extirpación renal y a una larga estancia hospitalaria, pero el desarrollo de la enfermedad no pudo ser detenido.
El sufrimiento diario de esta Mística, su reconciliación con el destino, la espera de lo inevitable y, al mismo tiempo, la unión con el Crucificado son pruebas extraordinarias de que el amor de Cristo la transformaba. El 21 de agosto de 2011, Alicja Lenczewska escribió:
"Durante ocho meses he sido tratada con quimioterapia para inhibir el desarrollo del cáncer. Y de verdad que se frena de alguna manera. Sin embargo, este tipo de tratamiento es muy gravoso, porque tiene múltiples efectos secundarios que dificultan moverse y comer. Salgo de casa (salvo en algunos casos) todos los días para la misa a las 12 y también para media hora de adoración. De camino de vuelta, hago algunas compras. Además, estoy en casa. Rezo, leo, descanso. No necesito ayuda de nadie más (...) La verdad es que estoy contenta con mi cáncer. Este es mi último servicio que puedo prestar en espíritu de expiación por mis pecados y los de mis hermanos en el Señor. Le estoy muy agradecida por esto" (Palabra de Instrucción 468).
Unas semanas antes de su muerte, Alicja se rompió el fémur y ya no podía moverse de forma independiente. Decidió entonces pasar las últimas semanas de su vida en un hospicio. "No quería ser una carga para nosotros. Además, necesitaba participar en la Santa Misa todos los días, y su estancia en el hospicio se lo permitía. Nos pidió que no oráramos por su sanación, sino para que la voluntad de Dios se cumpliera plenamente en su vida", comenta a Radio María su cuñada Dorota Lenczewska.
No es casualidad que participar de la Eucaristía y ofrecer Adoración Eucarística estuvieran en el centro de su vida en ese momento de cruz. La profunda experiencia del Misterio del Altar que esta Mística experimentó queda perfectamente reflejada en la visión del 24 de abril de 1990, cuando durante la Santa Misa ella escribe que vio una lágrima deslizarse por el exterior del cáliz. Y aunque entonces señaló que "no sé lo que significa esta visión", al mismo tiempo sintió palabras que expresan muy fuertemente el misterio de la Eucaristía:
"En el altar eucarístico durante el Sacrificio, se concentra el poder que crea y sostiene la vida de millones de seres. Mi Poder Sagrado oculto al ojo humano. Oculto para dar la posibilidad de méritos de fe y confianza. Bienaventurados los que no ven y creen. Aquellos que no sienten, sino que están llenos de gratitud y adoración, que no experimentan, sino que quieren amar con todo su corazón humano. (...) En Mi copa está Mi Sangre; también las lágrimas de la Madre y las lágrimas de todos los que comparten Conmigo y beben de Mi Copa del Sacrificio de la Expiación" (Palabra de Instrucción 77).
La Iglesia pone en valor las experiencias

El 5 de enero de 2012 A las 19:42 Alicja Lenczewska exhaló su último aliento y se reunió con Aquel a quien amaba por encima de todo.
Alicja escribió sobre el momento de la muerte muchos años antes, el 28 de agosto de 1995:
"La muerte es una bendición porque nos libera de la influencia de Satanás, las caídas y el pecado. Nos libera de los sufrimientos infligidos por nuestro propio cuerpo, el mundo y las personas" (Palabra de Instrucción 387), y antes, en 1991, enfatizó que "El silencio de la tumba es evidente: la muerte del cuerpo da plenitud a la vida del alma" (Palabra de Instrucción 168).
En el caso de Alicja aquello resultó ser cierto, porque su nutritivo testimonio comenzó a dar frutos tras su muerte, cuando el entonces arzobispo de Szczecin-Kamień, Andrzej Dzięga, ordenó a una comisión teológica revisar sus escritos. Los teólogos dieron una opinión positiva, confirmando que las obras no contenían errores doctrinales. Así, el 20 de julio de 2015 el vicario general de la Archidiócesis de Szczecin-Kamień, el obispo Henryk Wejman, dio el imprimátur (autorización eclesiástica) para la publicación de los escritos Świadectwo. Dziennik duchowy (Testimonio. Diario espiritual) y Słowo pouczenia (Palabra de instrucción) de la mística Alicja Lenczewska.
