Una mirada de fe ante el progreso tecnológico según Magnifica humanitas

Una mirada de fe ante el progreso tecnológico según Magnifica humanitas

P. Fernando Pascual por P. Fernando Pascual

15 Junio de 2026

La encíclica Magnifica Humanitas (MH), publicada por el Papa León XIV en mayo de 2026, tiene varios párrafos que se ofrecen como conclusión, y en los que brilla con más fuerza la mirada de fe ante el progreso tecnológico. Frente a un mundo que promueve la conquista, incluso con ideologías seductoras, el Papa contrapone otro proyecto, parecido al de la Virgen María en su Magnificat, que se fija en la misericordia de Dios (MH, n. 230). 

La conclusión identifica la presencia, en medio de algunas ideas y promesas del transhumanismo y del posthumanismo, del deseo de "una vida más plena, menos expuesta a la fragilidad y al sufrimiento. Pero la Encarnación abre un camino diferente. Mientras las ideologías antiguas y nuevas empujan al hombre a la superación técnica del límite y a elevarse por encima de los demás para afianzar un dominio, el misterio del Hijo de Dios que entra en nuestra condición narra un movimiento opuesto: el Dios vivo que desciende a nuestra historia para liberarnos de toda esclavitud, asume nuestra debilidad y la transforma en lugar de salvación" (MH, n. 232). 

De esta manera, la Encarnación permite la cercanía de Dios a tantas personas que se sienten heridas en su dignidad, al mismo tiempo que muestra el camino propio de la humanidad: abrirse a los otros y vivir en comunión (MH, n. 231). Por lo mismo, y desde la fe, el Papa invita a "contemplar en el rostro del Hijo una magnífica humanidad que también ilumina la época de la inteligencia artificial. En Cristo comprendemos que el hombre está llamado a ser colaborador en la obra de la creación, y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad" (MH, n. 233). 

Luego la encíclica dirige su mirada a la Eucaristía, en la que al unirnos al Señor nos unimos entre nosotros, y evitamos así divisiones que pueden surgir de un mal uso de las tecnologías: "mientras las nuevas redes económicas y tecnológicas pueden generar exclusión, aislamiento y dependencias, la Iglesia, alimentada por la Eucaristía, está llamada a hacer visible otro tipo de medida, custodiando los vínculos, devolviendo la voz a los invisibles y orientando los procesos hacia la dignidad de las personas" (MH, n. 235). 

Siguen luego varios números que invitan a la construcción, desde Dios, del bien en nuestro mundo. Para ello, la atención se dirige a cuatro ámbitos: la verdad, la educación, las relaciones, el amor a la justicia y la paz. El Papa León invita a ser "fieles a la verdad", sobre todo respecto de Dios y del ser humano (MH, n. 237). Por lo que se refiere a la educación, los adultos pueden hacer mucho para que los niños y los jóvenes aprendan a usar las nuevas tecnologías de forma "que logren creer que la evolución de las tecnologías no sigue un camino inevitable, sino que puede estar orientada por la responsabilidad personal y colectiva" (MH, n. 238). Las relaciones humanas, por su parte, se amplifican gracias a la cultura digital, pero sigue siendo imprescindible la cercanía física (MH, n. 239). Por último, la justicia y la paz han de convertirse en fines continuos en el uso de la tecnología, con un sano discernimiento, pues "cada decisión técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una ocasión para verificar si los avances de la inteligencia artificial abren espacios de justicia y participación o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos" (MH, n. 240). 

Dos números vuelven a recordar la historia de Nehemías (que encontramos en el prólogo de MH) y la importancia de confiar en Dios al emprender la tarea de levantar lo destruido y proteger lo amenazado, con la mirada puesta en la nueva Jerusalén que recibimos de Dios (MH, nn. 241-242). 

Finalmente, el Papa dirige a la Virgen María y a su Magnificat. Al dar su sí, descubre que todo ha cambiado en ella, aunque externamente no se vean cambios, pues Dios ya ha triunfado. Entonces su canto de esperanza nos invita a descubrir "la obra invisible de Dios", a descubrir las necesidades más apremiantes, y ponernos a trabajar, ante los retos de nuestro tiempo, también con la inteligencia artificial (MH, nn. 243-245). 

El Papa León XIV encomienda sus reflexiones a la Virgen, para que avancemos hacia la civilización del amor. Estas son las últimas palabras de la encíclica: "Encomiendo este deseo a la Madre de Cristo, a la mujer del Magnificat, para que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios" (MH, n. 245).