EL fisicoculturista Bruno Toral estaba orgulloso de ser un "quemaiglesias". Pero Dios le salió al camino

EL fisicoculturista Bruno Toral estaba orgulloso de ser un "quemaiglesias". Pero Dios le salió al camino

Curtido en las calles y aferrado al ateísmo de su infancia se definía como un "quemaiglesias". Duro e intransigente no permitía que en su casa se hablara de Dios.

por Portaluz

31 Julio de 2026

Bruno Toral, de 36 años, es un experto en artes marciales mixtas y deportes de contacto con su propio gimnasio, Industrial Fight Academy, en Villanueva de la Cañada. Sin embargo, su combate más duro no ha sido en el ring, sino en su interior. De ser un "ateo radical", ha pasado a abrazar la fe católica en un proceso de conversión que ha relatado en el pódcast 'La misión de León XIV' de la Cadena COPE y poco antes para el portal de YouTube 'Se buscan rebeldes'. Su historia de conversión comenzó, según cuenta, a través de su mujer.

Crecido en una familia atea, Toral forjó un carácter basado en la autoexigencia y la autorresponsabilidad. Este "culto al yo" le trajo éxito en los negocios y a nivel personal, pero le dejó una sensación de vacío. "Cuando ya tengo mi familia asentada, mis negocios asentados, me va especialmente bien, muy por encima de la media, yo noto que no estoy completo ni mucho menos", confiesa.

La figura de Jesús como guía

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A pesar de su ateísmo, siempre tuvo una "cierta sensibilidad espiritual". Cuando el vacío se hizo insostenible, decidió investigar de forma metódica. "Puse encima de la mesa las distintas religiones", explica, analizando el Corán, la Torá y la Biblia. Fue entonces cuando algo le cambió radicalmente: "A mí lo que me enamoró fue la figura de Jesús".

Para Toral, Jesús representa "todos los valores que puedes anhelar a nivel personal y a nivel paterno". Lo define como "la perfección", el modelo a seguir. "Esa es el estándar al que al que al que yo miro y al que me gustaría acercarme", afirma.

El punto de inflexión definitivo llegó de forma inesperada. Tras encontrar la misa "un poquito densa", aceptó la invitación a una liturgia de alabanza. "Me quedé impactado. Soy una persona poco emocional y se me hizo un nudo y unas ganas de llorar simplemente, y yo no entendía por qué", recuerda sobre la experiencia que lo cambió todo. A partir de ahí, su entrega fue total.

Fe, familia y deportes de contacto

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Toral rompe con los prejuicios que rodean a su profesión, asegurando que los deportes de contacto tienen "muy mala publicidad". Defiende que para el alto rendimiento se necesita fe para "confiar en el proceso", ya que un camino basado en el "yo" tiene un "recorrido limitado". Además, asegura que su práctica "calma muchísimo la mente", permitiendo un mejor diálogo interior.

Sobre la educación de sus hijos gemelos de 9 años, admite que su "parte más egoísta" chocó con el deseo de su mujer de que crecieran en un entorno de fe. "Es un fallo personal que he tenido y que admito, y que ahora mismo estamos enderezando", reconoce. Si pudiera borrar algo, sería esa etapa.

Toral celebra que cada vez más referentes, como el luchador Ilia Topuria, hablen abiertamente de su fe, rompiendo lo que considera un "plano excesivamente humilde" por parte de los creyentes. Cree que la sociedad sufre una "pérdida de valores y de responsabilidad" y ve con esperanza una corriente de jóvenes que vuelven a tener valores.

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