Reina de los mártires

Reina de los mártires

Rafael Pascual Elías OCD por Rafael Pascual Elías OCD

24 Agosto de 2026

La octava de la Asunción nos lleva hasta otra fiesta de la Virgen María, Santa María Virgen Reina. ¡Es Madre y es Reina! ¡Esa es María, la Madre de Dios y Madre nuestra! ¡Y Madre Inmaculada! ¡Y qué Madre tenemos! ¡Y qué Reina tenemos! ¡Reina del universo! ¡Reina porque es Madre del Rey, de Cristo Rey! ¡Y Reina también como la recordamos en las letanías del rosario! Es una Reina como ninguna porque es la Reina en el corazón de cada hijo de Dios...

La fiesta de María como Virgen Reina es el 22 de agosto, cuando el verano llega a su ocaso y quedan atrás las fiestas de los pueblos del día 15, aunque aún queda su Natividad el 8 de septiembre y empezar una vez más el curso. María nos acompaña durante todo el año con sus distintas fiestas y lo mismo hace con cada hijo desde su nacimiento hasta su muerte.

Pongamos un ejemplo admirable y poco conocido: el Beato Narciso Estenaga, el obispo mártir de Ciudad Real, nacido el 29 de octubre de 1882 en Logroño y asesinado por odio a la fe el 22 de agosto de 1936. En la catedral de Ciudad Real tenemos sus reliquias al pie del altar. Rezar de rodillas ante sus restos mortales y recordar lo que es un pastor que defiende con su vida sus ovejas emociona. Más aún si ese pastor ha nacido en Logroño y ha sido bautizado en la iglesia de Santa María de Palacio. De Logroño a Ciudad Real y de Ciudad Real al cielo. Y entre medias otras estaciones importantes en su vida.

Don Narciso entrega su vida junto a su secretario, Julio Melgar. Los sacan de la casa donde están y los llevan a las afueras de Ciudad Real, a Peralvillo. Allí los fusilan y riegan con su sangre los contornos del piélago donde hoy se levanta una cruz-monumento en su recuerdo. Rezar allí también emociona y lo mismo en su pila de bautismo de Logroño. Es algo tan especial rezar donde se nace a la vida de este mundo y donde se nace a la vida eterna...

Y volviendo al recuerdo de María Madre y Reina se muestra lo que decíamos, que la Virgen acompaña de principio a fin. Se bautiza en una iglesia dedicada a la Virgen y muere en una fiesta de la Virgen, aunque en aquellos años, antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el 22 de agosto se celebraba la fiesta del Inmaculado Corazón de María. Ese Corazón de Madre los acoge a los dos en una mañana de agosto de 1936. Comienza su vida nueva en un día tan señalado.

Si profundizamos con detalle en los hechos podemos saber, por los testimonios que nos quedan, que el martirio es casi a las 12 de la mañana. Son pasadas las 11:30 cuando llega su hora de pasar de este mundo al Padre. ¿Cómo viviría Don Narciso esos últimos momentos en compañía de Julio, su fiel secretario, que no quiere dejarlo solo a pesar de decirle que a él no querían llevárselo? Siendo el día y la hora que era, lo más seguro es que pondría la mirada en el cielo y abriría su corazón al Inmaculado Corazón de la Madre, Reina y Virgen que desde niño lo prepara para ser sacerdote y al final obispo y pastor que da todo por sus ovejas.

Es el amor de una Madre... Es el amor de un hijo... Es el amor de dos corazones que se unen cuando van a dar las doce... Es la gracia de Dios que se muestra siempre como su providencia divina y une a sus hijos queridos en la cruz del Hijo para cumplir la voluntad del Padre a la luz del Espíritu Santo.

Todo llega a su fin o según se vea, a su principio, a la eternidad sin fin que no se acaba. Vayamos a Ciudad Real en oración. Salgamos de ella camino de Malagón y paremos en Peralvillo. Invoquemos a María Reina con las letanías y luego recemos el Ángelus. Todo será distinto. Todo será presencia de Dios. Todo será intercesión de los mártires, de Don Narciso y de Don Julio, y con ellos dos el de tantos otros cuyo 90 aniversario de martirio recordamos estos días de verano. ¡Esto es vivir en unión con los santos! ¡Esto es tener el alma en Dios! ¡Esto es saberse amado por Dios!

¡Qué maravilla es acercarse a la vida de los santos, entrar en su corazón, en su historia personal y en su testimonio y obras! ¡Leamos vidas de santos! ¡Hablemos a todos de los mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España! ¡Acojámonos a su intercesión! Nuestra vida cambiará porque tendremos una ayuda que no falla y nos acompaña siempre para mostrarnos que pase lo que pase, Dios no nos abandona; y si no leamos la vida de Don Narciso y comprobemos que todo queda en manos de Dios para bien de sus hijos.

Beato Narciso Estenaga: ¡Enséñanos a ser testigos de un amor único, el amor de Cristo que muere perdonando en la cruz, como tú a tus verdugos! ¡Muestra la grandeza de una vocación preciosa y apasionante, ser pastor que no tiene miedo a nada ni a nadie y que deja su vida en Dios y en su Madre! ¡Y en tu 90 aniversario de martirio haznos ver la grandeza y pureza del Corazón de la Reina de los mártires!