El Papa insiste en cuestionar los alcances de una IA que "disminuya a la humanidad"

El Papa insiste en cuestionar los alcances de una IA que "disminuya a la humanidad"

Al recibir a los participantes en el encuentro de la International Catholic Legislators Network, León XIV advierte del riesgo de una innovación se convierta en instrumento de «colonialismo ideológico o económico»

por Portaluz

21 Agosto de 2026

La tentación de construir «una nueva Torre de Babel donde el poder, la eficiencia y el control oscurezcan el rostro de la persona humana». Es uno de los riesgos que el Papa León destaca en el encuentro celebrado en la Sala Clementina con los participantes en la XVII Reunión anual de la International Catholic Legislators Network, una iniciativa creada en 2010 con el objetivo de establecer una red entre los legisladores cristianos para la defensa de la dignidad de todo ser humano. El Pontífice retoma el tema de su encuentro, que se celebra en Roma hasta el 23 de agosto —«Dignidad humana e inteligencia artificial: desafíos, oportunidades y control»— para ofrecer una profunda reflexión en inglés sobre la innovación tecnológica, que sin duda abre nuevos horizontes, pero que también plantea una cuestión de sentido, en particular sobre hasta qué punto está al servicio del desarrollo integral de la persona.

León recuerda la necesidad de una legislación que salvaguarde los derechos y las libertades del ser humano, velando por el riesgo de un dominio sutil por parte de las naciones más ricas, y propone de nuevo como camino a seguir la doctrina social de la Iglesia; además, frente a la cultura del poder, invita a seguir «la cultura del amor» propuesta por la Iglesia. En este sentido, es necesario proteger a la familia, «primera escuela de humanidad», y por ello —tal es la recomendación del Papa León— «nunca se debe permitir que la inteligencia artificial erosione esta célula primaria de la sociedad».

El mundo no necesita una inteligencia artificial que disminuya la humanidad, más bien, necesita una inteligencia humana iluminada por la sabiduría, una autoridad política guiada por la conciencia y una innovación tecnológica guiada por la caridad. Solo entonces la inteligencia artificial se convertirá no en un rival de la humanidad, sino en un servidor del bien común.

La buena legislación

La audiencia comienza con el Pontífice disculpándose por el retraso y bromeando sobre el calor: «Bienvenidos a la sauna del Vaticano», dice a los presentes. «Nuestra familia humana —afirma— se encuentra ante una elección fundamental». Remitiéndose a la encíclica Magnifica humanitas, el Papa recuerda que es necesario construir una civilización en la que la tecnología esté al servicio del desarrollo integral de cada persona.

A continuación, subraya que los principios de la doctrina social de la Iglesia —la dignidad inviolable de cada persona, el bien común, la destinación universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad— «proporcionan criterios seguros para el discernimiento». De ahí la invitación de León XIV a los legisladores para que no se obstaculice la innovación, sino que se guíe «con sabiduría».

Una buena legislación debería fomentar la creatividad científica y tecnológica, salvaguardando al mismo tiempo los derechos humanos y las libertades. Debería proteger a los usuarios de la explotación, salvaguardar la privacidad personal, garantizar la transparencia en el uso de las tecnologías emergentes y asegurar que estas refuercen las instituciones democráticas.

Nuevas formas de adicción

Se trata, por tanto, de identificar «marcos jurídicos adecuados, una vigilancia independiente, la educación de los usuarios y una política que no renuncie a su cometido». Una vigilancia a nivel local, nacional e internacional que garantice que «ninguna ideología o interés específico dicte los valores incorporados en los sistemas de inteligencia artificial».

El rápido desarrollo de la inteligencia artificial corre el riesgo de crear nuevas formas de dependencia tecnológica, con las naciones más pobres cada vez más dependientes de las más ricas. Debemos permanecer alerta al respecto, para evitar que la innovación se convierta en otro vehículo de colonialismo ideológico o económico.

La tentación del dominio

No pueden ser los algoritmos los que decidan «quién es visto y quién permanece invisible», ni si se debe subordinar la dignidad de los trabajadores a la optimización de los sistemas.

Estos avances revelan una nueva faceta de la antigua tentación del dominio y del poder sin servicio.

La familia, escuela de humanidad

Hay un camino que seguir que se opone a la cultura del poder y es «la civilización del amor» propuesta por la Iglesia; «una civilización —explica el Papa— que sepa guiar sabiamente la inteligencia artificial, formando corazones capaces de caridad, compasión y responsabilidad».

En una sociedad así, la primera escuela de humanidad sería la familia. Porque es en la familia donde aprendemos la confianza antes que el cálculo, la generosidad antes que la competición, el diálogo antes que la división y el amor antes que el poder.

Por eso, hay que tener cuidado de no reducir la familia a datos y modelos económicos que hacen que la vida familiar sea económicamente precaria. «Por eso —subraya el Pontífice— los animo a promover políticas que fortalezcan el matrimonio y las familias, apoyen a los padres en su misión educativa y permitan a los jóvenes mirar al futuro con confianza».