La Alianza Epstein no consiguió sus fines con la agresión del pasado año (donde Irán los intimidó con su respuesta), ni tampoco con la reciente insurrección «feminista» contra los ayatolás (en realidad una bandera más falsa que Judas urdida por la CIA y el Mossad), así que ahora lo intenta por tercera vez con este «ataque preventivo» donde se alterna la destrucción de los arsenales iraníes (que creen tener localizados) y las hecatombes más bestiales. Pero si han calculado mal e Irán guarda armamento en parajes ignotos, Israel sufrirá daños devastadores.
El «ataque preventivo» de la Alianza Epstein lo acaudillan una hiena ahíta de sangre y un cantamañanas convertido en su marioneta, después de que lo grabasen estuprando niñas. El cantamañanas convertido en marioneta ganó las elecciones presentándose como un promotor de la paz y prometiendo atajar todas las guerras latentes o declaradas que habían desencadenado sus predecesores. Ahora ya sabemos que, en realidad, aquella campaña era una engañifa de los mismos perros «neocones» que habían controlado lo mandatos de republicanos y demócratas durante las décadas anteriores y que, para pasar inadvertidos, se disfrazaron entonces con los collares del populismo más fanfarrón y vociferante. Así, con un cantamañanas convertido en marioneta del sionismo después de que lo filmaran estuprando niñas, los «neocones» pueden seguir perpetrando los desmanes de siempre, pero sin ningún tipo de remilgo.
Por supuesto, la justificación primera del «ataque preventivo» de la Alianza Epstein -el programa nuclear de Irán- es, como las «armas de destrucción masiva» de Sadam Hussein, una burda excusa para devastar una nación que no acata los designios sionistas ni se resigna a ser sojuzgada (si Irán realmente poseyese armas nucleares, nadie osaría toserle, como no le tosen a Corea del Norte). Y, por supuesto, la justificación segunda del «ataque preventivo» -favorecer una «democratización» del país- es una patraña para retrasados mentales: ninguna de las guerras promovidas durante las últimas décadas por el anglosionismo ha favorecido la «democratización» de los países agredidos, sino el expolio más rapaz de sus riquezas y la devastación de sus defensas materiales y espirituales; y en todos esos países se han instaurado luego regímenes islamistas que han masacrado a las comunidades cristianas allí establecidas y provocado avalanchas migratorias que han propiciado el hundimiento del pudridero europeo y su conversión en una charca de ranas genuflexa y cipaya.
Naturalmente, esta guerra aberrante provocada por la Alianza Epstein ahondará todavía más este proceso degenerativo. Como escribió socarronamente el difunto Epstein, alma mater de la Alianza: «Así es como el judío gana dinero... dejando que los goyim carguen con el mundo real».
Fuente: ABC.es
