por Portaluz
17 Abril de 2026Tras años de infertilidad, Sarah Hull por fin estaba embarazada. Pero también luchaba contra una fiebre que no conseguía bajar. La derivaron a un especialista en enfermedades infecciosas y la ingresaron durante cuatro días para determinar la causa de su misteriosa dolencia, que había provocado un aumento vertiginoso de sus glóbulos blancos. En aquel momento, estaba embarazada de 20 semanas.
En conversación con Live Action News Sarah cuenta: "Se determinó que la fiebre era por arañazos de gato y me enviaron a casa".
El diagnóstico tenía sentido en ese momento, ya que Hull había adoptado recientemente un gatito. Pero pronto descubriría que no padecía fiebre por los arañazos de su gato, sino una enfermedad potencialmente mortal.
Le recomendaron abortar

"Como no mejoraba, fui a ver a mi médico de cabecera, quien, tras realizarme una biopsia de los ganglios linfáticos, me confirmó que padecía un linfoma anaplásico de células T grandes", dice Sarah. "No sabía qué iba a pasar. Estaba aterrorizada", confidencia.
Dos días después, ella acudió a un oncólogo, quien corroboró el diagnóstico. Era un cáncer agresivo pues tenía tumores en los pulmones que, según le dijeron, acabarían creciendo y obstruyendo sus vías respiratorias, provocándole asfixia. "El médico no parecía estar muy informado sobre cómo proceder, dado que estaba embarazada. Me aconsejó que abortara. Me dijo que tendría más posibilidades de sobrevivir si interrumpía el embarazo".
La sometieron entonces a una biopsia de médula ósea para determinar si el cáncer se había extendido a los huesos, pero tras ese procedimiento, Sarah nunca volvió a ver a ese médico... "Hubiera preferido morir antes que abortar como él me sugirió", afirma.
Este embarazo era especialmente significativo para Sarah Hull. Había luchado contra la infertilidad y llevaba dos años intentando quedar embarazada cuando finalmente concibió. "Estaba muy emocionada cuando me quedé embarazada. La vida de mi bebé acababa de empezar y quería que tuviera el mejor desenlace posible", dice.
Una nueva esperanza

Decidió entonces buscar un nuevo oncólogo, quien le insufló esperanza al informarle que, en otros países, mujeres con diagnóstico similar habían recibido un tratamiento de quimioterapia específico estando embarazadas. Esas mujeres daban a luz bebés sanos, y que no sufrían complicaciones de salud a largo plazo. "Fue un gran alivio recibir esta información, sentí esperanza", recuerda Sarah.
Pero luego el especialista en medicina materno-fetal no fue tan alentador. "Me hizo leer todos los medicamentos que tendría que tomar y cómo podrían afectar a mi bebé, afirmando que lo más probable sería que tendría un aborto espontáneo".
Al escuchar un pronóstico tan desalentador, Sarah salió casi corriendo de la consulta y de camino a casa no paraba de llorar. Ya en su hogar, comenzó a orar ante una imagen de la Virgen de Guadalupe, suplicando la ayuda de Dios.
Pocos días después el oncólogo encargado de su caso le reiteró que tuviera esperanza y la derivó al M.D. Anderson Cancer Center. Comenzó su tratamiento contra el cáncer el día después de Navidad, y este avanzó bien. Cada dos semanas, se sometía a una ecografía que indicaba que su bebé crecía con normalidad. "Ella incluso tenía pelo, mientras que yo había perdido el mío", comenta Sarah.
Recuerda que mientras recibía la quimioterapia oraba a Nuestra Señora de Guadalupe imaginando que ella rodeaba con sus brazos a su bebé acurrucado en el útero, manteniéndola a salvo. La fe inquebrantable de Sarah en la misericordia y la gracia de Dios la sostuvo a lo largo de su lucha contra el cáncer.
El triunfo de la fe

Finalmente, su bebé nació prematuramente por cesárea y pasó solo una noche en la unidad de cuidados intensivos neonatales.
Aunque el cáncer de Sarah Hull finalmente entró en remisión, sigue enfrentándose a problemas de salud continuos. Debido a su inmunodeficiencia, aún es vulnerable a diversas enfermedades y afecciones.
Tras su parto le dijeron que nunca volvería a tener otro hijo, pero a esta devota de la Virgen de Guadalupe nada la detiene... "Mis dos hijas se llevan solo 19 meses. Nunca me arrepentí de luchar por la vida de mi bebé", finaliza.
Fuente: liveaction.org
