Viernes Santo. A propósito de la discusión pública

Viernes Santo. A propósito de la discusión pública

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Estando ad-portas de la Semana Santa se ha planteado una discusión acerca de si trabajar o no el Viernes Santo. Al respecto, hay consideraciones legales y de derechos adquiridos para no trabajar ese día. Asimismo, hay intereses económicos para obtener más y mejores ventas. También están aquellos que como cristianos reclaman su legítimo derecho a poder vivir su fe. 

Con todo, y habida cuenta de las legítimas inquietudes, existe un ethos cultural que progresivamente prescinde de lo sagrado, pretendiendo dejar a Dios fuera de la historia. Sin embargo, la misma historia nos demuestra que cuando se pierde el sentido de Dios el hombre se vuelve contra el propio hombre y lo destruye. Entonces, el Viernes Santo, con toda la riqueza humana y espiritual de su significado, es un faro que, desde la contradicción de un hombre crucificado, llamado Jesús, abre las puertas a la esperanza y a una vida definitiva junto a Dios. Él, desde la cruz, ilumina la existencia de los heridos y sufrientes de la historia. 

En efecto, cada Viernes Santo permite acercarnos de manera especial al dolor de tantos hermanos nuestros que sufren en el cuerpo y en el alma. Las guerras y homicidios de cada día dejan de manifiesto que necesitamos mirar a Jesús en la cruz para comprender que Él se hace solidario con el dolor humano y de tantas cruces que la humanidad sufre a diario. Y de este modo renacer a la esperanza. 

Entonces, no dejemos que nos roben la esperanza, pues tenemos la certeza de que la vida - y no la muerte - tiene la última palabra porque Jesús ha resucitado. Esta convicción permite navegar Duc in altum (mar adentro) en medio de las tormentas y dificultades que agobian al Chile de hoy: homicidios, narcotráfico, cesantía, inseguridad, delincuencia desatada, inmigración ilegal, listas de espera en la salud pública, damnificados por los incendios esperando una solución habitacional, tomas de terrenos que violentan el estado de derecho, quemas, homicidios y atentados en la Araucanía, exiguo crecimiento económico y una deuda pública que amenaza la asignación de recursos a las prioridades de los chilenos: seguridad, salud, vivienda. Y un largo etcétera que tiene "crucificado" a Chile y su gente. 

Por tanto, es necesario salvar y cuidar los tiempos y espacios para trascender. Así, el Viernes Santo es un día irremplazable por cuanto la humanidad se confronta, desde el silencio de la cruz en el monte calvario, con la fuerza de Cristo que vencerá la muerte de manera definitiva, animando la esperanza de los sufrientes de cualquier condición o raza. Por esto queremos vivir un Viernes Santo con el debido respeto a la fe cristiana y sus tiempos sagrados. 

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