La criminalización de la pobreza

La criminalización de la pobreza

Alicia Peressutti por Alicia Peressutti

5 Enero de 2026
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Está tan de moda esta frase: 'La criminalización de la pobreza'. Algunos la repetimos hasta el cansancio para denunciar lo que pasa acá y en la otra punta del mundo. Y otros la utilizan para negar que existe. 

Un mundo alambrado donde aquel que nace pobre pareciera que tiene dos destinos posibles: terminar esclavo, trabajando doce horas o más por chirolas o directamente ser explotado para abastecer la Trata 2.0, la suma de todos los horrores. 

Un segundo destino entrelazado al anterior es la cárcel. Donde va a entrar a los doce o trece años y casi seguro no va a salir jamás de ese circuito. Algunos dirán que hay una tercera opción "dejar de ser pobre". ¿Cómo? Ganándose el Quini (Lotería) o haciéndose narco o testaferro de algún político de turno. 

En Japón los ancianos pobres -también los hay- delinquen para tener techo, comida y compañía, aunque sea en un penal. En EE. UU. siguen trabajando mientras las rodillas los trasladen, 85, 90 no importa. El primer mundo descarta a los ancianos pobres -los pocos que llegan- sin jubilación alguna. El único pobre que sirve para esta sociedad sin alma, es el disciplinado. Todo el sistema está preparado para esto. No tienen que molestar al resto. Y para eso tienen que circular lo menos posible. Encima de a pie. Siempre de a pie. 

¿Qué sociedad tan contradictoria verdad? Le molesta los pobres, pero los necesita para sostener el bienestar y los placeres de los demás. 

¡Dios mío perdónanos porque cuando tuviste hambre, sed, frío, o enfermedad no nos importó!