Antilenguaje a la vista

28 de enero de 2022

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Hay teorías y discusiones sobre la posibilidad de que exista vida fuera del planeta tierra, en este universo que sorprende por sus dimensiones casi infinitas.

El tema tiene su interés, pues como seres humanos deseamos conocer mejor el mundo en el que vivimos. Pero resulta mucho más importante preocuparnos por la vida terrestre.

Porque sería extraño invertir tiempo, incluso dinero y esfuerzos científicos de altísimo nivel, para intentar descubrir si haya formas de vida en el universo, mientras millones de seres humanos tienen hambre, carecen de acceso al agua potable, no pueden ser atendidos adecuadamente en sus enfermedades.

Sin dejar de lado el sano deseo de conocer que nos caracteriza como seres inteligentes, hay que orientar la mente, el corazón y las manos hacia todo aquello que permita mejorar la situación de quienes viven cerca o lejos de nosotros.

En nuestro planeta la “cantidad” de sufrimiento es casi incontable, y podría encontrar alivio y remedios concretos cuando ingenieros, investigadores, farmacéuticos, economistas, universitarios, y tantas personas con medios y competencia, concentrasen la atención en mejorar las condiciones de vida de los más necesitados.

Quizá entonces habría menos satélites que busquen escuchar “voces” (si existen) que lleguen de otros planetas, o menos telescopios espaciales costosísimos que ofrecen magníficas imágenes de las galaxias más lejanas.

Pero invertir menos en esos proyectos no será una pérdida lamentable si con lo mucho ahorrado se sustenta el trabajo de hombres y mujeres muy bien preparados para lograr una mejora solidaria en favor de quienes caminan junto a nosotros en la existencia terrestre hacia la patria donde nos espera un Dios que es amante de la vida (cf. Sb 11,26).

 

 

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