Diversidad y armonía: Marta y María

17 de julio de 2024

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Sé, pues, como María, animado por el deseo de la sabiduría; es una obra mayor y más perfecta. Que las preocupaciones del servicio no te priven de aprender a conocer la palabra celestial. No critiques, ni juzgues como holgazanes a los que vieras aplicarse a la sabiduría, porque Salomón, el pacífico, la invocó para que hiciera morada en su casa. (Cf Sb 9,10) Con todo, no se trata de reprochar a Marta sus buenos servicios, pero María tiene la preferencia, por haber elegido la mejor parte. Jesús posee muchas riquezas y las distribuye con largueza. La mujer más sabia ha escogido lo que había juzgado como más importante.

En cuanto a los apóstoles, no prefirieron dejar la palabra de Dios para dedicarse al servicio (Hch. 6,2). Las dos actitudes son obra de la sabiduría, porque Esteban, él también, estaba lleno de sabiduría y fue escogido como servidor, como diácono (Hch. 6,5.8) ... Porque el cuerpo de la Iglesia es uno; y los miembros siendo diversos, tienen necesidad los unos de los otros. “El ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni la cabeza puede decir a los pies: No os necesito...” (1Cor 12,21) ... Si algunos miembros son más importantes, los otros son, sin embargo, necesarios. La sabiduría reside en la cabeza, la actividad en las manos. (San Ambrosio de Milán. Comentario al evangelio de Lucas, 7, 85-86)

 

En este momento eclesial y social en el que vivimos, la postmodernidad líquida nos está creando muchos problemas. No comprendemos la diversidad y tendemos a enfrentarnos buscando homogenizarnos unos a otros. ¿Qué referencia podemos tomar? San Ambrosio de Milán es especialmente clarificador en el texto que he compartido. Pensemos ¿Qué sería de Marta sin María? ¿Qué sería de María sin Marta? ¿Qué haríamos nosotros sin manos o cerebro? Tenemos que fijarnos en Cristo.  No reprende a Marta por afanarse en cubrir las necesidades humanas. Sin la acción de Marta, María no podría haber disfrutado de las Palabras de Cristo. Es evidente que son necesarias muchas Martas que atiendan a la Iglesia. Pero estas Martas no deben reclamar que las Marías dejen la mejor parte para dedicarse a lo que ellas tan bien realizan. Marta y María, juntas y en armonía, son un referente que podemos tomar.

 

Sin duda las tareas y el disfrute de Cristo podrán ser intercambiados en otra ocasión. Para ello Marta y María tendrán que hablar y buscar la forma de repartirse las tareas necesarias. Lo que no podemos es dejar a Cristo sólo sin atención o sin que nadie reciba sus palabras y comunique su sabiduría.

 

Dice San Ambrosio, apoyándose en la teología del Cuerpo Místico, que algunos miembros son más importantes, los otros son, sin embargo, necesarios. Las manos se benefician de la sabiduría que les permite actuar sobre el mundo. La cabeza, se beneficia de las acciones de las manos, ya que le permiten estar en lo que ella sabe hacer mejor. Una Iglesia es diversa y debe vivir armonía. Esta es la forma de unidad más perfecta que podemos alcanzar. ¿necesitamos más? Dejemos que el Espíritu Santo nos conduzca.

 

Alguna vez seguro que nos hemos preguntado: ¿Por qué el Señor no nos hizo más homogéneos? De esa forma todo sería más sencillo. Sin embargo, Dios sabe hacer las cosas mejor que nosotros. Él nos creó con carismas y talentos diferentes y al mismo tiempo, maravillosamente complementarios. Precisamente estas diferencias señalan el camino: tenemos que colaborar con humildad y desprendimiento. También debemos ofrecer un lugar donde puedan convivir los carismas aportar sus dones. Parece que Dios pensó que cada miembro eclesial pueda aportar su carisma, de forma que la Iglesia sea un todo universal, perfecto y armónico. Desgraciadamente, actualmente tendemos a desconfiar y mantener las distancias entre nosotros. Desconfiamos y recelamos.

 

El enemigo, que sabe cómo entorpecer la acción de Dios, se dedica a instigar las envidias, soberbias y enojos entre nosotros. Por eso quiere que estemos entretenidos chocando desesperados y que no haya nadie que escuche a Cristo. Sabe que separados y enfrentados, nos desesperaremos y terminaremos por perder la Fe. La Fe necesita unidad para ser sólida y coherente. Si la Fe se divide, la desesperación nos termina por romper interna y externamente. Una vez rotos, la caridad carece de sentido, ya que nadie está dispuesto a ofrecerla ni a recibirla. Cuando no se está dispuesto a recibir y comunicar caridad, amor y cercanía a los demás ¿Qué esperanza nos queda? Realmente poca, tristemente.

 

Fijémonos que San Ambrosio nos dice que seamos, todos, como María y al mismo tiempo reconoce que Marta es necesaria. Seamos María, sin dejar de ser Marta cuando la Iglesia lo necesite. Antes que enfrentarnos, colaboremos. Antes que buscar ideológicamente un ideal humano, escuchemos a Cristo sin recortar o adaptar lo que Él nos dice.

 

Ese es el gran misterio de la Iglesia de todos los tiempos. En el Apocalipsis se habla de siete iglesias particulares para representar la inmensa diversidad de la Iglesia (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea). Cada iglesia tiene sus dones y carga con sus limitaciones. Cada iglesia tiene la luz de Dios y las sombras de las limitaciones humanas. La Iglesia de hoy en día, está compuesta por miles de comunidades diferentes que deben de conocerse, amarse, comprenderse, colaborar y unidas, para que podamos caminar hacia el Reino de Dios unidos y en armonía.

 

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