por Portaluz
24 Julio de 2026Abortar al hijo no era una opción para sus padres y, por tanto, el destino de Íñigo María Prieto Delic estaba en manos de Dios. Contra todo pronóstico el bebé alcanzó ya los once meses y tres días de vida. Nació el 21 de agosto de 2025, en el hospital madrileño de La Paz con una patología que la medicina consideraba incompatible con la vida: agenesia renal bilateral. La ausencia de riñones -además de no contar con vejiga ni uretra- era prácticamente una condena a muerte, con solo un 1 % de posibilidades de supervivencia. Sin embargo, casi un año después, Íñigo es un niño sonriente, con más de ocho kilos de peso y un espíritu luchador único en alguien de su edad.
Desde el hospital madrileño su padre, Íñigo Prieto Urízar, narró con lujo de detalles al periódico digital español El Debate la historia de su pequeño mientras le limpia y le viste. Desde hace un mes, tras superar intervenciones críticas, el quirófano y la UCI, concedieron al pequeño el alta domiciliaria, residiendo hasta agosto en la Casa Ronald McDonald's -situada dentro del propio recinto del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús en Madrid- junto a otras familias y con seguimiento en el hospital de La Paz.
El peor de los pronósticos
Las primeras noticias sobre esta compleja condición de Iñigo llegaron en la semana 20 del embarazo cuando Diana, su mujer, estaba siendo sometida a una ecografía en Córdoba. En primer lugar, el matrimonio preguntó -dice el padre- "si había alguna opción, que si había alguna operación intrauterina o algún caso histórico previo que hubiese salido adelante".
La respuesta fue definitiva: no. La única opción que les ofrecían era "abortar" o esperar el fatal desenlace: "Esperar a que falleciera porque el bebé no iba a poder desarrollar el pulmón y -al nacer o en el vientre de la madre- moriría", recuerda Iñigo padre.
La Ciencia y la fe unidas

Sin embargo, tras varios días preparándose y rezando para encajar el golpe, la búsqueda desesperada de respuestas por internet dio un giro inesperado. Estos padres encontraron la imagen de una niña estadounidense nacida con la misma condición que su futuro hijo y que había salido adelante: "Cuando vimos ese caso, nos pusimos en contacto con los americanos, tuvimos una videoconferencia. Nos recomendaron primero probar a ver en España y si no, pues nos atenderían allí. Pero claro, económicamente era una locura. Nosotros estábamos dispuestos. En vez de hipotecar una casa, hipotecarnos con el bebé", comenta el papá.
Fue entonces cuando entró en juego una ginecóloga amiga y una red médica, contactaron con el Hospital de La Paz en Madrid, donde el equipo encabezado por José Luis Bartha (jefe de ginecología y obstetricia de La Paz), junto con cuatro jefas de especialidades valoraron el caso (las jefas de nefrología, de urología, de neonatología y la de medicina fetal). "Nos escucharon y decidieron ayudarnos y la verdad es que fue algo muy grande porque para nosotros abrió de repente una esperanza de vida", señala Iñigo. El tratamiento durante las semanas de embarazo restantes consistió en inyectar suero con antibiótico en el vientre materno para sustituir el líquido amniótico y permitir el desarrollo pulmonar.
Contra todo pronóstico médico inicial, la gestación alcanzó la semana 38, culminando con el nacimiento de este sexto hijo de Diana e Iñigo: "Una vez que salió de la puerta del quirófano, lo acompañé hasta la puerta de la UCI. Fue un momento increíble. Un monte del cielo en el que se te saltan las lágrimas. Te falta la voz. O sea, contemplas una debilidad tan grande que te sobrecoge", dice el feliz padre.
Como era de esperar, los primeros meses en neonatología exigieron una lucha titánica, no exenta de complicaciones. El recién nacido sufrió un neumotórax, llegando a saturar al 50 %, por lo que fue bautizado in situ de urgencia. A la segunda semana le implantaron un catéter para poder iniciar la diálisis peritoneal. En Navidad, una bacteria le produjo una sepsis grave con síndrome de piel escaldada: "Estuvo como en una unidad de quemados y durante 15 días le trataron con antibióticos, un vendaje especial y cremas para ayudar al desarrollo de la piel. Ahí estuvo también muy grave".
Apoyado por los ejércitos de Dios

Para poder llevar todo este proceso, el matrimonio -con residencia en Córdoba-, tuvo que turnarse por semanas entre la capital y su ciudad para atender a sus otros hijos. Y, al final de todo, la defensa por la vida y la fe ha permitido a esta familia vivir un auténtico milagro: "Nosotros desde el inicio decimos que tenemos tres ejércitos. Por un lado, el ejército del Hospital de la Paz... Por otro lado, hemos tenido la oración de la Iglesia de la tierra (conventos, misioneros, sacerdotes, comunidades, catequistas, compañeros de trabajo, etc) ... Y, por otro lado, pues el ejército del cielo" afirma el padre, y prosigue...
"La fe desde el primer momento también nos ha ayudado a vivir, a vivir mirando al cielo con esperanza y sabiendo que la vida está en manos de Dios. Para nosotros la fe lo ha supuesto todo, porque teníamos la mirada puesta en el cielo y esperando la voluntad de Dios. No sabíamos si sobreviviría o no, y lo hemos vivido muy día a día. Y seguimos así. Seguimos viviendo el día a día".
Actualmente el pequeño Iñigo pesa algo más de ocho kilos. El siguiente paso es alcanzar los diez y, una vez cumpla los dos años, poder afrontar el trasplante de riñón y una compleja intervención para reconstruir la vejiga utilizando pared intestinal. Pese a las secuelas derivadas del tiempo encamado, Íñigo describe a su hijo como "un niño muy alegre, muy simpático, sonriente, dinámico y muy regordete". Para esta la familia, la ciencia y la fe se han unido de una forma extraordinaria y han hecho posible que hoy Íñigo esté vivo, gracias a la valentía de médicos que han apostado por la vida, asistidos por la oración de la Iglesia.
Fuente: ElDebate.com
