Joël Guibert, el eremita que predica retiros a sacerdotes y obispos para que vuelvan “a respirar en Dios”

26 de mayo de 2022

«Esta respiración a doble pulmón -acción, contemplación- me parece cada vez más indispensable para que el Espíritu pueda “tomar” a un sacerdote», dice a Portaluz este predicador francés.

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Nació en 1959, en una familia de cuatro hermanos, cuyos padres se dedicaban al cultivo de vides y producción de vino. Con apenas 18 años “el Señor tocó” su corazón y así inició el recorrido de un camino que le llevó a ser ordenado en 1991.

 

Hoy, las horas del día suelen transcurrir para el sacerdote eremita francés Joël Guibert en “el silencio de la oración, la soledad de la adoración” y trabajando en escribir algún libro de espiritualidad o las notas con que predicará algún próximo retiro.

 

En efecto, cuando no está volcado a su vida eremítica, padre Joel predica retiros a sacerdotes y obispos, que valoran esa invitación a “respirar en Dios” que comunica con “un corazón de fuego”, dice desde la diócesis de Dijon el padre Jean-Philippe Nollé luego de participar en un retiro guiado por Guibert.

 

Padre Joël en vísperas de viajar a Chile, invitado por la Vicaría Para el Clero del Arzobispado de Santiago y la Fundación Dos Pilares, para predicar retiro de silencio a sacerdotes de ese país, ha conversado con Portaluz sobre su ministerio y particular vocación.

 

 

Padre Joël, ¿qué experiencias, personas, contenidos de la fe, tocaron su corazón en la llamada al sacerdocio?

Desde muy temprano pensé en ser sacerdote, gracias al testimonio de vida cristiana de mis padres y también gracias a quien fue párroco de nuestra parroquia. Siendo adolescente abandoné todo. Cuando tenía unos 18 años la Providencia volvió a poner en mi camino a un sacerdote mayor que estaba radiante de alegría sacerdotal. Me propuso hacer un corto retiro en una abadía benedictina donde el Señor tocó mi corazón: recibí una profunda atracción por la oración y el deseo del sacerdocio renació en mi espíritu. Algunos meses después ingresé al seminario.

 

Usted es un sacerdote católico, predicador de retiros. ¿Cuáles han sido sus dudas de fe en este camino y cómo las enfrenta?

Jamás tuve dudas. Sin embargo, más de una vez he experimentado mi impotencia. Allí me esperaba Jesús porque en cada experiencia de incapacidad “consentida”, sentía que Cristo me enriquecía con su fuerza y mayores luces para guiar a las almas. Hoy me parece evidente que, sin el abandono, sin la rendición de la voluntad del sacerdote, Cristo no puede renovarlo.

 

 

En la presentación biográfica que se difunde en Internet sobre usted, se dice (y cito) que: “15 años después de ser ordenado, experimentó una forma de conversión, una profunda renovación de su sacerdocio por la gracia de Dios”.  Por favor comparta el testimonio de esa experiencia de conversión y cuáles fueron las “confidencias” que Dios le regaló.

Efectivamente, después de unos 15 años de sacerdocio, primero como vicario y luego como párroco, Dios me “tumbó”. No era un burn-out, sino más bien una suerte de avasallamiento interior, una purificación en profundidad. Tenía la sensación de que él me estaba quebrando para refundar mi manera de funcionar. Hasta ese momento era había sido generoso con Dios en el apostolado y la oración- consagraba una o dos horas por día a la oración-, pero mantenía el control, no me dejaba guiar por su Espíritu. Por supuesto fueron años dolorosos, pero sin ese crisol purificador no viviría la profunda alegría que hoy me habita, además de una cierta fecundidad apostólica que difícilmente podría explicarse desde mis limitadas capacidades.

 

Mientras no está en viaje predicando retiros… ¿Usted mantiene vida eremítica en Guenrouët, Francia?

Creo que lo que más falta les hace a los sacerdotes y obispos es “respirar” en Dios. Realmente no elegí el estilo de vida que llevo, Jesús me lo impuso “dulcemente”. Aparte de los retiros predicados donde me dejo “comer” por la gente, llevo una vida retirada: en el silencio de la oración y la soledad de la adoración, trabajo escribiendo nuevos retiros. Esta respiración a doble pulmón -acción, contemplación- me parece cada vez más indispensable para que el Espíritu pueda “tomar” a un sacerdote. A cada sacerdote le corresponde encontrar su propio ritmo en su ministerio, escuchando lo que Jesús quiere de él.

 

 

¿Qué ejercicios espirituales cotidianos recomienda para ir acostumbrando el espíritu a abandonarse en Dios?

Es muy sencillo, es demasiado sencillo… ¡Por eso puede parecer complicado al principio! El santo cura de Ars decía que el sacerdote “es un hombre pobre que necesita pedirle a Dios todo”. Por tanto, debemos comenzar pidiendo las luces del Espíritu en lo cotidiano, convencidos de que “sin Jesús no podemos hacer nada” (Jn 15,5). Luego, debemos corresponder a lo que nos parece es la voluntad de Nuestro Señor. Jesús le dijo a la beata mexicana Conchita Cabrera de Armida que, sin la unión de la voluntad del sacerdote con la Suya, no puede transformarlo, ni alcanzar las almas a través del sacerdote. Todo está dicho en el decreto concerniente al ministerio y la vida sacerdotal del Concilio Vaticano II.

 

¿Cuál diría usted es el carisma del Espíritu Santo que le identifica y le guía, al predicar en los retiros?

Siempre se es un poco ciego respecto de uno mismo. Si escucho lo que me dice la gente, parece que tengo la gracia de decir las “cosas de Dios” y de la “vida en Dios” con palabras simples, pero sin perder las exigencias teológicas y la profundidad de la experiencia.

 

¿Qué pueden esperar vivir los sacerdotes que asisten a los retiros que usted predica?

Durante los retiros sacerdotales no hago más que reiterar las enseñanzas de la Biblia y de la Iglesia, pero trato de hacerlas vivas gracias a la experiencia concreta y a la sabiduría de los santos, que son en definitiva los mejores exégetas de la Escritura: a San Francisco de Sales le gustaba decir que el Evangelio era “música escrita” y la vida de los santos la “música cantada”. Además, no dudo en compartir mi experiencia, poniendo al descubierto lo que renovó mi ministerio y, evidentemente, aumentó mi alegría sacerdotal.

 

A los sacerdotes que asisten a sus retiros. ¿Les recomienda una preparación previa? ¿Cuál? ¿Por qué?

Si un sacerdote tiene expectativas o planes muy preestablecidos cuando asiste a un retiro, temo que impedirá las novedades del Espíritu. Que se deje sorprender, que venga con la simplicidad de un corazón de “niño” y Dios podrá revelarse como “Padre”. Que venga solo con hambre de Dios para descubrir que Dios tiene aún más hambre de él…. ¡lo que permitirá reavivar su hambre de Dios!

 

En nuestro mundo Tik Tok, Instagram y otras plataformas de comunicación masiva seducen a millones con la exaltación del ego, el erotismo y el mito de la eterna juventud. Según su experiencia, ¿cómo predicar y conquistar de forma eficiente almas para Jesús, cuando su propuesta va contracorriente del mundo?

No estoy en contra de los medios digitales al servicio de la evangelización. El error consiste en confundir los “medios” de evangelización con la “fuente” de la misión, es decir, Dios y el Misterio Pascual. Evangelizar implica por supuesto un “hacer”, pero en especial un “dejar hacer”: Poner la menor cantidad de obstáculos posibles a la irradiación de Dios y al “big-bang” que es la Pascua de Cristo. Los santos han hecho más gracias a su “sufrimiento” que por su “hacer”, enseña San Vicente de Paul, uno de los santos más activos, por excelencia. Querer lo que Dios quiere o permite en el aquí y el ahora de nuestra vida y misión, es el combustible más poderoso de la nueva evangelización. Sin este fundamento la generosidad apostólica se agota muy rápido y se transforma en amargura, como lo recuerdan (Papa) Francisco o (san) Juan Pablo II.

 

 

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