El 21 de junio de este año 2018 el Papa Francisco participó en la celebración del 70º aniversario de la fundación del Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra, Suiza, que representa a 350 iglesias con más de 500 millones de cristianos. El lema del encuentro era  “Caminar, rezar y trabajar juntos”. El Papa Francisco quiso reafirmar el compromiso de la Iglesia Católica en la causa ecuménica y cooperar con esas iglesias en un nuevo impulso evangelizador.
 
Después de palabras de bienvenida, el Papa pronunció un importante discurso. Felicitó al Consejo por celebrar ese 70 aniversario, indicando que la Biblia evoca con esa cifra un período importante, cumplido con la bendición de Dios. Al mismo tiempo recordó cómo Jesús nos ha mandado perdonarnos no siete, sino “hasta setenta veces siete” (Mt 18,22). Con ello el Señor indicó que la verdadera caridad es capaz de perdonar siempre.
 
Francisco señalo que después de siglos de controversias es hermoso encontrarse con los hermanos reconciliados y agradecidos a Dios nuestro Padre que quiere que “todos sean uno” (Jn 17,21). Así se supera el muro ya secular de las sospechas y el miedo. “Somos los depositarios de la fe, de la caridad, de la esperanza de muchas personas que, con la energía sin armas del Evangelio, han tenido la valentía de cambiar la dirección de la historia gracias al Espíritu Santo, inspirador y guía del ecumenismo”.
 
El Evangelio se refiere a los setenta discípulos enviados por Jesús a predicar el Evangelio (Lc 10,1). El número 70 es universal y remite a las naciones entonces conocidas y enumeradas en la Biblia (cf. Gn 10). Por eso la misión de la Iglesia de Jesucristo se dirige a todos los pueblos. El Papa recordó que el Consejo Mundial de las Iglesias nació como un instrumento del movimiento de unidad de los cristianos, poniendo en práctica la invitación del Señor a estar unidos “para que el mundo crea” (Jn 17,21).
 
Además de agradecer al Consejo Mundial, Francisco expresó su deseo de potenciar el mandato misionero de Jesús con la colaboración de todas las iglesias. Pero también lamentó que ahora el ecumenismo y la misión no están tan estrechamente unidos como al principio. “El mandato misionero, que es más que el servicio y la promoción del desarrollo humano, no puede ser olvidado ni vaciado. Se trata de nuestra identidad. Anunciar el Evangelio hasta el último confín es connatural a nuestro ser cristianos.
 
Por eso el Papa recordó que “la Iglesia de Cristo crece por atracción”. ¿En qué consiste esta fuerza de atracción? No se trata simplemente de nuestras ideas, estrategias o programas. Creer en Jesucristo no es simplemente un acuerdo de voluntades. El Pueblo de Dios no se reduce al rango de una organización no gubernamental. ¡No!. La fuerza de atracción radica en el don sublime del Espíritu que llevó al apóstol Pablo a conocerlo a Él [Cristo], el poder de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos (Flp 3,10).
 
Solo así conocemos la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo (2 Co 4,6), que su Espíritu vivificador nos regala. Este es el tesoro que nosotros, frágiles vasijas de barro, debemos ofrecer a nuestro amado y atormentado mundo. No seríamos fieles a la misión que se nos ha confiado si reducimos ese tesoro a un humanismo meramente inmanente, adaptable a las modas del momento. Seríamos malos custodios si solo queremos preservarlo, enterrándolo por miedo a los desafíos del mundo (cf. Mt 25,25).
 
Por eso, señaló Francisco, necesitamos un nuevo impulso evangelizador. “Estamos llamados a ser un pueblo que vive y comparte la alegría del Evangelio, que alaba al Señor y sirve a los hermanos, con el Espíritu que arde con el deseo de abrir horizontes de bondad y de belleza insospechados para quien no ha tenido aún la gracia de conocer verdaderamente a Jesús. Estoy convencido de que, si aumenta la energía misionera, crecerá también la unidad entre nosotros. Así como en los orígenes el anuncio marcó la primavera de la Iglesia, hoy también la evangelización marcará el florecimiento de una nueva primavera ecuménica. Como en los orígenes, estrechémonos en comunión en torno al Maestro, no sin antes arrepentirnos de nuestras continuas vacilaciones y digámosle con Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
 
El Papa reafirmó el compromiso de la Iglesia Católica en la causa ecuménica y animó a cooperar con otras iglesias miembros y con los interlocutores ecuménicos bajo el lema  “Caminar - Rezar - Trabajar juntos”. Asimismo subrayó que la Iglesia Católica reconoce la especial importancia del trabajo que desempeña la “Comisión Fe y Constitución”, y desea seguir contribuyendo a través de la participación de teólogos para discernir sobre cuestiones importantes, morales y éticas, del desafío ecuménico.
 
Francisco también alabó a la “Comisión para la Misión y la Evangelización” por su colaboración con la “Oficina para el Diálogo Interreligioso y la Cooperación” en el importante tema de la educación y la paz y asimismo en la preparación conjunta de los textos para la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Asimismo agradeció a varias instituciones cristianas y católicas que trabajan unidas en diversos aspectos de la evangelización y de la promoción social. Subrayó que todas ellas deben ser un servicio.
 
Al final de los tiempos el Señor, el Buen Samaritano de la humanidad (cf. Lc 10,29-37), nos interpelará sobre el amor al prójimo, cualquiera que sea (cf. Mt 25,31-46). Preguntémonos entonces: ¿Qué podemos hacer juntos? Si es posible hacer un servicio, ¿por qué no proyectarlo y realizarlo juntos, comenzando por experimentar una fraternidad más intensa en el ejercicio de la caridad concreta?
 
Terminó Francisco renovando su cordial agradecimiento al Consejo Mundial de las Iglesias e invitando a caminar, a rezar y a trabajar juntos para que con la ayuda de Dios la unidad avance y el mundo crea. Rezaron todos juntos el “Padre Nuestro” y al final el Papa impartió la bendición.
 

 
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