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Un Jueves Santo, solo, sentado en una celda de prisión este adicto a la cocaína dobló rodillas ante Dios

"Pasé años creyendo que tenía que limpiarme antes de poder volver a Dios, pero en cambio me encontré con un Padre que me amaba en medio de mi desastre".

por Portaluz

17 Septiembre de 2026

John Edwards nació y creció en Memphis (Estados Unidos) en una familia protestante. Al ingresar a la universidad se sintió tan solo que decidió dejar la fe y vivir como sus compañeros le pedían para poder ser aceptado. Poco a poco fue dejándose atrapar por el consumo del alcohol y las drogas, aunque -gracias al gran éxito en su carrera-, parecía que todo iba bien.

"Durante la mayor parte de mi vida, creí que tenía que demostrar que era suficiente. Perseguí el éxito, la aprobación y cualquier cosa que pudiera llenar el vacío dentro de mí", recuerda... El primer consumo fue de marihuana, pero no era suficiente y no faltó el 'colega' que le ofreció LSD. 

Luego vendrían las pastillas de Éxtasis, hasta que una tarde "mientras caminaba por el pasillo, escuché voces y miré a través de una rendija en la puerta. Había un grupo de amigos sentados allí con líneas blancas en un tocador, y de inmediato supe lo que era", dice y prosigue... "Había bebido mucho y estaba tratando de volver a casa. Los chicos me vieron, me pidieron que entrara y me dijeron: «Solo inhala un poco de esto y llegarás a bien a casa, te despertará y podrás conducir». Sabía que no debía estar haciendo eso, pero lo hice de todos modos".

Desde ese momento, John empezaría a quedarse hasta las 4 o 5 de la mañana con sus compañeros de fraternidad consumiendo cocaína, bebiendo hasta 30 cervezas en un día y fumando cigarrillos. 

Pasaron los años y desde fuera, parecía tener una buena vida: esposa, hijos, carrera y todas esas cosas que se suponía que debían hacerle feliz. Pero por dentro, estaba luchando, era un adicto.

"Con el tiempo, la adicción y las decisiones que conllevaba me llevaron al punto más bajo de mi vida. Un Jueves Santo, me encontré sentado solo en una celda de prisión, enfrentando los escombros de la vida que había creado. Estaba rota, avergonzada y me preguntaba si mi vida siquiera merecía la pena continuar. Pero Dios me recibió allí".

Lo que empecé a descubrir fue que Jesús nunca lo había abandonado. "Pasé años creyendo que tenía que limpiarme antes de poder volver a Dios, pero en cambio me encontré con un Padre que me amaba en medio de mi desastre".

just a guy in the pew podcast

 

Auxiliado por el Espíritu Santo, por la Gracia en los Sacramentos y personas dispuestas a caminar con él, Cristo comenzó a restaurar la vida de John. Esta profunda experiencia de liberación hizo nacer en él la sed de compartir con otros esclavizados este camino de liberación y sanación...

"Dios empezó a poner en mi camino a hombres que luchaban con muchas de las mismas cosas con las que yo había luchado: adicción, vergüenza, soledad, relaciones rotas, miedo y la sensación de que tenían que cargar en soledad con todo. Me di cuenta de que muchos hombres no necesitaban otro programa de desintoxicación, ni que alguien simplemente les dijera lo que debían hacer. Necesitaban a alguien dispuesto a sentarse a su lado, escucharlos, recordarles su dignidad y caminar con ellos hacia Jesús. Esta certeza acabó convirtiéndose en el podcast Just a Guy in the Pew. Nunca imaginé que Dios usaría algunas de las partes más oscuras de mi historia para traer esperanza a otra persona. Pero eso es lo que hace. No desperdicia nuestras heridas. Él las redime".