Personajes

Profética advertencia del Beato arzobispo Fulton Sheen sobre "el comunismo y la conciencia occidental"

En una de sus obras cuyos extractos exclusivos citamos al final de la crónica, el arzobispo señala: "Puesto que el comunismo y la civilización capitalista burguesa son similares, puesto que hay un Dios en el cielo, puesto que la ley moral se aplica por encima de las divisiones nacionales, no se puede descartar que el comunismo y la civilización occidental mueran juntos".
por Portaluz 24-09-2026

Carismático sacerdote, apreciado predicador, pionero de los medios de comunicación y autor de decenas de libros, Fulton John Sheen ha llegado a millones de personas a través de la radio y la televisión a lo largo de los años. Su testimonio y fidelidad a Cristo han sido reconocidos por la Iglesia al designarlo beato en una misa presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle el 24 de septiembre de 2026 en St. Louis, Missouri.

Fulton John Sheen nació el 8 de mayo de 1895 en El Paso, Illinois, Estados Unidos. Cinco años después, la familia se trasladó a la zona de Peoria por motivos económicos. Allí, el chico asistió con éxito a la escuela primaria y secundaria. El 20 de septiembre de 1919 fue ordenado sacerdote y en 1924 defendió su doctorado en teología en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma. El 28 de mayo de 1951 fue nombrado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Nueva York. En 1966, San Pablo VI lo nombró obispo de la diócesis de Rochester, donde sirvió hasta 1969. Falleció en fama de santidad el 9 de diciembre de 1979 en Nueva York.

El camino hacia la beatificación

El proceso de beatificación del arzobispo Sheen inició oficialmente en 2002. En junio de 2012, el Papa Benedicto XVI autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos a emitir un decreto sobre las virtudes heroicas, otorgándole el título de Venerable Siervo de Dios. 

El 5 de julio de 2019, el Papa Francisco aprobó un milagro que involucró a James Fulton Engstrom, nacido en 2010, quien no mostró signos de vida durante los primeros 61 minutos de su vida. Tras orar por la intercesión del Siervo de Dios, el niño comenzó a respirar y, tras unos meses, se comprobó que estaba completamente sano.

Alerta sobre Rusia y el comunismo

En 1925, publicó God and Intelligence el primero de sus 66 libros que han enriquecido la cultura y la vida de fe para miles de personas y dado basamento a decenas de organizaciones y centros de estudio. 

Una de sus obras más influyente, publicada en 1948, al inicio de la Guerra fría, lleva por título "El comunismo y la conciencia Occidental". Ya en el prefacio Sheen escribe que no es nada nuevo la idea de que la conciencia del mundo occidental se haya visto lastrada por la filosofía del comunismo. Concretamente, afirma que la ideología liberal de izquierdas -cuyo núcleo lo constituye la fascinación por el marxismo y la filosofía de la Nueva Izquierda-, es una prolongación del comunismo. Su objetivo, denuncia, es una lucha contra la Iglesia y los valores tradicionales, especialmente en Estados Unidos y en los países de la Unión Europea

Los argumentos de la obra son de particular relevancia en el escenario de confrontación actual, pues tal como afirma Sheen "una característica de toda civilización en decadencia es la falta de conciencia de las masas sobre la tragedia que se está desarrollando".

El beato advierte lo fatal que resulta para el mundo occidental el acoger la ideología comunista y sus planteamientos. El alejamiento del ser humano de la comunidad religiosa y el hecho de permitir que la comunidad política lo absorba -señala Sheen- tiene como consecuencia que la desesperación se convierta en la emoción dominante de la cultura. 

"El llamado problema ruso no es principalmente un problema económico o político, sino filosófico: pues se refiere a la naturaleza del hombre. Aquí también está en juego la conciencia del mundo occidental. Porque ha perdido la concepción del hombre como creado a imagen y semejanza de Dios, y lo ha reducido a un elemento constitutivo del universo", denuncia el beato y subraya: "El comunismo es una religión, una sumisión a lo absoluto. Precisamente por eso resulta tan atractivo para las personas desprovistas de fe".

Extractos del libro El comunismo y la conciencia Occidental

Puesto que el comunismo y la civilización capitalista burguesa son similares, puesto que hay un Dios en el cielo, puesto que la ley moral se aplica por encima de las divisiones nacionales, no se puede descartar que el comunismo y la civilización occidental mueran juntos. Tal vez se lancen a la garganta del otro, o tal vez sean consumidos por una enfermedad y una corrupción internas. En cualquier caso, ambos mundos se dirigen al desastre: tanto los marxistas como los cristianos están de acuerdo en esto. En el mundo del liberalismo prevalecía la convicción de que, gracias a la evolución y a la ciencia, la historia se desarrolla en una línea ascendente de progreso. Sin embargo, este punto de vista tuvo que ser tirado a la basura cuando, apenas veintiún años después del final de la Primera Guerra Mundial, estalló la Segunda. El cristianismo, sin embargo, nunca ha reconocido tal visión de la historia. El comunismo tampoco lo reconoce. El Evangelio del último domingo después de Pentecostés y el del primer domingo de Adviento son evangelios de la catástrofe. Anuncian que la era de la verdadera paz sólo llegará cuando se haya librado la batalla final entre el bien y el mal. Entonces Dios vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, y del cielo descenderá la Nueva Jerusalén, la Ciudad de la Paz. Los cristianos liberales, que querían un cristianismo sin cruz, eliminaron este elemento trágico de la historia de la humanidad, pero los marxistas lo conservaron y le dieron un carácter laico. También ellos creen que el estado del hombre sólo se producirá después de una gran catástrofe en la que no vendrá Dios, sino un dictador comunista que juzgará a comunistas y anticomunistas y exterminará a estos últimos en una revolución sangrienta. Entonces surgirá el reino del hombre, en el que el amor nacerá del odio y la fraternidad del fratricidio. Aunque el marxismo es una ideología utópica y violenta, tiene sin embargo una mejor visión de los procesos históricos que el liberalismo, que anunció que la humanidad entraría fácilmente en una era de paz y que incluso la relativa Pascua del orden económico no requiere el sacrificio y el esfuerzo del Viernes Santo.

La civilización occidental burguesa puede experimentar todavía los efectos perniciosos de su anticristianismo, y el comunismo puede experimentar todavía los efectos perniciosos de su anticristianismo. 

 Al igual que muchos padres que envían a sus hijos a escuelas extremadamente progresistas donde la libertad se equipara a hacer lo que a uno le apetece, años más tarde quieren saber cómo lidiar con un hijo díscolo, alcohólico y alocado, el mundo occidental, que ha transmitido malas ideas a Rusia, pronto buscará la manera de salvarse de las acciones de su alumno demasiado diligente. El psicoanálisis freudiano no puede ayudar al hijo de padres liberales, y la política y la economía no ayudarán a Occidente porque la causa de sus problemas es mucho más profunda. Nuestro mundo está bajo el juicio de Dios y necesita arrepentimiento.

Babilonia cayó porque era malvada, sin embargo los babilonios se convirtieron en el instrumento que Dios utilizó para disciplinar al pueblo de Judá. Asiria era bestial, pero se convirtió en la "vara y el látigo" de la ira de Dios dirigida contra el pueblo de Israel. Así, si el mundo occidental no experimenta una renovación moral, no mantiene las promesas de la Carta del Atlántico y no renueva la vida familiar, el comunismo puede resultar un instrumento para la aniquilación de una civilización burguesa que ha olvidado a Dios. Debemos temer al comunismo no sólo porque se vuelve contra Dios, sino porque somos impíos; no porque es fuerte, sino porque somos débiles. Porque si nos dejamos llevar por Dios, ¿quién podría vencernos?

Antes de la Segunda Guerra Mundial, vendíamos enormes cantidades de chatarra a los japoneses, suponiendo que si los apaciguábamos, se convertirían en nuestros amigos. Nos devolvieron la chatarra, aunque no en la forma en que la enviamos, sino en forma de cartuchos que fueron disparados en Okinawa e Iwō-jima. Del mismo modo, durante los últimos cien años hemos estado enviando a Rusia todos los residuos del materialismo que se han acumulado en nosotros como subproducto del rechazo de la civilización cristiana. Un día recuperaremos estos residuos: no en la forma en que los enviamos, sino transformados por las almas revolucionarias de los asiáticos. Pero seguro que los conseguiremos [...].

Es muy fácil llegar a la convicción de que el mal sólo existe fuera de la civilización occidental, por lo que nuestro único deber es hablar claramente contra el comunismo. Sin embargo, los pensadores más sobrios observarán que el comunismo y sus parientes muertos, el fascismo y el nazismo, son síntomas de una enfermedad mundial, que atacó primero los órganos más débiles, es decir, las naciones más vulnerables a la infección. Estos tres sistemas totalitarios sólo pudieron surgir debido a una escisión radical del alma humana, es decir, una triple alienación del hombre de Dios, de sí mismo y del prójimo. La esencia de esta enfermedad puede describirse de varias maneras, pero no cabe duda de que el egoísmo y la envidia desempeñan un papel decisivo en ella.

Hermann Rauschning afirma que esencialmente ningún revolucionario es un socialista de la variedad roja, marrón o negra, sino un anarquista. El movimiento socialista en sí mismo nunca ha sido muy popular. El comunismo añadió la anarquía al socialismo como medio para obtener el poder. El socialista dice: "Todo en esta casa será común", añade el comunista: "Cuando todo en esta casa sea común, toda la casa será mía". [...].

El comunismo, como dijo Waldemar Gurian, es a la vez un producto del mundo occidental y una sentencia dictada contra él. Es su producto porque surgió como resultado del incumplimiento de los deberes cristianos por parte de Occidente, que abandonó la casa del Padre en favor del materialismo. Al mismo tiempo, el comunismo muestra lo erróneo de nuestro pensamiento, lo erróneo de nuestros actos. La guerra y la confusión son sólo los síntomas externos de un proceso de corrupción que tiene lugar a un nivel más profundo. El hecho de que la persistencia en los errores de un humanismo sin Dios durante muchas generaciones debió conducir al nacimiento del pensamiento de Friedrich Nietzsche y Oswald Spengler y al surgimiento de tres sistemas totalitarios es una premisa para reconocer la verdad de la encarnación.

El reino de Cristo aún no se ha revelado por completo. Sin embargo, incluso ahora, su reinado queda atestiguado por el hecho de que la derrota que sufre en este mundo conlleva inevitablemente la derrota del hombre. Una derrota tanto más conmovedora cuanto que se ha producido en un momento en que el ser humano ha reunido todas las herramientas necesarias para poner en práctica con éxito las ideas humanistas.

Cristo está a nuestra puerta, llamándonos al arrepentimiento y a la penitencia, pero sólo las personas que tienen los oídos y los ojos abiertos a los asuntos religiosos saben lo urgente que es esta llamada.

 

Fuente: Extracto del libro del Beato arzobispo Fulton Sheen: "El comunismo y la conciencia occidental"