"No se dice toda la verdad sobre la transición". Una joven lamenta haber permitido que extirparan sus senos
En el canal «Jaski» de YouTube se ha publicado un nuevo episodio de la serie de podcasts «Notatki», donde ofrecen testimonios de personas que se enfrentan a diversos trastornos mentales. En la entrevista publicada el 8 de octubre de 2026, Adrianna, una joven estudiante de 23 años, habló sobre su transición de género y el por qué hoy se arrepiente de haberlo hecho.
Adrianna recuerda que durante su infancia era una niña feliz. Las dificultades surgieron cuando llegó a la adolescencia y empezó a percibirse diferente de sus compañeros. Por entonces, no sabía que sus problemas podían estar relacionados con el autismo. Así que -influenciada por la propaganda y el activismo- intentó encontrar otra explicación a cómo se sentía y a la forma en que se veía a sí misma. Acabó convencida de ser un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer.
Al principio intentó cambiar su aspecto adelgazando. Luego, entre sus 15 y 16 años empezó a plantearse someterse a una transición de género corporal. Con apenas 17 años comenzó entonces a tomar testosterona y, poco después se sometió a una mastectomía bilateral, es decir, a la extirpación quirúrgica de sus mamas.
En retrospectiva considera que, siendo una adolescente viviendo dificultades psicológicas, no era capaz de evaluar adecuadamente las consecuencias sus graves decisiones. "Por aquel entonces yo era una adolescente traumatizada, incapaz de tomar decisiones racionales, y mucho menos sobre algo tan serio como someterme a cambios irreversibles en mi cuerpo. Por aquel entonces ni siquiera podía hacerme un tatuaje, pero sí pude decidir que quería tomar hormonas que provocarían en mi cuerpo cambios que no podría revertir", confiesa Adrianna.
Efectos irreversibles y problemas de salud
En la entrevista, Adrianna llama la atención sobre la forma en que se presentan los efectos de la terapia hormonal. En su opinión, a menudo se habla de los cambios en el aspecto y el funcionamiento del organismo, como el engrosamiento de la voz, la aparición de vello o el aumento de la masa muscular, pero se presta muy poca atención a las posibles complicaciones para la salud.
"Se habla de estos cambios de una forma tan neutra, diciendo que la voz se vuelve más grave, que aparece vello corporal, que puede aumentar la musculatura porque se destina más energía a la formación de músculos en el cuerpo, o que puede aparecer calvicie. Sin embargo, nadie habla de las complicaciones de salud que se derivan de todas estas cosas. Por ejemplo, que el engrosamiento de las cuerdas vocales en la laringe —que no está adaptada a unas cuerdas vocales engrosadas, ya que es simplemente más estrecha que la de los hombres— hace que, cuando se deja de tomar testosterona en una etapa posterior de la vida, se pueda sentir dolor al hablar, algo que yo también experimento", explica Adrianna.
Como subraya, es igualmente importante ser consciente de que, si cambias tu decisión, la destransición es compleja y no siempre es posible regresar a lo que eras. "En la comunidad trans se habla del proceso de destransición como si fuera simplemente la transición a la inversa, como si bastara con dejar de tomar hormonas y algunos cambios se revirtieran, mientras que otros no. Nadie menciona que se trata de una lucha ardua por devolver al cuerpo a su aspecto anterior, al estado en el que se encontraba antes, también en lo que respecta a la salud. Y es que no todos los cambios se pueden revertir, ni siquiera a pesar de esa lucha", subraya esta joven de 23 años.
El diagnóstico de autismo le cambió la vida
Un momento crucial en la vida de Adrianna fue el diagnóstico de autismo que recibió a principios de 2026. Decidió buscar ayuda terapéutica y poco a poco comenzó a entender de otra manera sus experiencias pasadas. Según cuenta, se dio cuenta de la relación entre su sensación de desajuste y el autismo. Esto le permitió verse a sí misma desde una nueva perspectiva. "A lo largo de esta terapia, simplemente empecé a darme cuenta de que todas esas cosas que sentía que no estaban bien en mí, que hacían que no encajara, que todo eso se debía simplemente al autismo. En realidad, no había nada más", cuenta la joven.
Hoy, Adrianna se arrepiente tanto de haber tomado testosterona como de haberse sometido a la mastectomía. Es consciente de que no puede revertir por completo las consecuencias de esas decisiones. "Hace unos meses me eché a llorar porque, a mis 23 años, no tengo pechos. Si alguien me hubiera dado otra oportunidad y me hubiera dicho que la transición no es la única salida a la disforia de género, quizá todo habría acabado de otra manera", confiesa.
Entre las consecuencias a las que se enfrenta actualmente, menciona el dolor que siente al hablar, el vello facial que requiere una depilación regular y las molestias relacionadas con las cicatrices de la operación. Pero el mismo tiempo, habla del alivio que le ha supuesto conocerse mejor a sí misma. "Sentí alivio por haber vuelto por fin a ser yo misma, por no tener ya la necesidad de llevar puesta esa coraza, esa máscara que se suponía que debía protegerme, que debía ser una especie de capa protectora entre mí -mi yo real- y el mundo", afirma Adrianna.