Imagen gentileza de Barbara Zandoval.
Imagen gentileza de Barbara Zandoval. Unsplash

Alcanzar necesita paciencia y ayuda de la Gracia

Néstor Mora Núñez por Néstor Mora Núñez

4 Agosto de 2026

«Dios nos promete la victoria, pero no nos promete que no habrá combate». San Agustín (Sermón 128, 9).

A veces pensamos que la vida espiritual o la búsqueda de paz significa no tener problemas ni luchas interiores». San Agustín nos recuerda hoy que las dificultades no son señal de que Dios nos ha abandonado, sino el terreno donde se ejercita la fe. El combate es inevitable, pero la victoria en el Amor ya está prometida.

Esta frase de San Agustín sintetiza  la paradoja fundamental de la vida espiritual cristiana. Desde una perspectiva de fe, el "combate" no es una anomalía ni un castigo, sino el terreno necesario e inevitable en el que se fragua la unión con Dios. Quien busca la santidad no debe esperar un camino exento de tensiones, sino, más bien, lo contrario: la presencia de la Gracia a menudo intensifica la lucha contra la "concupiscencia" y el "hombre viejo", esos apegos desordenados que nos anclan a lo efímero.

La "victoria" prometida por Dios es la posesión de la paz eterna y de la visión beatífica, una realidad que trasciende cualquier triunfo terrenal. Sin embargo, San Agustín, padre de la espiritualidad de la interioridad, nos recuerda que el alma debe ser purificada y "ensanchada" para acoger esa grandeza. Este proceso requiere un combate activo contra el propio ego, una ascesis que solo es posible sostener mediante la humildad y la confianza absoluta en el Divino Arquitecto, quien es el único capaz de reparar las "ruinas" de nuestro corazón.

Esta cita nos exhorta a la paciencia y a la esperanza de fe. Invita al creyente a no desanimarse ante las tribulaciones interiores o exteriores, entendiéndolas como parte integral del plan divino para su propia restauración y deificación en el Amor inmutable.