Francisco, el pastor herido

17 de diciembre de 2020

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Tuve ocasi√≥n de leer hace unos meses Wounded Shepherd: Pope Francis and His Struggle to Convert the Catholic Church del periodista y escritor ingl√©s Austen Ivereigh, un autor que lleva fama de ser uno de los mejores conocedores del papa Francisco y de su pontificado. Probablemente la pandemia haya tenido algo que ver en que la obra no se haya traducido todav√≠a al espa√Īol, aunque es una detallada cr√≥nica de los primeros seis a√Īos del pontificado. Ahora Ivereigh vuelve a ser de nuevo actualidad con la publicaci√≥n de So√Īemos juntos, libro de conversaciones con el pont√≠fice, en el que aparece con fuerza la esperanza cristiana a√ļn en medio de este tiempo de desolaci√≥n a escala planetaria.

Algunos aseguran que existen varios Bergoglios, el provincial de los jesuitas argentinos, el arzobispo de Buenos Aires y el papa. Jorge Mario Bergoglio habr√≠a ido cambiando con el tiempo, pero me permito opinar que esta percepci√≥n tiene algo de superficial. He le√≠do algunas de las homil√≠as del antiguo arzobispo de Buenos Aires, especialmente las de Navidad y Semana Santa, y en ellas late el mismo esp√≠ritu que caracteriza este pontificado. Se palpa la esperanza, como en la homil√≠a de Nochebuena de 2001, en la que se invita a los fieles a levantarse, tomar al Ni√Īo y a su Madre y recorrer el camino de la esperanza, y, en definitiva, a tener la plena seguridad de que Dios est√° con nosotros, tal y como se se√Īala en la homil√≠a navide√Īa de 1999. Y nosotros son todos, de modo particular los pobres, los ni√Īos y los ancianos, maltratados en estos tiempos por una cultura ego√≠sta que eleva a la categor√≠a de derechos la prevalencia de los propios intereses y apetencias.

Antes de leer el libro de Ivereigh sobre el pastor herido, me preguntaba por su t√≠tulo, por si hac√≠a referencia a la profec√≠a de Zacar√≠as (13,7), que el propio Jes√ļs cita en la v√≠spera de su Pasi√≥n: ‚ÄúHerir√© al pastor, y se dispersar√°n las ovejas‚ÄĚ. En efecto, el pastor del reba√Īo de la Iglesia est√° herido, pero ¬Ņno ha sucedido lo mismo con otros papas? La barca de Pedro siempre ha conocido tormentas, y en m√°s de una ocasi√≥n las aguas agitadas parec√≠an anunciar un dram√°tico final, al igual que el de muchos personajes y civilizaciones de la historia. No, la tarea no es sencilla. Los obst√°culos externos e internos son resistentes y en apariencia impermeables. El gran reformador, que es el t√≠tulo de una obra anterior de Ivereigh, no tiene ante s√≠ un camino despejado. Su labor ser√≠a est√©ril si solo fuera un ejercicio de voluntarismo bienintencionado, pero, como bien se√Īala el autor en el pr√≥logo, el pastor herido ha sido elegido por el Esp√≠ritu Santo, aunque esto no le priva de ser sometido a las pruebas de la Historia.

La lectura del libro nos muestra a un autor periodista, dispuesto a dar toda clase de detalles sobre unos hechos bien documentados, aunque se nota adem√°s la presencia de un historiador y ensayista, con la capacidad de ahondar en los hechos y arrojar luz sobre su significado. Adem√°s de los hechos, lo interesante en Wounded Shepherdes descender a los detalles que arrojan importantes conclusiones. Me quedo con algunas, sin querer, ni poder, agotarlas todas.

En primer lugar, que el Reino de Dios no es una idea sino un acontecimiento, y en concreto una relaci√≥n. Dios se ha encarnado y se ha hecho pr√≥ximo a su pueblo, haci√©ndose misericordia, pero pr√≥xima y concreta como debe de ser toda aut√©ntica misericordia. La c√©lebre expresi√≥n ‚Äúcultura del encuentro‚ÄĚ hay que entenderla as√≠: Dios est√° con nosotros, ha salido a nuestro encuentro y nosotros, los cristianos, debemos de hacer otro tanto. Pero nos hemos acomodado excesivamente y hemos hecho de nuestra vida algo demasiado estructurado, y eso no es una vida aut√©nticamente cristiana.

En segundo lugar, en un mundo que rinde culto a la libertad, aunque muchas veces esta se reduce a la libertad de elegir, propia del individualismo, el papa Francisco nos recuerda que una persona solo puede ser verdaderamente libre cuando vence su autosuficiencia y se deja conducir por Dios, pero para esto necesita la ayuda divina. Con todo, la gente se resiste, pues tiene miedo a perder lo que tiene, o lo que cree que tiene. Su libertad se reduce a apegarse a sus peque√Īas cosas. La cultura del encuentro que no es otra cosa que el salir de uno mismo para acercarse a los otros, encaja con una de las citas de san John Henry Newman, que gustan al papa y a Ivereigh, la de vivir es cambiar y toda perfecci√≥n pasa por haber cambiado con frecuencia. Es un consejo aplicable no solo a la vida espiritual.

¬ŅQu√© est√° pidiendo a la Iglesia el pastor herido, el que pretende convertir a la Iglesia, seg√ļn el t√≠tulo completo del libro de Ivereigh, y cuenta con la asistencia del Esp√≠ritu Santo? Tal y como dice el autor, lo que la Iglesia ha hecho durante toda su existencia, aunque a veces ha parecido que no era as√≠: salir, ir m√°s all√° del amarse a uno mismo, del voluntarismo o del propio inter√©s. Debe de tener la libertad de responder a la llamada del Esp√≠ritu que sigue transformando el mundo incluso en medio de la violencia, confusi√≥n y destrucci√≥n. La respuesta es aceptar el amor de Dios, ir m√°s all√° y vivir para los otros.

 

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