por Portaluz
9 Abril de 2026Se llamaba Faustino Pérez-Manglano. Tenía dieciséis años cuando murió, el 3 de marzo de 1963. Le gustaban el fútbol, la montaña, el cine, los campings de verano y disfrutar de sus padres y hermanos como cualquier otro chico de su edad.
Más de sesenta años después, su historia vuelve a situarse en el foco con el estreno de un documental impulsado por la Comisión Faustino. Pero el documental es solo el detonante. Lo verdaderamente llamativo es que un adolescente de los años sesenta siga provocando preguntas hoy.
Tras su muerte, el hallazgo de su diario personal permitió comprender la profundidad de una vida interior que muchos intuían, pero pocos conocían del todo. Fue el padre José María Salaverri, su director espiritual, quien custodió aquellos cuadernos y comenzó a difundir su contenido.
En esas páginas no hay solemnidad impostada. Hay adolescencia, lucha y claridad. Como así lo atestiguan sus diferentes anotaciones. El 17 de octubre de 1960 escribió que había rezado el rosario y que había "comulgado durante el recreo. He hablado durante diez minutos con Cristo, sobre las misiones y sobre el empate entre el Zaragoza-Valencia".
Cosas cotidianas que se alternaban con otras más profundas como cuando escribió "voy a tratar de vivir la ascesis de sí: decir que sí a todo lo que es bueno". Para más adelante afirmar que "me doy cuenta de que debo llegar a ser santo. No se puede ser cristiano mediocre".
No son frases de un adulto maduro, sino de un chico de catorce años que empieza a tomarse en serio su fe y que además comienza a sentir la enfermedad y, pese a todo, afirma "soy muy feliz". El sufrimiento y el dolor también cuan parte de sus reflexiones y pese a todo el capaz de responder con un "depende del punto de vista".
Falleció a causa de la enfermedad de Hodgkin a los dieciséis años el 3 de marzo de 1963. Fue declarado Venerable por el Papa Benedicto XVI el 14 de enero de 2011.
Fuente: archivalencia.org
