En el contexto del curso de profundización titulado "El exorcismo y las realidades ocultas", celebrado recientemente en Brasil, y cuya ponencia inaugural corrió a cargo del P. Duarte Sousa Lara, exorcista de la diócesis portuguesa de Lamego -de la que informó Portaluz-, hubo otra interesante conferencia que vale la pena recuperar y conocer.

 

En concreto, se trata de la intervención del joven sacerdote Pedro Paulo Alexandre, exorcista oficial de la diócesis de Florianópolis (Brasil) y coordinador de la Asociación Internacional de Exorcistas para los miembros de lengua portuguesa.

 

El tema expuesto por el P. Alexandre fue el de las puertas que las personas pueden abrir a la acción extraordinaria del demonio, con los peligros que esto conlleva. Por eso su primera advertencia –nada más comenzar la conferencia invocando la intercesión de la Virgen María– fue: "¡Cuidado con las brechas abiertas al diablo!" Un aviso que, tal como recordó, ya se encuentra en la Biblia, donde leemos cómo el apóstol San Pedro escribe que "vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar" (1 Pe 5, 8).

 

Por otra parte, el mismo Jesús advirtió, en un texto que puede aplicarse al demonio sin mucha dificultad, que "el ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos" (Jn 10, 10a). Y antes de pasar a detallar esas cinco brechas por las que puede introducirse el enemigo, el exorcista brasileño aclaró que "nosotros somos culpables de las tres primeras, pero no de las otras dos".

 

Primera brecha: vivir en pecado mortal

 

 

En las Directrices para el Ministerio del Exorcismo se puede leer lo siguiente: "la experiencia exorcística ha determinado que la frecuencia de algunas situaciones de pecado o de tipos particulares de pecado son causas ocasionales que pueden predisponer y favorecer que perdure la acción extraordinaria del demonio" (n. 82). Efectivamente, como señaló el P. Pedro Paulo, "Jesús, el Hijo eterno de Dios, vino a este mundo a salvarnos del pecado. Cada vez que pecamos, estamos, una vez más, crucificando al Hijo de Dios y escarneciéndolo públicamente".

 

El sacerdote aprovechó para recordar, en este contexto, que la existencia del infierno es una verdad de la fe católica, ya que ha sido revelada por Dios en la Sagrada Escritura. Por eso, la Iglesia, siguiendo el ejemplo del mismo Jesucristo, "advierte a los fieles sobre el infierno". Como señala el Catecismo, ese estado escatológico está destinado a quienes mueren en pecado mortal.

 

"El autor del mal y quien induce al pecado es Satanás, quien es llamado padre de la mentira y príncipe del pecado en la liturgia de la Iglesia", afirmó el exorcista brasileño, refiriéndose a las renuncias previas al sacramento del bautismo. "El pecado mortal es un obstáculo para nuestra salvación: es una destrucción inmediata de la vida sobrenatural, un verdadero suicidio del alma. Quien muerte en pecado mortal, sin la gracia santificante, pierde a Dios para siempre", explicó.

 

¿Y cuál es la solución? "Para cerrar esta puerta existe el sacramento de la confesión, que es un sacramento de cura y de liberación, más fuerte que cualquier exorcismo, como decía el P. Gabriel Amorth y otros exorcistas destacados", señaló el P. Alexandre, quien recordó también que "los sacramentos son las formas más importantes para luchar contra el mal".

 

Segunda brecha: la relación con el ocultismo

 

 

En las Directrices ya citadas, se enseña además que "frecuentemente en el origen de una acción extraordinaria del maligno están los siguientes hechos… haber participado, o solamente haber asistido, a sesiones de espiritismo; haber frecuentado operadores de lo oculto… haber usado amuletos o talismanes… haber practicado técnicas y terapias ligadas a la New Age…" (Directrices n. 83).

 

El exorcista de la diócesis de Florianópolis recordó que "la superstición y el ocultismo son un pecado grave contra el primer mandamiento", según enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, que ubica estas prácticas bajo el concepto de idolatría. También aludió a los graves riesgos espirituales que conlleva la pertenencia a la masonería, "que acaba considerando bueno a Lucifer, por traer la luz al ser humano". Por eso, la Iglesia continúa asegurando que "masonería y cristianismo son incompatibles".

 

"La adivinación también es rechazable, se invoque o no al demonio, tal como explican Santo Tomás de Aquino y San Alfonso María de Ligorio". La razón es que, "en el fondo, la adivinación consiste en divinizar una fuente de conocimiento que no es divina". Esto incluye prácticas diversas: horóscopo, astrología, espiritismo, evocar a los muertos, etc. "El espiritismo es incompatible con el cristianismo", afirmó con toda certeza el sacerdote.

 

Por otro lado, "la magia consiste en el intento de obtener determinados efectos haciendo cualquier cosa que por sí misma no tiene capacidad natural para alcanzar el efecto deseado, y, por tanto, tal acción está acompañada de una petición de ayuda ilícita, explícita o implícita, a los demonios", tal como explica el mismo Santo Tomás. "E, igual que la adivinación, es un pecado mortal, e incluye siempre un pacto con el demonio", sentenció el P. Pedro Paulo Alexandre.

 

Tercera brecha: el rencor

 

 

Otro elemento que abre las puertas de la vida humana a la acción extraordinaria del diablo es el odio, el deseo de venganza, la falta de perdón… "Jesús llama al perdón continuamente en los evangelios, y él mismo perdona una y otra vez, hasta el perdón inmenso desde la cruz a sus ejecutores. En sus cartas, Pablo también elogia el perdón, y muchos santos han insistido en este tema", recordó el sacerdote brasileño. "El perdón es el camino para la sanación interior", añadió.

 

Tras mostrar la célebre foto del encuentro de San Juan Pablo II con Alí Agca, el hombre que intentó asesinarlo el 13 de mayo de 1981, como icono contemporáneo del perdón, el P. Aleixandre mostró algunos ejemplos de oraciones de sanación interior que incluyen una afirmación explícita del perdón a los que han causado daño a la propia vida, con sus nombres propios. No es otra cosa que repetir lo que aparece en el padrenuestro, dictado por el mismo Jesús: "perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

 

Cuarta brecha: heridas en el vientre materno

 

 

Al llegar a esta cuarta brecha, el conferenciante volvió a señalar que se trata de una cuestión de la que no somos responsables, ya que se trata de las heridas emocionales que sufre el bebé en el seno materno. Y citó al sacerdote español Javier Luzón, que fue exorcista de la diócesis de Madrid, y que ha afirmado que "el abuso sexual puede ocasionar una posesión", ya que "la violación está en un nivel maligno semejante a los maleficios lanzados contra una persona. Es mucho peor cuando la víctima es menor y cercana al agresor".

 

El P. Pedro Paulo apuntó también a las consecuencias nefastas que pueden tener "las maldiciones contra una madre embarazada, y sobre todo las maldiciones pronunciadas por padres o madres contra sus propios hijos". Porque, como ya indicaba el P. Gabriel Amorth, "cuando hay un vínculo de sangre entre maldecidor y maldecido, los efectos pueden ser terribles", algo que conoció de cerca el exorcista romano en su experiencia en este ministerio, con muchos casos de maldiciones lanzadas sobre hijos y nietos.

 

Frente a ello, el sacerdote brasileño destacó "el poder de la bendición", tomando pie en la propia Sagrada Escritura, donde leemos una exhortación directa a bendecir y no maldecir –como hace San Pablo en Rm 12, 14– y vemos cómo el mismo Jesucristo dice: "bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian" (Lc 6, 28).

 

Quinta brecha: maleficios recibidos

 

 

La última grieta que puede utilizar el diablo para introducirse en la vida de las personas y actuar de forma extraordinaria tampoco es culpa de la persona que la sufre, ya que es víctima de maleficios lanzados por otros. El conferenciante recordó que "un maleficio es el poder de hacer mal a otros, gracias a un pacto y con la ayuda de los demonios, según San Alfonso María de Ligorio, que añade que se distingue de la magia en que ésta tiene como objetivo realizar prodigios, mientras que el maleficio busca hacer mal a alguien".

 

El P. Alexandre explicó que hay varios tipos de maleficios: para conseguir la salud, para ganar dinero, para conseguir una relación (amarre) o para provocar la muerte de alguien. "La culpa es de quien lo provoca, y hasta la persona más inocente puede ser víctima de un maleficio, porque se fundamenta en la libertad del hombre, una libertad que se puede usar para el mal", aclaró.

 

¿Y qué puede hacerse para destruir los maleficios y para acabar con sus consecuencias? Para responder a esta cuestión importante, el exorcista brasileño volvió a citar a San Alfonso: "se pueden emplear los remedios de la ciencia médica, los exorcismos y los sacramentos de la Iglesia, las peregrinaciones, la invocación a los santos… y la destrucción de los signos materiales a través de los cuales ataca el demonio".

 

Los 10 consejos prácticos para vivir en Cristo

 

 

Para concluir su exposición, el P. Pedro Paulo Aleixandre compartió con sus oyentes diez consejos prácticos para luchar contra el demonio en la vida cotidiana, tomados de las declaraciones de dos clérigos estadounidenses: monseñor Thomas Paprocki, obispo de Springfield, y monseñor John Esseff, exorcista de Scranton:

 

  1. Odiar el pecado y mantenerse alejado del mal.
  2. Nunca hablar directamente con el diablo.
  3. Reconocer cómo trabaja el diablo.
  4. Tener vida sacramental.
  5. Utilizar sacramentales.
  6. Pedir ayuda a Dios en la oración.
  7. Bendecir el hogar.
  8. Consultar a un sacerdote si se necesita ayuda.
  9. Perseverar en la lectura espiritual.
  10. Visitar a Dios en el Santísimo Sacramento.
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