98 años tardó en abrazar la fe católica. ¡Dios la estaba esperando!
Al acercarse a su 98.º cumpleaños, a Virginia Eidson le preocupaba más su vida futura que la presente. Le pesaba no haberse bautizado nunca.
Nacida en Oklahoma en el seno de una familia de origen cherokee, choctaw e irlandés, su familia era de confesión bautista, pero a menudo estaban demasiado ocupados trabajando como para ir a la iglesia. Cuando tenía unos 13 años y la tormenta de polvo había destruido las tierras de cultivo de la familia, su padrastro metió a su madre y a los nueve hijos en el coche y se dirigió a California.
"Todos los demás se habían bautizado, pero yo no. Por alguna razón, nunca llegué a hacerlo", cuenta Virginia al digital Angelus News de la Arquidiócesis de Los Ángeles (Estados Unidos de Norteamérica)
Eso cambió durante la Vigilia Pascual en la iglesia de Santa Clara, en Oxnard, donde Virginia Eidson era, por mucho, la de mayor edad entre quienes se convirtieron al catolicismo este año.
Su hijo Bruce, de 77 años, fue su padrino.
Para el párroco, el padre John Love, esto les recordó la vitalidad espiritual de las personas mayores. «Las personas mayores pueden convertirse y llegar a las aguas vivas», afirmó.
Aunque Bruce Eidson es una persona muy activa en la parroquia desde hace mucho tiempo, el padre John nunca había oído hablar de la historia familiar hasta que Virginia Eidson solicitó el bautismo...
De sangre indígena e irlandesa
En 1838, el Gobierno de los Estados Unidos utilizó la fuerza militar para expulsar a cinco grandes tribus de sus tierras en el sureste, de modo que los colonos blancos pudieran apropiarse de ellas. Los indígenas de todas las edades fueron enviados en una marcha forzada a Oklahoma, y miles de ellos murieron por el camino. Los abuelos de Virginia, de origen choctaw e irlandés, llevaron consigo a su hijo recién nacido, el padre de ella. Ella nunca escuchó las historias directamente de él, ya que murió cuando ella era aún una niña pequeña.
Su madre era cherokee. La familia cultivaba grandes extensiones de tierra en el condado de Pittsburg, Oklahoma, que su abuelo había adquirido para sus siete hijas y su único hijo. Pero en la década de 1930, en plena Gran Depresión, una grave sequía convirtió los vientos de las llanuras en apocalípticas tormentas de polvo que arrasaron los campos.
La agricultura se volvió imposible. Su madre se había vuelto a casar y su padrastro trabajaba para la Works Progress Administration (WPA), un programa del «New Deal» que el presidente Franklin D. Roosevelt creó para dar trabajo a las personas desempleadas. Su padrastro estaba construyendo carreteras para la WPA cuando su tío regresó de California diciendo que allí abundaban los buenos trabajos. Cuando Virginia tenía unos 12 años, la familia, compuesta por 11 miembros, se apiñó en un coche y se dirigió a Pixley, en el condado de Tulare, en busca de trabajo.
Cuando su padrastro entró en la oficina, los hombres echaron un vistazo al coche y le dijeron que solo lo contratarían si sus hijos también trabajaban en el campo.
"Mi padrastro dijo: «No, mis hijos no van a trabajar»", cuenta Virginia y señala que entonces se marcharon y siguieron su camino, hasta que finalmente el padrastro consiguió un trabajo en los yacimientos petrolíferos de Bakersfield. Ella creció allí y se casó con Edward Eidson, ayudante del sheriff del condado de Kern.
Las tradiciones choctaw y cherokee son hasta hoy muy importantes para Virginia. Estaba suscrita a revistas tribales y a veces viajaba de vuelta a Oklahoma. En uno de esos viajes Bruce Eidson recuerda que conoció a su abuela materna, por entonces una anciana sentada en una mecedora, cuando era pequeño. "Tenía un montón de historias sobre las caravanas de carromatos que no paraban de pasar y sobre la caza en sus tierras", cuenta Bruce y añade: "Me dio una perspectiva completamente diferente. Solía ver películas de vaqueros e indios. Ahora veía que había una perspectiva totalmente opuesta sobre los colonos blancos".
Poco a poco la conversión fue floreciendo
Edward y Virginia (en la imagen arriba) se retiraron a Cayucos, en la costa central, donde él falleció en 2010. En 2019, ella se mudó a una casa que su hijo le había buscado, situada en la misma calle que la de él, en Oxnard. Se encarga del jardín y da de comer a los pájaros y a las ardillas todos los días. "Sigo viviendo aquí y me encanta", comenta Virginia.
El hijo, Bruce Eidson, se había casado con una católica y más tarde se incorporó a la Iglesia a través de lo que hoy es la OCIA. Abrazó el catolicismo de todo corazón y se volvió muy activo en los Caballeros de Colón. Virginia, invitada por este hijo, iba a la iglesia con la familia, lo acompañaba a los eventos de los Caballeros, así como a las actividades parroquiales para personas mayores.
Poco a poco la conversión fue floreciendo. A ella le encantaba ir a la iglesia de Santa Clara con su familia y admiraba la fe católica. "Una noche me acosté y pensé: «¿Qué voy a hacer con mi religión?» Y a la mañana siguiente me levanté y dije: «¡Voy a hacerme católica!»"
En cuanto se lo contó a su hijo, este preguntó al padre John lo que se requería. La primera reacción del sacerdote fue decir... "La veo en la iglesia todo el tiempo. ¿Cómo que no es católica?", dice Bruce entre risas.
Testigo de la fe
En lugar de pedirle a una mujer de 97 años que se sometiera a un año de preparación, el sacerdote decidió mantener una sencilla conversación con ella. Le bastó -comenta- con verificar que ella comprendía los fundamentos de la fe, amaba a la Iglesia católica y deseaba formar parte de ella.
Fue solo en ese momento, dice el padre John, cuando se enteró de los antecedentes de la familia. "Sabía lo suficiente de la historia de los nativos americanos como para comprender el terrible sufrimiento que su padre y sus abuelos padecieron en el Sendero de las Lágrimas. También sabía el valor que hizo falta para emprender el viaje a California. Es muy bíblico que esta maravillosa anciana haya emprendido este éxodo", reflexiona el sacerdote.
El bautismo dejó paz en su mente y alma, afirma Virginia. "Me sentí bien con todo. Salí con la sensación en mi corazón de haber hecho lo correcto", finaliza.
Fuente: Ann Rodgers. AngelusNews.com