Esperando la llegada del 聲gel
Esperando la llegada del 聲gel

Esperando la llegada del 聲gel

P. Ronald Rolheiser por P. Ronald Rolheiser

9 Marzo de 2023

La noche antes de morir, Jes�s luch� con todas sus fuerzas para aceptar la voluntad de su Padre. Los Evangelios lo describen en el huerto de Getseman�, postrado en el suelo, "sudando sangre", y suplicando a su Padre que lo salvara de la muerte brutal que le esperaba. Despu廥, cuando por fin entrega su voluntad a su Padre, un 嫕gel viene y le da fuerzas.

Esto plantea una pregunta: 盥鏮de estaba el 嫕gel cuando, aparentemente, m嫳 lo necesitaba? 燕or qu� no vino el 嫕gel antes para fortalecerle?

Creo que hay dos historias que pueden ayudar a responder a esta pregunta.

La primera es la de Martin Luther King Jr. En los d燰s previos a su asesinato, se encontr� con una airada resistencia y empez� a recibir amenazas de muerte. Era valiente, pero tambi幯 humano. Lleg� un momento en que esas amenazas le afectaron. He aqu� una de las anotaciones de su diario.

"Una noche de finales de enero, me acost� tarde, despu廥 de un d燰 agotador. Coretta ya se hab燰 dormido y, cuando estaba a punto de dormirme, son� el tel嶨ono. Una voz airada dijo: 亟scucha, nig..., te hemos quitado todo lo que quer燰mos; antes de la semana que viene lamentar嫳 haber venido a Montgomery�. Colgu�, pero no pod燰 dormir. Parec燰 que todos mis miedos se hab燰n abatido sobre m� a la vez. Hab燰 llegado a un punto de saturaci鏮.

Me levant� de la cama y empec� a caminar por el suelo. Finalmente, fui a la cocina y calent� una cafetera. Estaba a punto de rendirme. Con mi taza de caf� sin tocar ante m�, intent� pensar en una forma de salir de escena sin parecer un cobarde.

En ese estado de agotamiento, cuando mi coraje casi se hab燰 esfumado, decid� plantear mi problema a Dios. Con la cabeza entre las manos, me inclin� sobre la mesa de la cocina y rec� en voz alta. Las palabras que dirig� a Dios aquella medianoche siguen vivas en mi memoria.

Estoy aqu� para defender lo que creo que es justo. Ahora tengo miedo. El pueblo espera de m� que lo lidere, y si me presento ante ellos sin fuerza ni valor, ellos tambi幯 vacilar嫕. Estoy al final de mis fuerzas. No me queda nada. He llegado a un punto en el que no puedo afrontarlo solo. En ese momento experiment� la presencia de la Divinidad como nunca antes la hab燰 experimentado". (Lucha por la libertad)

F璪ese en qu� momento de su lucha aparece el 嫕gel.

En su autobiograf燰, La larga soledad, Dorothy comparte esta historia. De joven, junto con el hombre que amaba, hab燰 sido un tanto militante en su incredulidad. De hecho, su reticencia a entrar en la instituci鏮 del matrimonio era una declaraci鏮 de su no aceptaci鏮 de los valores cristianos tradicionales. Entonces concibi� un hijo y su nacimiento fue para ella el principio de una conversi鏮 radical. La alegr燰 que sinti� al abrazar a su beb� la convenci� de que Dios exist燰 y de que la vida ten燰 un prop鏀ito amoroso. Se hizo cat鏊ica romana, para disgusto del hombre al que amaba, el padre de su hijo: 幨 le dio un ultim嫢um: si bautizas a este ni隳, nuestra relaci鏮 se acaba. Ella bautiz� al ni隳 y perdi� la relaci鏮 (aunque siguieron siendo amigos). Sin embargo, ahora se encontraba como madre soltera, sin trabajo y sin una visi鏮 o plan real de hacia d鏮de ir ahora en la vida.

Lleg� un momento en que se desesper�. Dej� al ni隳 al cuidado de otras personas y tom� un tren desde Nueva York hasta el Santuario de la Inmaculada Concepci鏮 en Washington, D.C. En su autobiograf燰, describe c鏔o rez� ese d燰, lo desesperada que era su oraci鏮. Al igual que Jes�s en Getseman� y Martin Luther King en Montgomery, su oraci鏮 era de necesidad e impotencia, una admisi鏮 de que ya no ten燰 fuerzas para seguir adelante. En esencia, le dijo a Dios: Lo he dejado todo por ti y ahora estoy sola y asustada. No s� qu� hacer y me faltan fuerzas para continuar con este compromiso.

Rez� esta oraci鏮 de impotencia, tom� el tren de vuelta a Nueva York, y no mucho despu廥 encontr� a Peter Maurin sentado en su puerta, dici幯dole que hab燰 o獮o hablar de ella y que ten燰 una visi鏮 de lo que deb燰 hacer ahora, a saber, fundar el Catholic Worker. Eso marc� el camino para el resto de su vida. El 嫕gel hab燰 venido y la hab燰 fortalecido.

F璪ate en qu� momento de estas historias el 嫕gel hace su aparici鏮 - cuando la fuerza humana est� totalmente agotada. 燕or qu� no antes? Porque hasta el momento del agotamiento, no dejamos entrar al 嫕gel, sino que confiamos en nuestras propias fuerzas. Pero, como dice Trevor Herriot: "S鏊o despu廥 de que hayamos dejado que el desierto haga todo su trabajo en nosotros, los 嫕geles vendr嫕 finalmente a ayudarnos".

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