El poder de la oración

05 de abril de 2023

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Una de las características de Jorge Mario Bergoglio ha sido siempre pedir a sus interlocutores que oren por él. Incluso muchos años antes de convertirse en Obispo de Roma, no terminaba una conversación o una carta sin esa frase que el mundo entero ha llegado a conocer en la última década: “Por favor, no se olviden de rezar por mí”. Para el jesuita argentino que ahora es el Sucesor de Pedro, esas palabras nunca fueron algo circunstancial y, aunque se repitieran miles de veces, nunca se convirtieron en costumbre.

 

Poco después de la elección del Papa Francisco, el periodista argentino Jorge Rouillón escribió un artículo contando lo que le había sucedido unos años antes, cuando él aún era arzobispo de Buenos Aires: “Una vez le pedí al cardenal Jorge Bergoglio si podía rezar, porque en esos días me darían el resultado de un estudio médico de próstata y había posibilidad de que fuera algo maligno. El resultado fue bueno y me olvidé del asunto. Dos o tres meses después me crucé con el arzobispo de Buenos Aires. Al verme me preguntó: ‘¿Tengo que seguir rezando?’ Tuve que pensar qué era lo que me estaba preguntando. Se ve que él seguía teniendo presente en su oración personal lo que para mí mismo había pasado a segundo plano”. 

 

Rezar por aquellos que piden ser acompañados y atendidos es una forma de estar cerca de los demás y de hacernos presentes en sus momentos de necesidad. De hecho, corresponde a lo que Jesús mismo enseñó y testimonió en el Evangelio. El 13 de octubre de 2013, en la homilía de la Misa en Santa Marta, Francisco habló de la “valentía de la oración”: “¿Cómo rezamos? ¿Rezamos por costumbre? ¿Piadosamente, pero sin inquietarnos? ¿O nos plantamos valientemente delante del Señor para pedir la gracia, para pedir aquello por lo que rezamos? Valentía en la oración: una oración que no es valiente no es una verdadera oración. La valentía de confiar en que el Señor nos escucha, la valentía de llamar a la puerta... El Señor dice: ‘Porque el que pide, recibe y el que busca, encuentra, y al que llama, se le abrirá’. Pero hay que pedir, buscar y llamar”.

 

Cuántas peticiones de oración, cuántas súplicas han llegado al Sucesor de Pedro desde todo el mundo en los últimos años, y han sido recogidas por él en su oración personal, como ocurrió con su amigo periodista argentino. Hay, sin embargo, otra corriente, invisible y poderosa, representada por las oraciones de millones de fieles en todo el mundo: mujeres, hombres, niños, ancianos, familias. Son personas sencillas que, al escuchar al Papa pedir oraciones al final de cada Ángelus, de cada audiencia, de cada discurso y de cada encuentro, han tomado en serio su solicitud y continúan rezando diariamente por él y por sus intenciones. El regalo más hermoso para el Obispo de Roma, que tanto ama “ser sacerdote” y se entrega completamente, como hemos visto también durante su reciente hospitalización en el Policlínico Gemelli, es ser sostenido por estas grandes oraciones de los pequeños. El pueblo de Dios, que no se olvida de rezar por Francisco, el domingo se regocijó al verlo de nuevo en la Plaza de San Pedro.

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