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Descubre el poder del perdón en esta entrevista con el destacado predicador de retiros y eremita p. Joël Guibert

31 de mayo de 2024

"Algunos perdones son especialmente difíciles. No hay que mostrarse demasiado presuntuoso en este sentido; hay que empezar poco a poco".

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El año 2022 por primera vez padre Joël Guibert nos abrió la intimidad de su historia de vida y compartió reflexiones en un diálogo que buscó perfilar la diversidad de temáticas que aborda en los retiros que predica para sacerdotes y obispos en Europa y las Américas.

 

Ahora en un nuevo encuentro, Guibert ofrece a los lectores de Portaluz respuestas que nos revelan el poder del perdón. Las reflexiones del eremita, breves, de alto contenido espiritual, fundadas en la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, pero impregnadas también del encuentro con Dios en la intimidad cotidiana de la oración y el misterio sacramental, son una buena oportunidad para nutrir el espíritu.

 

Le recomendamos leer pausadamente, detenerse, meditar y asimilar las reflexiones que Dios, por medio de este siervo suyo, nos regala…

 

 Padre Joël Guibert

 

¿Es el perdón una condición sine qua non para quien se considera cristiano? En otras palabras, ¿perdonar todo y a todos es una condición para librarse del infierno?

En efecto, el perdón es un signo distintivo del cristiano. No olvidemos que la oración del Señor, transmitida por el mismo Jesús, el «Padre nuestro», dice: «Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden». Por tanto, el perdón de Dios está condicionado a que perdonemos al prójimo que nos ha ofendido. No es que Dios nos castigue si no perdonamos a nuestro prójimo, sino que sólo hay una puerta en nuestro corazón para amar a Dios y al prójimo: por tanto, cuando la puerta de mi corazón está cerrada a mi prójimo, automáticamente la cierro a Dios.

 

¿Qué involucra el perdonar?

Podríamos recurrir a esta etimología de la palabra perdón: el perdón es un don de amor «por encima» del don.

(Porque…) el perdón es, en cierto modo, una sobredosis de amor allí donde el amor ha sido herido por la ofensa. Por tanto, perdonar implica amar y amar incondicionalmente. Ninguna persona puede obligarnos a perdonar: el perdón es un acto personal, libre.

 

Pero hablar de perdón a quien ha sido violentado en sus derechos, podría ser incluso una injusticia. ¿Dios acaso avala la injusticia?

El perdón es el otro nombre de la misericordia. Nuestro Señor Jesucristo y la Iglesia enseñan que la misericordia nunca puede separarse de la justicia: la misericordia va más allá de la justicia, pero sin provocar nunca un cortocircuito con la justicia de Dios. Juan Pablo II nos dejó un buen ejemplo de ello después de su atentado en la plaza de San Pedro. Él llegó a perdonar a su agresor en la cárcel, pero nunca se opuso a que se aplicara la justicia humana a su agresor.

 

¿En qué se diferencia el perdón de la fe cristiana del concepto secular de perdón?

Nuestro Señor Jesucristo dice en el Evangelio que «sin Él no podemos hacer nada» (Jn 15,5). Si esto es así, también se aplica, y con mayor razón, al perdón, para que sea verdaderamente cristiano.

Esto significa que, para perdonar, los cristianos sumergimos las raíces de nuestro perdón en el Corazón misericordioso de Dios, para que Él nos ayude a perdonar cualquier ofensa que hayamos sufrido.

 

Pensemos en alguien que ha sido agredido… En lugar de su concepto de perdón cristiano. ¿No es acaso más accesible el concepto terapéutico soltar, dar vuelta la página, sublimar, para liberarse del daño psicoespiritual de la agresión?

Es perfectamente posible quedarse en un nivel de perdón simplemente humano, como tú muy bien dices, una forma de dejar ir. Pero esto es demasiado humano. Un cristiano nunca olvida la gracia de Dios que está a su disposición para cada acto de la vida humana, incluido el acto de perdonar.

 

 

En el Evangelio de Mateo, capítulo 12, versículo 31, citando a Jesús se afirma que el Hijo de Dios establece que "la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada". Entonces, el perdón de la fe cristiana tiene límites. ¿Cuál es este límite… cual es esa blasfemia a la que habría referido el Hijo de Dios?

La blasfemia contra el Espíritu Santo -escribe Juan Pablo II- es el rechazo de la misericordia. Esta fue la diferencia entre Judas y Pedro, que cometieron prácticamente el mismo pecado: Judas desconfió de la misericordia de Dios y fue a ahorcarse. Pedro, en cambio, se dejó visitar por el perdón de Dios después de la resurrección. Desde el punto de vista de Dios, está dispuesto a perdonarlo todo. Es el hombre quien puede bloquear el perdón; es el hombre quien puede limitar su profundidad.

 

¿Qué de bueno tiene el perdonar?

El perdón es un proceder libre, como el amor. El perdón restablece la relación de amor y abre un horizonte al ofensor, sin encerrarlo en la culpa. También es fuente de gran paz para quien perdona. Por último, es fuente de gran alegría para Dios, pues el Evangelio dice que hay mucha alegría por un solo pecador que se convierte.

 

¿Algunos consejos para lograr ser una persona que siempre perdona todo a su prójimo?

Algunos perdones son especialmente difíciles. No hay que mostrarse demasiado presuntuoso en este sentido; hay que empezar poco a poco. Antes de perdonar a alguien, tienes que empezar por permitir que tu corazón se limpie con el proceso del perdón. En algunos casos, dirigirse a Dios, que, como dice el Evangelio, «hace salir su sol sobre buenos y malos», puede ayudar. Por último, como sacerdote recomiendo encarecidamente a las personas bloqueadas por su negativa a perdonar que pidan ayuda a Dios, para que Él se acerque a ellas y perdone con ellas.

 

 

Extra… algunas breves reflexiones sobre el perdón (que padre Joël compartió en un reciente retiro predicado a sacerdotes)

 

 

"Cuando el corazón se blinda, el flujo de amor que fluye a través de nosotros y nos sostiene es desviado, o incluso bloqueado, por las disposiciones interiores de ira, malicia, resentimiento, rencor, odio e incluso deseo de venganza. La única forma de salir de esta espiral de violencia es a través del perdón, que desatasca el corazón y libera un amor aún mayor. Se trata de una empresa delicada que requiere que nos detengamos en ella durante mucho tiempo, pues de lo contrario corremos el riesgo de apagar la llama del amor tan debilitada por la ofensa". 

 

"La negativa a perdonar nunca es neutra: contamina a toda la persona que se deja encerrar en esta prisión y, además, paraliza la relación con Dios”.

 

"Cada persona, por su particular temperamento, reacciona de forma diferente ante una ofensa. Pero la sabiduría popular sugiere que negarse a perdonar tiene consecuencias físicas. La gente dice: «Estoy harto de estar enfadado con esa persona; estoy harto de su agresividad hacia mí; ¡estoy harto de todos sus rencores!

Desde los primeros tiempos del cristianismo, los Padres de la Iglesia enseñaban que «la cólera corrompe el cuerpo». He conocido a muchos -dice San Juan Crisóstomo- que enfermaron a causa de la cólera». San Juan Clímaco señala que la cólera es a menudo la causa de desórdenes nutricionales, como la bulimia o la anorexia, que pueden incluso conducir a la enfermedad. Puede que los Padres no estuvieran familiarizados con el término técnico medicina psicosomática, ¡pero ya tenían muy claro el tema!"

 

"La ofensa que ha llevado a la persona ofendida a rechazar el perdón corre el riesgo de precipitarla en una espiral de odio, ya sea expresado exteriormente o como un cáncer en su interior. Aunque el ofensor no muestre ningún signo de arrepentimiento, me corresponde a mí, la parte ofendida, decidir detener esta espiral descendente".

 

"Será muy difícil frenar esta espiral de resentimiento si aplazamos indefinidamente la decisión de detener este movimiento mortal: «Hay que sofocar la cólera en su nacimiento», recomienda San Basilio".

 

"No olvidemos que el lugar donde puede resolverse el conflicto no está lejos, está en el corazón. Si el resentimiento encuentra su asiento en el alma - «es de dentro, del corazón de los hombres, de donde salen los designios perversos... la maldad, la astucia, la envidia, la difamación, la soberbia, la insensatez» (Mc 7,21-22)-, el perdón brotará también de lo más profundo del corazón".

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