Batalla contra el Mal

¿Qué hay detrás de las "doulas de la muerte"? El verdadero trasfondo del nuevo oficio de moda

Recientes declaraciones de Nicole Kidman, que afirma estarse formando para ser "doula de la muerte", son una oportunidad para mirar la verdad de una práctica que acaba imponiendo a los moribundos la doctrina esotérica de la Nueva Era.
24-04-2026
Imagen gentileza de Beth Macdonald. Unsplash

Se conocía desde hace tiempo el oficio de las "doulas" que asisten a las madres en torno al parto -tanto en su preparación como en el propio alumbramiento y el período posterior-. Una función que toma su nombre de la Grecia antigua, señalando un servicio diferente al de las matronas del ámbito médico, ya que se trata de un acompañamiento de tipo más emocional y hasta espiritual; con una clara orientación New Age.

Pero, lo que resulta una novedad para muchos son las llamadas "doulas de la muerte", cuyo categórico apellido las distingue de las otras. Aunque existen desde hace años, hoy adquieren relevancia desde que la actriz australiana Nicole Kidman reveló estarse formando para ejercer como "doula de la muerte", tras la experiencia vivida con su madre ya fallecida.

¿De dónde vienen?

El origen de las "doulas de la muerte" está documentado en Estados Unidos alrededor del año 2000. Fue cuestión de tiempo para que la convicción sobre los beneficios del acompañamiento de una 'doula' al inicio de la vida humana, evolucionara hasta introducir la figura de una persona que oriente y acompañe la etapa final de la vida. Y aquí encontramos una clave fundamental entre quienes ejercen estas funciones: ambos momentos -nacimiento y muerte- constituyen una transición profunda, un acontecimiento sagrado que precisa de algo más que la mera atención médica.

Entre los factores que explican el surgimiento de este nuevo oficio se encuentran hechos objetivos como el envejecimiento de la población o las limitaciones y carencias del sistema sanitario -con una importante falta de atención a los cuidados paliativos-; sumados otros elementos culturales como la necesidad de normalizar la muerte y el deseo de fallecer en la propia casa.

La luz... y las sombras

A primera vista, la función de las "doulas de la muerte" puede parecer adecuada y hasta loable: el acompañamiento humano en un trance tan delicado como los últimos momentos de la vida y la preparación para la muerte. Teóricamente es así. Y seguro que, además de la buena intención que podemos presumir en quienes asumen este papel -algunos de ellos sin propósito económico alguno-, hay personas que lo llevan a cabo de una forma aceptable.

Pero, a la vista de lo que cuentan las mismas "doulas", tras esa apariencia benéfica está el riesgo más que claro del aprovechamiento de esa situación de vulnerabilidad para manipular y someter a las personas, de manera que el acompañante se convierte en gurú y el cliente se convierte en adepto. Tanto quien va a morir como sus familiares y personas cercanas. Algo semejante a lo que nos dice la experiencia sobre las "doulas" del parto y la maternidad.

¿Qué diferencia hay entre las "doulas de la muerte" y otros tipos de acompañamiento en los últimos momentos (cuidados paliativos, asistencia religiosa...)? Que esta "doula" puede convertirse en la única referencia del cliente, en alguien que le da todas las respuestas, aislando a la persona de sus familiares o amigos, con un riesgo claro de manipulación y sometimiento. Veamos directamente lo que dicen sus protagonistas.

El orientalismo, imprescindible

En su empeño por ofrecer una "visión holística" del fallecimiento, las "doulas de la muerte" acostumbran a integrar ideas del hinduismo y del budismo para que la muerte no se entienda como un final de la vida, sino como una transición sagrada. De esta forma, asumen -al menos implícitamente, cuando no lo nombran de manera explícita- el concepto de samsara, ese círculo continuo de nacimiento, muerte y reencarnación propio del hinduismo. 

Lo normal es que, para convencer al moribundo y a sus seres queridos de que la conciencia de esa persona permanece tras la muerte, se apoyen en las cosmovisiones orientales y no en las propias del monoteísmo de base bíblica, por mencionar la otra gran opción posible. Es decir: se acepta como real la reencarnación, desechando la creencia en la resurrección de los muertos.

Una muestra clara de todo esto es que muchas "doulas de la muerte" reconocen la influencia que ha tenido en su formación El libro tibetano de la vida y la muerte, una obra de referencia del budismo tibetano contemporáneo escrito en los años 90 por Sogyal Rimpoché y con prólogo del Dalai Lama.

Otro ejemplo concreto: es habitual que estas "doulas" se esfuercen en crear alrededor de la persona moribunda un entorno de paz, desapego y aceptación. Algo perfectamente entendible, pero que responde a una convicción con un acento espiritual muy concreto: el ánimo, las emociones y los pensamientos de la persona en el momento de fallecer influirían en su destino posterior. Por eso también insisten en enseñar técnicas de respiración, visualización, relajación y meditación netamente orientales, que no sólo ayudarían a alejar los miedos del moribundo, sino también para que pueda "fundirse" con una "Luz Clara" o conciencia universal. 

Y encontramos estas ideas cuando intentamos conocer la motivación profunda que está en la llamada a cerrar asuntos pendientes que pueda tener la persona que está a punto de morir: así puede realizar este tránsito sin cargar -dicen- con el karma de las malas acciones, de forma que pueda tener una mejor reencarnación o, en el mejor de los casos, la liberación final a la que se aspira en Oriente (moksha para el hinduismo o nirvana para el budismo).

Una "nueva cultura de la muerte"

En otras ocasiones lo hindú y/o budista no aparece tan explícito, pero encontramos igualmente contenidos de tipo espiritual que contradicen el propósito teóricamente aséptico en lo religioso de las "doulas de la muerte". Por ejemplo, en España existe una red que agrupa a estas profesionales. En los textos que utilizan para explicar su misión aseguran ayudar a "morir de forma más consciente, natural y en conexión con la esencia profunda de cada persona", o a "vivir el morir de forma más consciente, natural y en conexión con la esencia profunda de cada persona", expresiones muy propias de la Nueva Era.

Las integrantes de la Red de Doulas de la Muerte también afirman que "en nuestro trabajo no representamos a ningún dogma ni sistema de creencias", de forma que "educamos y acompañamos sin imponer nuestras ideas". Pero es claro que tienen unas doctrinas muy determinadas que acaban impregnando toda su acción. No es casualidad que expliquen que su trabajo consiste en acompañar "a la persona y a su círculo cercano en todas las dimensiones posibles: emocional, espiritual, física, energética y relacional". La inclusión del término "energética" lo dice todo.

Predicadoras de la Nueva Era

Podemos encontrar una muestra de esto en una autora española, Ana Vidal Egea. Periodista y poeta, escribió el primer libro español sobre el tema (Cómo acompañar a morir. Una guía práctica para doulas del final de la vida y cuidadores) en 2022, año en el que también lanzó un podcast titulado "Hablemos de la muerte". 

En su página web -ya desaparecida- decía esto de sí misma: "Al enriquecimiento de mi formación y experiencia profesional han contribuido los Vipassanas que he realizado a lo largo de mi vida -retiros budistas de meditación en silencio-, mi relación con la medicina chamánica y mis conocimientos sobre reiki, a los que se suma mi investigación acerca de la muerte y viajes a diferentes continentes para conocer cómo es abordada desde diferentes culturas y religiones". 

Como puede observarse, en su peculiar curriculum vitae se dan cita, junto al orientalismo que ya hemos mencionado, otros ingredientes típicos en cualquier ensalada New Age, como son las pseudoterapias y el chamanismo. Además, como sucede con otras "doulas de la muerte", llega a abrir caminos a las prácticas espiritistas. Esto es lo que dijo en una entrevista en el diario El Mundo: "Como no es fácil hablar con los muertos, yo recomiendo escribir. Pero también hay quien se relaciona a través de los sueños".

Una experiencia que afirma ser 'sagrada'...

La antigua enfermera estadounidense Suzanne B. O'Brien se ha convertido en un referente mundial de las doulas de la muerte. En la presentación de su libro La buena muerte se dice que "está implicada en una campaña mundial para que la muerte vuelva a ser la experiencia natural y sagrada que una vez fue". Ella misma insiste en sus páginas en su deseo de "que este proceso de transición de la vida a la muerte sea una experiencia hermosa, sagrada y profunda para todos los involucrados". 

Una insistencia en el carácter "sagrado" del óbito que se encuentra en otros autores y que coincide con las repetidas referencias, en cualquier web dedicada a la posibilidad de morir en casa o de forma "natural", a la ritualidad. Por ejemplo, un portal especializado recomienda "crear un entorno sagrado" para esta transición vital. Así entonces la "doula de la muerte" se encargaría también de los "aspectos ceremoniales" del morir.

... con toda una ritualidad

Esa consideración del carácter sagrado de la muerte y la necesidad de configurarlo ceremonialmente la encontramos en otra figura de referencia internacional para estas "doulas": la británica Felicity Warner. Fundadora del Soul Midwives Trust, afirma que la muerte sería como una especie de "parto invertido", y enseña la idea de gentle dying (morir dulce o amablemente), para distinguirse del manido "morir dignamente". 

Con tal objetivo, propone una serie de prácticas con carácter ritual para acompañar ese momento vital. Sus rituales incluyen, en primer lugar, el uso de aceites que llaman 'sagrados', de origen vegetal, que tendrían una "alta frecuencia vibracional" y servirían así para calmar al moribundo, purificar el "umbral", sellar el cuerpo físico y "lubricar" el "viaje" que emprendería el alma. 

También es importante para estos convertir el lugar del fallecimiento -ya sea la habitación del hospital o la propia casa- en un espacio "sagrado", según sus términos. Una vez más, el objetivo no es sólo el más superficial de conseguir un ambiente sosegado y sin ruidos, sino el de evitar que cualquier molestia pueda "anclar" el alma al plano físico por miedos, impidiéndole la transición espiritual.

Otro elemento que destacan en su propuesta ritual, en relación con lo anterior, es la indicación de tener calma tras el momento de la expiración: frente a los protocolos habituales, que imponen una retirada casi inmediata del cadáver, Warner asegura que el alma tardaría unas 72 horas en abandonar totalmente el cuerpo. Esto se basa en algunas costumbres propias de las cosmovisiones orientales y en la convicción de algunas sectas esotéricas (como la Antroposofía). Sería un tiempo ideal, según la autora inglesa, para lavar y ungir el cuerpo, hablándole al fallecido para animarlo a que "siga adelante".

Una llamada de atención

Aunque la función de las "doulas de la muerte" parte de una intención legítima de normalizar y humanizar la muerte, puede derivar -como suele suceder en el entorno de las pseudoterapias New Age- en una "romantización" de la misma muerte -quitándole la importancia, como el carácter dramático y doloroso que tiene-, buscando propiciar más su propuesta de "muerte bonita", en plan zen o mindfulness

En definitiva: junto a muchas cosas buenas y "normales" que ofrecen estas particulares doulas (acompañamiento humano, asesoramiento legal, gestiones funerarias...), el lenguaje nos lleva a sospechar -y aquí lo hemos confirmado- que en algunos casos hay mucho más oculto: "herramientas holísticas", "dimensión energética" de la persona, "ritual ancestral de lavar, ungir con aceites esenciales" el cadáver, ceremonias... Todo un planteamiento esotérico que puede tener una deriva sectaria.