En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el segundo lunes de marzo, el Santo Padre afirmó que el verdadero cristiano no se detiene ante la primera gracia recibida, sino que siempre va adelante, porque busca la alegría de estar con el Señor.
 
«Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen». Es un reproche que, en el pasaje evangélico del día, Jesús dirige al funcionario del rey que sale a su encuentro en Galilea para pedirle que le cure a su hijo enfermo. La gente sabía que Jesús había hecho ya tantos milagros. Y Jesús parece perder la paciencia porque considera que el prodigio es lo único que cuenta para ellos. A lo que el Papa Francisco comentó:
 
“¿Dónde está su fe? ¿Ver un milagro, un prodigio y decir: ‘Pero, Tú tienes poder, Tú eres Dios’? Sí, es un acto de fe, pero pequeñito. Porque es evidente que este hombre tiene un poder fuerte; pero allí comienza la fe, pero después debe ir adelante. ¿Dónde está tu deseo de Dios? Porque la fe es esto: tener el deseo de encontrar a Dios, de encontrarlo, de estar con Él, de ser feliz con Él”.

El Señor nos llama

¿Y cuál es más bien el gran milagro que realiza el Señor? La respuesta a esta pregunta, dijo Papa Francisco, se encuentra en la primera lectura tomada del libro del profeta Isaías: “«He aquí, yo creo nuevos cielos y nueva tierra. Se gozará y se gozará siempre, de lo que estoy a punto de crear». El Señor atrae nuestro deseo a la alegría de estar con Él”.
 
“Cuando el Señor pasa por nuestra vida –prosiguió explicando el Vicario de Cristo- y hace un milagro en cada uno de nosotros, y cada uno de nosotros sabe lo que el Señor ha hecho en su vida, allí no termina todo: ésta es la invitación a ir adelante, a seguir caminando, ‘busquen el rostro de Dios’, dice el Salmo; busquen esta alegría”.
 
Por lo tanto, el milagro es la “invitación a seguir caminando”, puntualizó el Papa, y se preguntó qué pensaría Jesús de los tantos cristianos que se detienen allí, ante la primera gracia recibida: “Porque hay tantos cristianos detenidos, que no caminan; cristianos arenados en las cosas de cada día  – ¡buenos, buenos! – pero que no crecen, permanecen pequeños. Cristianos aparcados: se estacionan. Cristianos enjaulados que no saben volar con el sueño hacia esta cosa bella a la que el Señor nos llama”.

Arriesgar todo por buscar al Señor

El Papa prosiguió proponiendo una pregunta que cada uno de nosotros puede hacerse: “¿Cómo es mi deseo? (…) ¿Busco al Señor así? ¿O tengo miedo, soy mediocre? (…) ¿Cuál es la medida de mi deseo? ¿El antipasto o todo el banquete?”

Y concluyó animando a: “Custodiar el propio deseo, no acomodarse demasiado, ir un poco adelante, arriesgar. El cristiano verdadero se expone, sale de su seguridad”.
 
Homilía del Papa en Santa Marta
 
 
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