"Incluso los poderes demoníacos hostiles al hombre, quedan impotentes frente a la íntima unión de amor entre Jesús y los que lo acogen con fe”.
 
Lo dijo Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada la mañana del pasado 4 de noviembre, en la Basílica vaticana en recuerdo de los cardenales y obispos fallecidos durante el último año (125).
 
“Nuestros pecados están en las manos de Dios"; pero esas manos "son misericordiosas, manos plagadas de amor", agregó el Pontífice, afirmando que la esperanza de la fe tiene su centro en Cristo, manifestación omnipotente del Amor de Dios…
 
“«Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor»”, puntualizó Papa Francisco evocando esas palabras de san Pablo, en las que el Apóstol presenta el amor de Dios como el motivo más profundo e invencible de la confianza y de la esperanza cristiana.
 
El Vicario de Cristo, puso de relieve que sólo el pecado puede interrumpir estos lazos, pero también en este caso Dios busca al hombre para sanar esa unión que perdura después de la muerte:
 
“Esta realidad del amor fiel que Dios tiene para cada uno de nosotros nos ayuda a afrontar con serenidad y fortaleza el camino de todos los días, que a veces es también lento y cansador. Sólo el pecado del hombre puede interrumpir este vínculo, pero incluso en este caso, Dios siempre buscará al hombre para restaurar con él una unión que perdura también después de la muerte. Aún más, una unión que en el encuentro definitivo con el Padre llega a su culmen. Esta certeza le da a la vida terrena un nuevo y pleno significado y nos abre a la esperanza para la vida más allá de la muerte”.
 

Fuente: News.va
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