Hace unos días ha llamado la atención la noticia de que en México los mormones entregarán alimentos a más de 38.000 familias necesitadas “a través de la estructura que tiene la Iglesia Católica a lo largo y ancho de la república mexicana”, según informaba el semanario católico español Vida Nueva. El procedimiento consiste en que “los recursos donados serán entregados a la red de Cáritas diocesanas”.

Como sucede siempre, los representantes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD) –nombre oficial de la secta– se hicieron las fotografías de rigor con los encargados de Cáritas y de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social de los obispos mexicanos –ya que Cáritas no es una ONG al uso, sino la expresión organizada de la caridad de la Iglesia Católica–. Los mormones aludieron al “amor puro de Cristo”.

Éste es sólo el último y más sonado episodio de algo que se está repitiendo especialmente con ocasión de la pandemia del coronavirus: la IJSUD se asocia con la Iglesia Católica para ayudar a los más vulnerables. Por ejemplo, dos meses atrás los mormones hacían lo mismo en Paraguay, donando recursos a la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Asunción. En el acto estuvo presente el arzobispo, monseñor Edmundo Valenzuela. Muchas personas aprueban estos acuerdos, ya que en el fondo -dicen- no buscan más que ayudar a los necesitados. Pero es bueno que conozcamos el trasfondo de la cuestión.

Cuando su líder visitó al papa Francisco



Sin duda alguna, el momento de mayor visibilidad de una concordia entre católicos y mormones se dio en 2019, con motivo de la inauguración en Roma de un templo de la IJSUD. Cabe señalar que los templos mormones, a diferencia de sus capillas locales, sólo están abiertos, una vez que se han dedicado, a los adeptos de la secta que cumplan una serie de requisitos y tengan la autorización expresa de su “obispo”, ya que allí se llevan a cabo ritos especiales y reservados.

El 9 de marzo de 2019, el papa Francisco recibió en audiencia privada al presidente de la IJSUD, Russell M. Nelson. Por primera vez en la historia, un obispo de Roma se encontró con el líder de la secta fundada en 1830 en EE.UU. por Joseph Smith, quien consideraba haber restaurado la verdadera Iglesia de Cristo, prácticamente desaparecida desde el siglo IV. Se trató, como hemos dicho, de una audiencia privada, de la que la Santa Sede no dio a conocer contenidos ni fotos; simplemente comunicó que tuvo lugar en su boletín informativo. Sin embargo, los mormones se encargaron de hacer una gran publicidad del encuentro a posteriori.

En realidad, por parte del Pontífice, se trató de un gesto de acogida y cortesía con el máximo responsable de una organización religiosa que agrupa a 16 millones de personas en el mundo. Pero algunos analistas fueron más allá al considerar, como hizo el profesor de estudios religiosos Mathew Schmalz, que el encuentro significaba que “mormones y católicos están empezando a conocerse mutuamente como cristianos”. Porque, como veremos más adelante, los mormones no son cristianos. Y aquí está la clave fundamental para interpretar sus intentos de acercamiento a la Iglesia Católica.

A la caza de los registros sacramentales



Una de las actividades por la que los mormones son más conocidos en el mundo es su impresionante labor de investigación genealógica, realizada a través de la Sociedad Genealógica de Utah, una empresa fundada por la secta en 1894 y que actualmente da a conocer su trabajo en la página web Family Search. La IJSUD dedica importantes recursos personales y económicos a digitalizar –antes microfilmaba– registros de población de todo el mundo, archivando esas copias en la Bóveda de la Montaña de Granito, un gran búnker excavado en la roca, muy cerca de Salt Lake City.

Además de firmar acuerdos con registros civiles para digitalizar padrones, inscripciones de nacimientos, matrimonios y defunciones en las administraciones públicas de todo el mundo, los mormones también lo han intentado –y en ocasiones lo han conseguido– con los archivos parroquiales católicos, una fuente fundamental para la investigación histórica y genealógica, ya que la obligación para las parroquias de llevar el registro detallado de bautismos, matrimonios y funerales data del siglo XVI.

La ingenuidad y buena voluntad de algunos obispos y sacerdotes motivó que en ciertos lugares se abrieran dichos registros sacramentales a la empresa mormona. Por eso la Santa Sede tuvo que intervenir en varias ocasiones prohibiendo ceder los datos archivados a la IJSUD. La última vez fue en 2008, cuando el entonces prefecto de la Congregación para el Clero, el cardenal Claudio Hummes, escribió una carta a todas las conferencias episcopales del mundo para dar a los obispos la indicación de “no consentir, en su respectivo territorio, la susodicha práctica por ser lesiva a la privacidad de las personas” y porque “se cooperaría con las prácticas erróneas” de la IJSUD.

¿A qué prácticas se refiere? A las que están en la raíz de esta búsqueda incesante de material genealógico: el llamado “bautismo por los muertos”, que consiste en que los adeptos del mormonismo acuden al templo para recibir un bautismo “vicario” cuyos efectos recaerían sobre sus antepasados. De esta forma, según su extraña escatología, dichos antepasados se convertirían en mormones –ya que no lo fueron en vida– y podrían “ascender” en el cielo, llegando a ser dioses. Poco a poco, vamos viendo cómo asoma la verdadera doctrina del grupo.

Su bautismo: inválido



Todo esto nos lleva a otro punto fundamental para discernir si la IJSUD es una confesión cristiana. Los mormones aseguran creer en la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y bautizan en agua con la fórmula trinitaria, con la intención de integrar a la persona en la comunidad creyente. A primera vista, se dan los requisitos formales que pone la Iglesia Católica para reconocer como válido el bautismo administrado en otras confesiones cristianas. Por lo tanto, el bautismo mormón parece aceptable.

Pero la realidad no es así: en 2001, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un breve documento firmado por su entonces prefecto, el cardenal Joseph Ratzinger, donde se respondía a la siguiente pregunta: “¿Es válido el bautismo conferido en la comunidad llamada ‘La Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día’, conocida generalmente como ‘mormones’?”. La respuesta: “no”.

Obviamente, a mucha gente le extrañó una postura oficial aparentemente tan cerrada. Por eso hubo que publicar en L’Osservatore Romano sendos comentarios detallados desde el punto de vista teológico (a cargo del P. Luis F. Ladaria) y canónico (escrito por el P. Urbano Navarrete). Ladaria –actualmente cardenal prefecto de Doctrina de la Fe– reconocía que “esta decisión cambia la práctica del pasado de no denegar la validez de tal bautismo”, y veía necesario aclarar las cosas, ya que en la Historia de la Iglesia “los errores de índole doctrinal no han sido suficientes para denegar la validez del sacramento del bautismo”.

Según Ladaria, “en el siglo XX la Iglesia Católica adquirió un conocimiento más profundo de los errores trinitarios” de la IJSUD. Lo que lleva a pensar que en la fórmula del bautismo mormón “no hay una verdadera invocación de la Trinidad”, ya que para ellos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son “tres dioses que forman una divinidad. Cada uno es diferente del otro”. Y no sólo eso: “Dios Padre es un hombre exaltado, natural de otro planeta, que ha adquirido su status divino por una muerte parecida a la humana, camino necesario para la divinización”. Más aún: “Dios Padre ha tenido parientes… Dios Padre tiene una mujer, la Madre celeste”. Y ambos han engendrado al Hijo y al Espíritu Santo, según la doctrina mormona.

Mimetismo… y engaño



El artículo de Ladaria aclara que la decisión sobre la invalidez del bautismo mormón “no indica un juicio sobre las personas” que forman parte de la IJSUD. También reconoce que “católicos y mormones a menudo se han encontrado para trabajar juntos sobre una serie de problemas del bien común de toda la humanidad”, esperando un progreso “en la comprensión recíproca y en el mutuo respeto”. Ámbitos como la ayuda a los pobres y la promoción del respeto a la familia y la vida humana son algunos de los habituales en esta cooperación y encuentro.

Sin embargo, los católicos debemos ser cautos ante los mormones. Los elementos que hemos repasado en este artículo nos muestran el deseo incesante que tiene esta secta de aparecer junto a la Iglesia Católica como una confesión cristiana más, cuando la realidad es muy distinta. Y no sólo es muy distinta, sino que no la reconocen, en una hábil estrategia de engaño doctrinal sutil. ¿Es posible el diálogo de católicos y mormones? Sí, por supuesto. Pero debe quedar claro que se trata de diálogo interreligioso y no de diálogo ecuménico, porque no son cristianos.

Además, hay que ser conscientes de su permanente carácter proselitista, fundamentado en ese engaño. Como explica Vicente Jara, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y autor, junto con Jorge Núñez, del libro Los mormones. ¿De verdad sabes quiénes son?, “una secta es un grupo social depredador que practica el mimetismo y el señuelo”. Algo que puede verse perfectamente cuando se estudia con detalle la IJSUD, como han hecho los dos investigadores en su obra.

¿La Iglesia de Jesucristo?

En 2018, el presidente mormón Nelson afirmó haber recibido un nuevo mensaje de Dios –algo normal para una secta que considera abierta la revelación–: “El Señor nos ha dicho cómo se llamará su Iglesia”. Así, desde entonces ya no quieren que el mundo se refiera al grupo como IJSUD, sino simplemente como “la Iglesia de Jesucristo”. Y no debería hablarse de mormones –un término que nunca les ha gustado–, sino de “miembros de la Iglesia de Jesucristo”. Y la cuestión quedaba así zanjada, ya que, como dijo otro dirigente mormón (uno de sus “Doce Apóstoles”), “el Señor ha hablado con el presidente”.

Vicente Jara explicaba entonces en un artículo que la decisión responde a que “quieren ser vistos como cristianos, y aquí radica la peligrosidad de esta actuación que ahora quieren visibilizar y enfatizar mucho más dejando de usar el nombre ‘mormones’.  Se irán modificando todos los documentos, tanto de papel como digitales, para erradicar este uso, tal y como han afirmado”. De hecho, en algunos medios de comunicación ya se ha empezado a utilizar esta denominación, con la confusión que trae consigo.

Por parte de la doctrina católica, las cosas están claras a este respecto: en el Concilio Vaticano II se recordó que “la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro Salvador, después de su resurrección, encomendó a Pedro para que la apacentara, confiándole a él y a los demás Apóstoles su difusión y gobierno, y la erigió perpetuamente como columna y fundamento de la verdad… establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él” (Lumen gentium, 8).

 
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