Señor director:

En su conjunto, las indicaciones al proyecto abortista del gobierno chileno -ingresadas al 31 de marzo de 2017 por algunos miembros de la coalición política oficialista llamada “Nueva Mayoría”-, van en la dirección equivocada; toda vez que menoscaban aún más y gravemente el derecho a la vida.
 
En efecto, ampliar los plazos a 18 semanas de embarazo significa más abortos. Disminuir la edad, significa más desprotección para la mujer frente a los embarazos no deseados. Exigir más requisitos para la objeción de conciencia, significa rechazarla. Por último, los argumentos de mal formación congénita, alteración genética o patologías adquiridas, son una clara demostración a favor de una ley de aborto libre, donde por ejemplo los niños con síndrome de Down serían eliminados; y donde la mujer -argumentando peligro presente o futuro y daño grave para su salud-, terminará ejerciendo aborto libre a petición, argumentando una causal genérica.

¿Cómo será posible aquello? Pues en ese concepto abierto de “daño a la salud” caben -aunque no lo digan- las razones psicológicas en todo su espectro. Es esto, justamente, lo que abrió el aborto libre a todo evento en España cuando al rechazar la petición de aborto, las mujeres amenazaron con suicidarse. Lo cual, obviamente, es poner en peligro su salud justificando, a través de un resquicio, el asesinato de un inocente.
 
En conclusión, triste noticia para Chile, la mujer-madre y la vida de los hijos que están por nacer.


 
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