Ayer 31 de agosto bloquearon en la frontera bielorrusa al arzobispo católico metropolitano de Minsk-Mogilev, Tadeusz Kondrusiewicz. El prelado regresaba al país luego de una visita de pocos días a Polonia, donde había participado en algunas celebraciones en honor a la Virgen de Częstochowa. El mismísimo Kondrusiewicz comunicó a Radio Svoboda que fue detenido en el puesto fronterizo de Kuznitsa Belostokskaja, a pocos kilómetros de su pueblo natal, Grodno, y que los guardias de frontera le impidieron regresar a su patria.

A través del sitio catholic.by, los católicos de Bielorrusia piden rezar por su obispo metropolitano; “En un momento difícil para todos nosotros, movilicémonos con la oración, manifestemos una solidaridad especial y sostengámonos mutuamente en cada situación, ya que somos de una misma y gran familia”. 

Según los trascendidos difundidos por la agencia de noticias Asia News el dictador de Bielorrusia, Aleksandr Lukašenko, declaró que el metropolitano “terminó en una lista de personas non gratas, que comparten Rusia y Bielorrusia”. Se trata de un acuerdo entre los dos países, para impedir el paso de sujetos indeseables desde la primera frontera occidental del “mundo ruso”. Lukašenko dijo “no contar con todas las informaciones”, ya que cambian todo el tiempo. “Nosotros ahora verificamos con mucha atención a todos los que entran y salen del país”, puntualizó. 

Lukašenko afirmó -señala Asia News- que el líder de la Iglesia Católica bielorrusa habría salido del país “inesperadamente” para “recibir directivas particulares” en Polonia, y que cuando regresó a Bielorrusia había quedado en la lista de sujetos indeseados. De sus palabras se podría suponer que Kondrusiewicz tenía una misión de espionaje (razón que motivaría su presencia en la lista común de indeseados en ambos países). Pero lo cierto es que el metropolitano de Minsk participó en algunas celebraciones marianas en Częstochowa.

“No es el único que está en la lista, pero él es una persona muy conocida”, dijo Lukašenko, y agregó que a Kondrusiewicz se le atribuirían múltiples nacionalidades, pero no precisó cuáles. En efecto, cuando era obispo de Moscú, mons. Kondrusiewicz poseía un pasaporte ruso, que no constituiría un problema para regresar a Bielorrusia; otro sería el discurso si se tratase de un pasaporte polaco o vaticano. 

“Para nosotros, no cuenta si es el líder de los católicos, de los ortodoxos o de los musulmanes; lo importante es que esté en regla, conforme a la ley. Por cierto, si te entrometes en la política y tratas de influenciar a los creyentes, es decir, a los católicos - que son personas magníficas - entonces tu responsabilidad es doble”, continuó Lukašenko, y agregó: “nosotros no cerramos las iglesias católicas, al contrario; intentamos ayudarlas y protegerlas. Ya vieron lo que sucedió en la plaza de la Independencia, aunque luego hayan difundido una fake news, como si nosotros hubiéramos prohibido el ingreso a la iglesia”, afirmó el dictador. 

El encargado de la oficina de información de la Iglesia ortodoxa en Bielorrusia, el sacerdote Sergij Lepin comentó -según informa Asia News- que era “extraño e incomprensible” el episodio de la negativa de ingreso de Kondrusiewicz. Expresó su deseo de que se llegue “a una solución positiva en esta situación que se ha creado de forma inesperada” y aseguró “el apoyo fraterno a toda la comunidad católica de Bielorrusia”. Lepin también dijo que su deseo es que “no se cree una contraposición confesional en nuestro país, ya que algunos agitadores quisieran abrir este frente… como telón de fondo de este exceso de habladurías y de incesantes profecías, lo que se percibe es una gran falta de amor,”, escribió Lepin en su blog.

 
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