Con argumentos contrarios a una ética razonable, quienes apoyan el negocio de la llamada “maternidad subrogada” -vientres de alquiler-, están logrando silenciar los daños que mediante este procedimiento se causan a esas madres sustitutas y también a los bebés que gestan.
 
Algunos medios de comunicación cómplices -coludidos con intereses políticos y comerciales de quienes se benefician del negocio- difunden sin filtro ético las historias en apariencia felices de las celebridades que obtienen hijos por ese medio. Para lograr el objetivo de moldear conductas, les otorgan mayor cobertura que a la información científica crítica.
 
El negocio tiene rostro de “celebridades”
 
Hace pocas semanas los medios informaban que Kim Kardashian y Kanye West -al igual que hicieron con su tercer hijo- habían recibido un cuarto bebé gracias a un vientre de alquiler. La noticia de que la madre rentada iba camino al hospital fue publicitada en vivo por algunos medios de la televisión norteamericana. Un buen respaldo para presentar la maternidad subrogada como algo maravilloso y hermoso. Tal cual en su momento lo hicieran Elton John y Ricky Martin (pulse aquí para leer: "Detrás del aura de felicidad que muestra Elton John hay una industria que compra y vende bebés").
 
Por cierto, John, Martin, Kardashian y sus amigos del negocio nada dicen de lo que estudios científicos advierten sobre la “maternidad subrogada”. Sumada la publicidad de los medios de comunicación, esto incide en que muchas jóvenes, pobres, siguen siendo usadas por la industria. Así fue como el 8 de octubre de 2015 Brooke Brown, una de esas madres sustitutas, murió en Estados Unidos por complicaciones relacionadas con ese tipo de embarazo. Había recibido un pago por tener gemelos para una pareja de España, donde la gestación subrogada es ilegal. Este había sido un embarazo sin complicaciones; Brooke estaba a sólo un día de una cesárea programada. Pero luego sufrió desprendimiento de placenta (la separación prematura de la placenta del útero), que resultó fatal. Los gemelos también murieron.
 
¿Por qué ante las pruebas de la ciencia y los reparos de la ética, no detienen a esta industria multimillonaria de la maternidad subrogada (vientres de alquiler) quienes tienen el poder de legislar u oponerse mediante objeción de conciencia por ejemplo?
 
El principio que obliga a los profesionales de la medicina a salvar vidas, a no hacer daño, parece relegado por la rentabilidad del negocio. Se permite así -analiza un reciente artículo en The Public Discourse- “que mujeres sanas se involucren en procedimientos totalmente electivos y médicamente riesgosos que no las benefician de ninguna manera, que pueden perjudicarlas y llevarlas a la muerte”. También a los bebés que han gestado.
 
Estudios científicos: riesgo para la vida
 
En diciembre de 2017, un estudio de la revista Fertility and Sterility comparó el embarazo "espontáneo" (es decir, "regular") con el embarazo de sustitución concluyendo que: “Los neonatos nacidos de embriones por encargo y portados por madres sustitutas han presentado mayores situaciones perinatales adversas; incluidos el parto prematuro, el bajo peso al nacer, la hipertensión, la diabetes gestacional materna y la placenta previa, en comparación con los concebidos de forma espontánea y portados por la misma mujer. Nuestros datos sugieren que los procedimientos de reproducción asistida pueden afectar potencialmente la calidad del embrión y que su impacto negativo no puede superarse ni siquiera con un ambiente uterino saludable comprobado”.
 
El Dr. Allen Merritt, perinatólogo del Centro Médico Loma Linda (California, USA) analizó todos los partos de mujeres que alquilaron sus vientres -comparadas con las que concibieron y gestaron de forma natural-, atendidas en su Centro Médico entre 2012 y 2013. El reporte publicado en World Journal of Obstetrics and Gynecology destaca que “los costos de maternidad de las madres sustitutas superan a los de quienes conciben de manera natural”; siendo estos costos -agrega- especialmente elevados además porque estas mujeres que prestan sus vientres a terceros para concebir “por fertilización asistida” suelen “parir trillizos y tener partos múltiples”. ¿Por qué son tan altos estos costos y por qué son tan largas las estancias en el hospital? Porque estos son embarazos de alto riesgo, concluye.
 
Sobre esto, el pasado febrero de 2019 se publicó en el American Journal of Obstetrics and Gynecology un informe científico titulado: "Risk of Severe Maternal Morbidity by Maternal Fertility Status: a U.S. Study in Eight States". El estudio comparó los embarazos de seis grupos de mujeres: un grupo que no tenía problemas de fertilidad (llamado simplemente "fértil"); uno que se sometió a tratamientos para la infertilidad; y cuatro que tuvieron hijos concebidos por fertilización in vitro (FIV).
 
El estudio es significativo por el tamaño de la muestra: examinó 1.477.522 embarazos y nacimientos. En segundo lugar, porque los resultados son bastante inquietantes en particular para las madres -que alquilando sus vientres quedan embarazadas con óvulos de donante- y los bebés que nacen de ellas. “Los riesgos de morbilidad materna grave aumentan” -alertan- en los partos de los nacidos por fertilización in vitro, especialmente en los embarazos con ovocitos provenientes de donante, concluye el estudio.
 
Entre otros aspectos, detallan que los niños concebidos por FIV fueron más propensos a requerir la unidad de cuidados intensivos neonatales. Además, los niños concebidos por FIV de óvulos de donantes tuvieron las tasas más altas de ingreso a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, y sus madres sustitutas tuvieron las tasas más altas de ingreso a la UCI (unidad de cuidados intensivos).
 
 
 
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