La realidad es que sí hay mujeres en la cárcel por culpa del aborto, pero no por defenderlo o haber matado a su hijo o ayudado a ello, sino más concretamente por oponerse a él. Es el caso de Mary Wagner. Mary pisó la cárcel por primera vez a sus 23 años. La condena le cayó encima por repartir rosas y tarjetas a mujeres que acuden a centros abortistas.
 
La de estos días es su sexta detención desde que en el año 2000 decidiera dedicarse a tiempo completo a intentar salvar vidas evitando abortos. Mary Wagner, una de las activistas provida más conocidas de Canadá y del mundo, se encuentra de nuevo en prisión.

Dar hasta que duela

En esta ocasión el arresto se produjo el pasado 12 de diciembre cuando Wagner acudió a la clínica abortista situada dentro del complejo comercial Bloor West Village, en el centro de Toronto.

Como es habitual, la activista acudió con la intención de persuadir a alguna madre de que no matase a su hijo, pero pronto aparecieron dos agentes de Policía para indicarle que, si no se retiraba, tendrían que arrestarla de nuevo.

Poco tardó Wagner en volver a la clínica a pesar de la amenaza, lo que le ha valido una nueva estancia en prisión y una acusación de daños por valor de casi 5.000 dólares (unos 4.500 euros), según informan Life Site News y diario Actuall.

Durante el juicio, Mary Wagner, que rechazó al abogado de oficio y decidió defenderse a sí misma, reconoció que la fecha que escogió para acudir a la clínica no fue casual, pues se trataba del día de la Virgen de Guadalupe, para muchos patrona de los no nacidos.

Su defensa del ser humano

Hay mucha gente que no entiende la reiterada actitud de esta activista provida, sobre todo porque cumpliendo una serie de normas, como protestar a más distancia de las clínicas abortistas, podría evitar la cárcel, pero desde hace años Wagner dejó clara su postura con una carta que se publicó en varios medios:

“La gente a menudo me han preguntado si no podía simplemente quedarme fuera de la zona en la se me ha prohibido entrar, y de esa manera, evitar el arresto. Pero cuando me plantean esta cuestión se olvidan algo: los niños que ese día van a ser asesinados no tienen a nadie que vaya a luchar por ellos. ¿Vamos a dejar de acudir a la clínicas y abandonarlos a ellos y a sus madres por obedecer una restricción inmoral impuesta por las autoridades?”.

Si pensamos simplemente en que podemos ser arrestados o no, perdemos de vista a Cristo, escondido en ‘el angustiante disfraz de los pobres’. Unos niños tan pobres que no podemos ni verles ni escucharles”.
 

A mediados de agosto de 2013 el Cardenal Oswaldo Gracias, arzobispo de Bombay, visitó a Mary en la Centro Penitencial para Mujeres Vanier, donde pudo celebrarle misa. "Hablando con Mary me ha quedado claro que tiene una misión (…) es la voz del niño no nacido, el abogado de sus derechos", declaró el cardenal, quien quedó convencido de la utilidad de lo que Mary está haciendo, incluso ahí desde la cárcel. Al respecto dijo que su lucha "no es un ejercicio innecesario para combatir molinos de vientos. Incluso si la gente podría dudar de la eficacia de su elección, ella misma ha narrado la historia de muchas personas que, influenciadas por esa decisión, no fueron a abortar. El hecho de que esto, inmediatamente, haya mostrado sus frutos, quiere decir que vale la pena. Incluso si sólo hubiera salvado una sola vida, habría valido la pena".

 
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