La Copa Mundial de la FIFA es uno de los eventos deportivos internacionales más esperados y se estima que en la edición del 2018 sea seguida por decenas de millones de telespectadores.

Han pasado ya más de 50 años desde que Inglaterra, inventora del fútbol, ganó por última vez un gran torneo internacional de fútbol. Pero si bien los ingleses inventaron el juego, no fueron ellos los creadores de la Copa Mundial. Pocos saben que fue un católico francés quien fundó este torneo. Se trata de Jules Rimet, nacido el 14 de octubre de 1873 en la aldea francesa de Theuley.
 
Cuando era niño Jules sirvió como monaguillo en la iglesia local y a los diez años partió rumbo a París, donde su familia buscaba una oportunidad para tener una mejor calidad de vida en medio de la crisis económica.
 
Según informa el Catholic Herald, cuando en 1891 el Papa León XIII difundió su encíclica “Rerum Novarum”, el joven Rimet y sus amigos se sintieron interpelados por la preocupación del Pontífice ante la miseria en la que vivían las clases trabajadoras y la falta de reformas laborales. Inspirados por el texto, el muchacho y sus compañeros fundaron una organización católica para brindar asistencia social y médica a los más pobres. Incluso ya convertido en un exitoso abogado, Rimet continuó realizando obras de caridad.
 
El joven francés también amaba los deportes y tenía la firme convicción de que estos unían a la gente más allá de la raza y la clase social. A los 24 años fundó un club deportivo llamado “Red Star”, abierto a cualquier persona sin importar su condición económica. “Los hombres podrán reunirse en confianza sin el odio en sus corazones y sin un insulto en sus labios”, solía decir cuando compartía su visión de los deportes.
 
En ese entonces, el fútbol era aún menospreciado porque se le consideraba un deporte propio de la clase baja y de los ingleses. Sin embargo, Rimet decidió incluirlo en su club. En 1904 el abogado francés ayudó a fundar la Fédération Internationale de Football Association (Federación Internacional de Fútbol Asociación o FIFA). Quiso organizar un torneo internacional, pero el inicio de la Primera Guerra Mundial retrasó sus planes. Rimet participó en el frente de combate durante cuatro años y fue galardonado con la Cruz de Guerra, una condecoración militar francesa otorgada a quienes se distinguieron por sus actos de heroísmo.
 
Tras el final de la guerra, Rimet se convirtió en presidente de la FIFA en 1921 y permaneció 33 años en el cargo, el periodo de mandato más largo en la historia de la federación.


 
Los valores del Evangelio, fuente de sus ideales sobre el deporte, lo motivaron a crear en 1928 la Copa del Mundo, que se jugó dos años después por primera vez en Uruguay. Jules Rimet llevó consigo hasta Sudamérica el trofeo que llevó su nombre hasta 1970, cuando el diseño de la copa fue cambiado por el que se entrega hasta la actualidad (ver en imagen adjunta -Jules a la izquierda- la copa original que fue robada y fundida en Brasil).
 
El abogado católico lideró la FIFA hasta 1954 y en 1956 fue nominado al Premio Nobel de la Paz por haber fundado la Copa del Mundo. Falleció en Francia en 1956 a la edad de 83 años. En el libro “Una Historia del Fútbol en 100 Objetos”, Yves Rimet, su nieto, lo recordó como un “humanista e idealista, quien creía que el deporte podía unir al mundo. Comparado con la gente de su tiempo, él se dio cuenta de que para ser verdaderamente democrático y para comprometer realmente a las masas, el deporte internacional debía ser profesional”.

En una entrevista concedida al periódico The Independent en el año 2006, Yves afirmó que su abuelo “se habría sentido decepcionado al ver que en la actualidad el fútbol se ha convertido en un negocio dominado por el dinero. Esa no era su visión”.



Fuentes: Ewtn y Catholic Herald

 
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