Madre Agnés Mariam de la Croix, hoy Carmelita Descalza, hija de padre palestino oriundo de Nazareth y de madre libanesa, se convirtió al cristianismo a los 19 años de edad.

El año 2013 su nombre se hizo mundialmente conocido al dar argumentos ante Naciones Unidas que ponían dudas respecto de que el gobierno del presidente sirio Bachar al-Asad fuere el responsable de los ataques con gas el 21 de agosto de ese año en Damasco.

Por su testimonio, entrega e incesante gestión para implementar acciones humanitarias que han beneficiado a miles de personas en las zonas de conflicto es una “Madre” querida por las víctimas de la barbarie en Medio Oriente. Fue asimismo nominada al Premio Nobel de la Paz y participa en diversos organismos internacionales que acompañan procesos que favorecen el diálogo y reencuentro en zonas de conflicto.

La siguiente entrevista con Portaluz fue realizada pocas horas antes del reciente ataque de Estados Unidos a Siria. Ella se encontraba entonces en Líbano…

 
Madre Agnés Mariam, esta primera semana de abril al-Asad vuelve a ser acusado de realizar un ataque químico el día 4 del mes, esta vez sobre la localidad de Jan Shijún causando decenas de muertos. ¿Tiene alguna información respecto de quienes serían los responsables de lo ocurrido en Jan Shijún?  
Primero, yo no he tomado ninguna posición concerniente al responsable del ataque químico del año 2013; ni he dicho si había un ataque o no. Me he limitado a estudiar los videos y he concluido con pruebas determinantes que los videos eran creados artificialmente, que eran falsos. Nadie ha podido contradecirme, ni siquiera el experto en armas químicas del Ministerio de Asuntos Exteriores de los Estados Unidos, por quien fui recibida. Él me ha dicho que ellos tenían otras pruebas, pero no puso en duda las pruebas que yo concluí. Luego muchos expertos y también miembros de las Naciones Unidas, concluyeron era imposible que fuera el ejército sirio quien tiró esos cohetes (ataque químico).
Por lo que concierne a los nuevos ataques químicos (del pasado 4 de abril) yo me fío de la declaración del Ministerio de Defensa ruso respecto a que el estado mayor conjunto (de la aviación ruso-siria) ordenó tirar misiles sobre un depósito de armas y no se sabía que allí había armas químicas. Yo no pongo en duda que haya víctimas. Pero me sorprende la gran producción propagandística (de los medios de comunicación) muy poco fiable, precisamente en la vigilia de las negociaciones de paz en Bruselas, que tenían que concluirse con un acuerdo de cesar el fuego para emprender el camino a una resolución pacífica del conflicto.
 
¿Cree que el ataque tuvo la intención de boicotear el acuerdo de paz?
Yo no soy un adivino. Pero de la manera que actúan, atacando comunicacionalmente de inmediato -haciendo propaganda con este ataque-, quiere decir que hay una voluntad de tomar provecho de un incidente militar para acusar, demonizar al adversario.

¿Usted es miembro de las Carmelitas Descalzas desde el año 1971?
Sí.

En occidente suele asociarse a una Monja Carmelita Descalza con alguien que batalla por Cristo, viviendo en un monasterio y dedicada a la oración, la vida contemplativa. Pero usted ya desde hace años ha tomado un rol en lo público, en el debate internacional ¿Es la suya una nueva propuesta para vivir la espiritualidad carmelitana?
(Sonríe) Primero, yo soy una Carmelita Descalza; pero en el año 2000 terminé lo que se llama una exclaustración, para poder fundar en Siria  el Monasterio de Mar Yacub, un Monasterio Oriental. Tenemos unas constituciones, una regla diferente a la del Carmelo, aunque nos inspiramos profundamente en la espiritualidad carmelitana. Como fundadora he tenido que ir y venir. Desde que estalló el conflicto en Siria, apenas un año después, por las serias amenazas (condenada a muerte por el Estado Islámico) que han pesado sobre mí me vi obligada -junto a mi ayudante, la hermana Carmen-, a trasladarnos hasta Líbano. Fue para nosotras una prueba, pero durante el conflicto nos dedicamos a servir con una obra humanitaria que se ha expandido y también a estar junto al pueblo sirio que sufre. Con el apoyo de mi comunidad -que permanece cien por ciento contemplativa- nos hemos dedicado a muchas cosas, pero eso no ha cambiado el carisma de nuestro Monasterio.

¿Cómo logra mantenerse espiritualmente firme alguien que –como usted- a diario y por años convive con la barbarie de la guerra?
Mire, el Carmelo y particularmente el Carmelo de Harissa fundado por madres españolas, me enseñó durante 22 años a regir mi pensamiento y mi interior. Ese es un capital muy importante para cualesquier persona que tiene fe. Fe para vislumbrar en sí misma ese pestañazo de vida eterna, de vida divina. El ejercicio de la vida contemplativa y de la clausura, crea en mí bases como sobre roca. Uno se arraiga en su interior a Jesucristo y trata de vivir bajo el soplo de su Espíritu Santo. Esto no cambia. Yo me voy y vuelvo pero dentro de mí no hay distancia, no hay cambio.

En su camino con Cristo -como otras mujeres y hombres de fe ya lo han vivido- habrá experimentado la llamada ‘noche oscura del alma’ ¿Ha sentido alguna vez que Dios abandonó a Siria y a otros territorios del mundo donde la violencia se expande?
Yo creo en Jesucristo el Cordero de Dios que carga el pecado del mundo, que ha venido a salvarnos entrando en nuestra noche. Él es luz en nuestra noche, entrando y bajando a nuestro infierno. Estamos ahora en la última semana de la Santa Cuaresma y vamos a vivir la Pasión y la Pascua. Ese paso de Cristo por la muerte. Él ha bajado a nuestro infierno y ese concepto de bajar al infierno es central en Oriente. El ícono de la resurrección en Oriente no es Cristo que sale fuera de la tumba, sino Cristo que baja al infierno; es allá donde se realiza la victoria total. Enfrentarse con el Infierno, con nuestro infierno, con el infierno del pecado, el infierno de la violencia, el infierno que cada hombre o cada mujer crea en sí mismo y su entorno cuando se aleja de Dios… cuando se aleja de sí misma… cuando se aleja de sus hermanos y hermanas; también el infierno que es creado por la colectividad humana por falsas intenciones, por lucro, por todo lo que se puede mencionar que está a la raíz de la intención de destrucción, del apoderarse de los recursos de los demás; creamos nuestros infiernos. Enfrentarse a estos infiernos sin Jesucristo nos lleva a la desesperación. Enfrentarse a esos infiernos con Jesucristo, es -como dice usted- una manera de purificación pasando por la noche oscura con estadios, con luceros de esperanza señalando que más temprano que tarde vamos a llegar a la liberación completa. La liberación completa, ya lo sabemos, no es una liberación temporal, no es una liberación terrena; es una liberación escatológica. Esta es la esperanza que me anima.

¿Hermanas Agnes reza, ofrece sacrificios por la conversión de los terroristas del Daesh, del Estado Islámico?
(Ríe) Para decir la verdad no. Yo rezo para que el Señor, como se dice en algunos salmos, se los lleve a la otra vida. Son tan malos que le pido al Señor que se los lleve… Es verdad que Jesús no quiere la perdición de ningún alma. En todo caso, creo que esa gente son también víctimas porque han pasado por un lavado de cerebro; son adictos a algunos productos químicos como Keptagon. Así están siempre en un estado alterado para hacer tanta crueldad.
Estaba bromeando al decir que oraba al Señor para que se los lleve. Yo no les inculpo totalmente. Inculpo a sus maestros, a quienes les financian, a quienes les protegen, a quienes les abren las fronteras, a quienes les brindan las municiones, las armas y también el dinero; y a los que les incitan a esas barbaridades. ¡Esos son los verdaderos maestros de la noche, maestros de las tinieblas que serán juzgados!, ¡serán juzgados!

En diciembre del año 2016, entrevistada para el canal de televisión francés Medias-presse usted mencionó que algunos periodistas “han vendido su alma al diablo”. ¿Es acaso la violencia extendida hoy en el mundo un signo del enfrentamiento final entre cielo e infierno?
No voy a mistificar la realidad. Creo que la escatología nos acompaña desde siempre. Como decía el Señor… Ahora el demonio actúa. Yo creo en el ahora de la gracia de Dios, de su providencia en la actualidad. El dinamismo de la transformación o bien de la realización final lo vivimos hoy y los que vendrán después de nosotros también lo vivirán en su cada día. Cada hombre y cada mujer tiene los elementos para discernir. Si no es a través de una fe, de una creencia, sí por lo menos a través de una conciencia natural, como dice san Pablo en la epístola a los Romanos. Tenemos la posibilidad de elegir entre el bien o el mal. Pero es verdad que también hay momentos de la historia donde ese  enfrentamiento, ese antagonismo, es tan fuerte entre el bien y el mal que suponemos estar al límite de la historia y en el medio de la última estación escatológica. Pero según las Escrituras, ese que San Pablo llama el Hijo de la Iniquidad, creo que todavía va a mostrar –es una lástima- más y más una cara de pura crueldad. Mucho más de lo que hemos visto en la primera y segunda guerra mundial; mucho más de lo que hemos visto en este terrorismo internacional, donde Siria es solo un ápice. Lamentablemente el hombre que es libre, quiere ir hasta los extremos de la denigración de todo valor. El Señor lo dejará hacer. Este es un misterio de sanación y un misterio de perdición. Pero es un misterio que tiene su eje en la libertad humana y el respeto que Dios tiene por esa libertad.

Usted visitó Chile hace algunas semanas. ¿Qué la llevó a ese país sudamericano tan lejos de Siria, de Líbano, de Medio Oriente?
El año 2009 nuestra comunidad pasó por algunos incidentes pues estábamos con pocas vocaciones. Le oraba a Dios diciendo: «Señor ¿por qué esta fundación? ¿por qué hemos hecho tantos esfuerzos para restaurar unas ruinas del siglo V, dejando el Líbano, viniendo a Siria, si no tenemos vocaciones?» Algunos meses después nos contactó una chica de Chile. Que tenía vocación y tenía una vocación precisamente para nuestro monasterio. Es decir una vocación para la liturgia bizantina, una vocación para la Unidad, una vocación para el Medio Oriente, una vocación par un país de lengua árabe. ¿Sabe de dónde venía? De una región que se llama el fin del mundo… Puerto Montt. Para mí fue una respuesta de Nuestro Señor… tú no te turbes, déjame hacer, si quiero te puedo traer vocaciones del fin del mundo. La motivación del viaje a Chile fue entonces acompañar a esta miembro del Monasterio, hermana Marie, a visitar su familia.

En Chile usted también visitó personas y comunidades que son parte del llamado “conflicto de la Araucanía”, que ha causado decenas de muertes, atentados, terror, violencia en ese país. Por su experiencia, ¿tiene alguna opinión sobre ese conflicto?
Antes de llegar a Chile, la hermana Marie me puso al corriente de ese conflicto, porque su papá tiene una raíz indígena y por tanto es algo que les interesa, que llevan muy profundamente en su corazón. Nuestro monasterio además está involucrado en la dinámica de la reconciliación, que no es solo un desafío local sino una causa internacional. Porque hoy en esta aldea global que es la tierra, nada es indiferente al conjunto. Somos un cuerpo. El problema es que cuando hay un problema así, siempre hay intervencionismo externo que complica y explota…

¿Piensa que en Chile existe un intervencionismo del terrorismo internacional?
Ciertamente. Creo que es la manera como las grandes potencias administran el globo. Hay un intervencionismo de esas grandes potencias en cualquier parte del globo. No se olvidan de nada. Cuando hay problemas en un país como Chile ciertamente hay entidades que quieren beneficiarse, para obtener su provecho. Cuando un cuerpo se enflaquece crecen los parásitos. Pero con sabiduría, paciencia e ingenio se puede evitar la violencia. Estoy segura que los mapuches aman Chile. ¡Es su tierra original! No van a querer destruir Chile. Son uno de esos pueblos indígenas que ha dado uno de los más grandes signos de independencia y nobleza en Latinoamérica. Hay que devolver a los mapuches esas notas de nobleza, reconociéndoles el honor de ser los dueños de esa tierra que hospeda a tantas razas. En el camino de la reconciliación no hay que temer: cuanto más se da, más se obtiene. Siembra amor y cosecharas amor.
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