La semana pasada, una comisión designada por el gobierno sueco ha hecho públicas las conclusiones de su investigación sobre el alquiler de vientres (una práctica ya prohibida en el país) informa una nota del The Guardian.

Como ha destacado el medio británico y reproduce Tempi de Italia (versión que presentamos en español), ante la expansión del mercado que transa bebés y todas las problemáticas consecuencias que esto acarrea, la investigación pone de manifiesto que es necesario prohibir toda forma de maternidad sustituta, sea comercial o no; que debe prohibirse también la publicidad de los vientres de alquiler y que es necesario actuar para evitar que los ciudadanos suecos viajen al extranjero a comprar bebés obtenidos mediante maternidad subrogada, sustituta, de vientre de alquiler o como se le quiera llamar a esta práctica… tan valorada especialmente por el lobby gay y homosexuales de renombre mundial.

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El artículo del The Guardian, titulado "Cualquier tipo de maternidad subrogada es explotación", comienza reconociendo: "Desde hacía años se sabía que algo en la maternidad de alquiler no estaba bien".

El diario británico recuerda el caso del "Bebé M", cuya madre se vio obligada a entregarlo entre lágrimas al millonario japonés que había ordenado su compra como parte de un paquete de 16 niños adquiridos en varios hospitales de Tailandia. Una "verdadera mercantilización de la vida humana que mediante un clic, elige la raza, el color de los ojos; paga, y puede obtener al niño”, precisa The Guardian. Cita también la nota la dramática situación de madres que habiendo recibido el pago, fueron luego obligadas al aborto de sus hijos al descubrirse que presentaban algún tipo de discapacidad o incluso el caso en que por ocurrir una gestación inesperada de tres bebés el cliente exigía que se matara por aborto a dos de los bebés. "Por no hablar de las fábricas bebés", agrega la nota… cuestión que Portaluz refiere al final de esta crónica.

No digas "Mamá"

Como explica el The Guardian, esta es una nueva forma de explotación, que se disfraza de ley, para satisfacer el deseo de un cliente. El adquirir bebés mediante vientres de alquiler o medios semejantes –precisa la nota del The Guardian citando al informe sueco- es inaceptable. "Detrás del aura de felicidad  que muestra Elton John, hablando de los bebés lindos y una noción de familia moderna; hay una industria que compra y vende bebés. Donde los niños son diseñados para satisfacer las necesidades de los países ricos. Para quienes una madre es considerado como nada, pues ni siquiera tiene el derecho a ser llamada ‘mamá’ y donde el comprador es todo", señala la nota del The Guardian, citada por Tempi de Italia.

Resulta escandaloso entonces, la facilidad con que las Naciones Unidas ha permitido que la Convención sobre los derechos del Niño sea ignorada.

Las fábricas de niños

 

 
La denuncia que pone al desnudo el informe sueco difundido por The Guardian y reproducido por Tempi de Italia adquiere ribetes de locura al conocer la realidad que padecen miles de mujeres esclavizadas para proveer a homosexuales y heterosexuales ricos los hijos por los que pagan.
 
La periodista Milena Castigli investigó esta realidad en Nigeria y en la revista In Terris de Italia habla de  jóvenes mujeres  que “son secuestradas, segregadas, violadas durante meses y utilizadas como incubadoras para los recién nacidos, que serán luego vendidos al extranjero para fines desconocidos”.

En Nigeria, una de las Naciones más ricas en petróleo del mundo que, al mismo tiempo está marcada por graves tensiones inter-étnicas, el fenómeno es tan conocido que se le conoce con un nombre específico: las “baby factory”. “Las denominadas fábricas de niños no son más que chozas donde viven abarrotadas como animales de reproducción, decenas de mujeres y chicas muy jóvenes, que las tienen en secreto escondidas hasta el momento del parto, con torturadores pagados por poderosos grupos criminales locales. ¿Qué ocurre con estas madres después del parto?, no se sabe. Y, aún más abominable, nada cierto se sabe de los hijos”, denuncia Castigli.

Muchos recién nacidos son “colocados” como mercancía, dice, en el circuito de las adopciones internacionales y “vendidos a un alto precio a las parejas heterosexuales u homosexuales. Sin embargo, de muchos otros se han perdido las pistas. Existe el temor fundado de que han sido usados para la extracción de órganos o que han sido reciclados para el mercado en auge de la pornografía infantil. Mujeres y niños de nuestros tiempos explotados como objetos inanimados de usar, abusar, vender, desmembrar y eventualmente eliminar”. Ni siquiera un indicio de humanidad en este mundo gobernado, al parecer, sólo por el dios “mammona” donde el dinero es el protagonista inclusive contra el sentimiento más bello y fuerte del universo: aquel que une a una madre con su bebé recién nacido.

Emanuele di Leo, Presidente de Steadfast (una organización sin ánimo de lucro que opera desde hace años en Nigeria junto a los más pobres) explica a la periodista italiana quiénes son los compradores: “Son personas que vienen desde el Occidente que tienen problemas de infertilidad, tanto parejas heterosexuales como homosexuales; también nigerianos, familias ricas, cuyo hombre efectúa agresiones hacia estas chicas secuestradas en los pueblos con el fin de dar a luz a un niño con su propio patrimonio genético. ”

El precio de un recién nacido “subrogado” va de 4 mil a 10 mil euros, explica el operador humanitario. Una cifra que, sumada a los cientos de mujeres vendidas al extranjero para convertirse (involuntariamente) en  “madres subrogadas” o directamente “utilizadas” por los clanes por cientos de miles de euros por año. En los últimos años han sido descubiertas, sólo en Nigeria, al menos veinte fábricas de niños, donde las chicas son todas segregadas para los nueve meses de gestación, finalizando después no se sabe cómo.

“En uno de estos lugares infernales, recientemente descubiertos por la policía, las fuerzas del orden encontraron 32 chicas, por supuesto, todas mujeres embarazadas, encadenadas a la pared como vacas en un establo. Una nueva frontera de la explotación sexual, una práctica abominable que sólo se conoció hace unos pocos meses, pero que se lleva a cabo durante años, en el silencio cómplice que se sabe pero que se ha preferido dejar en el silencio”, termina denunciando la nota de la periodista Milena Castigli.

Fuentes: The Guardian, Tempi, InTerris

 
 
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