Faustyna Kowalska, nacida en Polonia el año 1905, que ingresó el año 1925 en la Congregación Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, fue canonizada por el querido Papa Juan Pablo II el año 2000.

 

Gracias a las revelaciones extraordinarias recibidas por sor Faustyna, la Iglesia celebra la fiesta de la Divina Misericordia cada primer domingo después de Pascua. Es esta entonces, una ocasión privilegiada en la cual puedes descubrir aquí en Portaluz lo que el Hijo de Dios confió a sor Faustyna para salvación de las almas devotas de su Divina Misericordia.

 

Conocer, contemplar y entregarse al Amor Misericordioso de Dios es el núcleo de la unión mística con Jesucristo y de la misión que Él le encomendó a la santa polaca. Así, el legado de santa Faustyna Kowaslka proclama que toda mujer y todo hombre es llamado y puede decidir libremente entregarse o no a Dios, a su voluntad, para ser habitado por el Amor Misericordioso de Dios.

 

En su diario de vida “La Divina Misericordia en mi alma” la santa revela: “Durante una adoración Jesús me prometió: «Con las almas que recurran a mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte me comportaré según mi infinita misericordia». «Mi Corazón sufre», continuaba Jesús, «a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es mi misericordia; en su relación [conmigo] en cierto modo hay desconfianza. Oh, cuánto esto hiere mi Corazón. Recuerden mi Pasión, y si no creéis en mis palabras, creed al menos en mis llagas» … «A la hora de las tres imploren Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi desamparo en el momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré entrar dentro de Mi tristeza mortal. En esta hora, no le rehusare nada al alma que me lo pida por los méritos de Mi Pasión.»”

 

La devoción que Jesús pide y sus promesas

 

 

El primer pilar entonces que han de cultivar los devotos de la Divina Misericordia -destacan en el portal de la Congregación de Santa Faustyna- “es la actitud de confianza hacia Dios, que es la actitud bíblica de la fe, abandono en Dios que en la práctica significa el cumplimiento de su voluntad contenida en los mandamientos, las obligaciones de estado, las bienaventuranzas, los consejos evangélicos, y también en las inspiraciones de Espíritu Santo que cada cual va discerniendo en su vida cotidiana. La segunda condición relevante de esta devoción es la actitud de misericordia hacia el prójimo, que es lo que hace que la devoción a la Divina Misericordia no sea tan sólo una devoción, sino que exige la formación personal según la actitud evangélica del amor activo hacia los demás. Sólo sobre la base de este fundamento que consta de la confianza en Dios y de una actitud de misericordia hacia el prójimo, se pueden desarrollar las nuevas formas de culto que Jesucristo trasmitió a Sor Faustina. Entre ellas se encuentran:

 

 

La Imagen de Jesús Misericordioso, con la inscripción Jesús en Ti confío: «Al anochecer, estando en mi celda – narraba en su Diario santa Faustina – vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido (…). Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero» (Diario 47).

 

La Fiesta de la Misericordia, que se celebra el primer domingo después de Pascua según el propio Jesús pidió a Sor Faustina: «Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia (Diario 299). Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias» (Diario 699).

 

La Coronilla de la Divina Misericordia (pulsa aquí para rezarla) que Jesús enseñó a la sor Faustyna prometiendo en posteriores revelaciones: «Hija mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan” (Diario 1541) … «Reza la coronilla que te he enseñado; a través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad» (Diario 1731) … «A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte» (Diario 754) … «como Mi gloria a cada alma», «o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca del agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo» (Diario 811) … «Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita» (D. 687).

 

 

La Hora de la Misericordia en que Jesús pide se le acompañe rezando: «A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero» (Diario 1320)

 

Y la promesa para quienes propaguen la devoción a la Misericordia: «A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso» (Diario 1075) … «Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen» (Diario 1521)"

 

 

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