Nació en Italia el año 1979 y como tantos jóvenes del mundo, antes de ingresar a la universidad Ernesto Piraino decidió dejar su tierra buscando nuevas experiencias en otro país. Tenía 19 años y esta aventura en Alemania, trabajando en un pub de Stuttgart, duraría apenas un año.
 
A las pocas de semanas de haber regresado a Bérgamo (Italia), se presentó a rendir exámenes para formarse como Policía de Estado. Con 20 años vistió por primera vez el uniforme el año 1999, iniciando un periplo formativo y de servicios en Campobasso, Reggio Calabria y luego en Sicilia, Gela y Messina.
 
La certeza de su novia

Fue en Reggio Calabria, el año 2006, cuando comenzó a latir en su alma una llamada que desde niño le acompañaba y cuya trayectoria ha sido registrada por diversos medios de comunicación en Italia (ver video al final).
 
Era casi una necesidad para Ernesto pasar tiempos, sereno, a solas con Dios. Su novia, con quien llevaba ya dos años de relación, bromeando y entre risas, de forma insistente le decía que si quería ser sacerdote se lo dijese claramente. El joven le respondía honestamente que simplemente quería pasar “tiempos de silencio y meditación”.
 
A solas con Dios
 
Aprovechando su labor de formación preventiva a jóvenes en una parroquia de Scilla, se las ingeniaba para estar todo el tiempo que podía en adoración eucarística. Y para evitar conflictos con su novia, si le preguntaba, le decía que en esas horas iba al gimnasio. Fue así, recuerda, como “el Señor comenzó a hablarme al corazón de manera cada vez más clara. Día tras día, creció en mí el deseo de entregarme a Él en el sacerdocio”. Agradece, agrega, “la absoluta discreción de mi guía espiritual de entonces, que hizo que la semilla madurara con el tiempo”.
 
El año 2007 el joven policía, decidió dejar los estudios de derecho que había iniciado y se matriculó en la Facultad de Teología del Instituto Santo Tomás de Messina. Tres años después, una noche de febrero del año 2010, mientras estaba en la capilla del seminario (diócesis San Marco Argentano-Scalea) -donde iba de vez en cuando a preparar exámenes con algunos seminaristas-, tomó su decisión definitiva. “Sentí un fuerte deseo de dejarlo todo para entregar mi vida al Señor en el sacerdocio”, confidencia.
 
Sacerdocio: Un don de Dios
 

Luego de poner en conocimiento de su director espiritual la decisión tomada inició el 2011 su primer año de formación. Por esa misma fecha había sido designado superintendente de policía. Tras 18 años siendo policía, el 11 de febrero de 2017, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes a quien confió su ministerio, Ernesto fue ordenado sacerdote por el obispo de San Marco Argentano-Scalea, Leonardo Bonanno. Su primer destino fue la iglesia de San Pedro Apóstol en Roggiano Gravina en la provincia de Cosenza (Calabria)
 
“El don que me ha llegado es indescriptible -concluye Ernesto- precisamente porque es un don de Dios. Ya tenía una vida plena con una interesante carrera laboral, además de una hermosa y significativa vida emocional, pero el Señor evidentemente tenía otros planes".






 
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