Este miércoles 1 de enero de 2020 durante la homilía de la Eucaristía que celebró la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, el Papa Francisco puso de relieve un hecho histórico que permite comprender la fuente del poder mediador de la Santísima Virgen María. “En el vientre” de María -tal cual lo consigna el Evangelio- “Dios y la humanidad se unieron para no separarse nunca más”, afirmó el Pontífice.
 
Sobre esta realidad de la fe, en su libro La Vergine Maria e il diavolo negli esorcismi (La Virgen María y el Diablo en los exorcismos), el Padre Francesco Bamonte -sacerdote de los Siervos del Inmaculado Corazón de María, exorcista en la diócesis de Roma y presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas-, relata las afirmaciones que, sobre la Santísima Virgen María, han verbalizado los demonios (a través de los posesos) mientras administraba el ritual del exorcismo.
 
Padre Bamonte testimonia en su obra que Satanás y sus demonios, sometidos por Dios, durante el ritual del exorcismo se ven forzados a reconocer el poder mediador que Dios ha concedido a la Santísima Virgen María. A continuación, Portaluz reproduce en traducción al español lo testimoniado por el padre Francesco Bamonte en las páginas 110, 111 y 112 del referido libro.

 
“Al pie de la Cruz María se ofreció al Padre con Jesús”
 
Un día, después de reaccionar con furia, porque no quería someterse a lo que le estaba imponiendo una presencia invisible -entonces entendimos que era la Santísima Virgen-, se expresó repentinamente de la siguiente manera: "Ella siempre reza por todos ustedes; cada una de sus oraciones es una tortura para nosotros".
 
Otro día, el diablo, claramente debilitado por las alabanzas a la Virgen María, dijo con voz entrecortada: "Ella pide que se rece por todos los pecadores y también por los que se sienten desesperados, ¡porque Ella lee los corazones y les justifica ante Diooos!"
 
En otro exorcismo, mientras se jactaba del sufrimiento causado a algunos inocentes, comencé a orar con decisión: «Señor Jesucristo, mientras que en la cruz parecías derrotado, mientras que parecía que el poder de las tinieblas había ganado para siempre, eras realmente Tú quien ganaba para siempre».
 
Y el diablo respondió: "Todo es culpa de ella, todo es culpa de su Madre (la Virgen). Por eso le había enseñado a esta idiota (se refería a la persona a la que atormentaba) a odiarla y ella también logró superar esto. Ella (aquí se refería a la Virgen) siempre reza, no se queda en silencio ni un momento y sus oraciones nos azotan".
 
Un episodio particularmente conmovedor es el siguiente: Un día, volviéndose hacia una imagen de la Virgen, presente en la habitación donde estaba exorcizando, el diablo comenzó a gritar: "¿Por qué le ofreciste todo a Aquella? (sigue una palabra sucia): ¿Por queeé? ¿Por queeé?" Ante estas expresiones lo conminé a responder: «¿Qué le ofreció?» Y el demonio respondió: "¡Bajo la cruz de Aquél, ella sufrió!". Se refería claramente al ofrecimiento que la Virgen hizo al Padre Eterno de sus sufrimientos y los de Jesús, en el momento de la crucifixión, y a la intercesión maternal que hizo por nosotros en ese momento. Entonces comencé a decir: «Recuerden que María, al pie de la Cruz, ofreció a Jesús al Padre y se ofreció a sí misma al Padre con Jesús.  Por nosotros, sus hijos, ofreció este sacrificio». Ante estas palabras lanzó gritos indescriptibles y evidentemente abatido por la fuerza redentora, que brota del sacrificio de Cristo y de María en el Calvario, dijo: "¡Basta, basta, no me hagas recordar, basta, me estás quemando, me estás quemando!".
 
 
El diablo, en otra ocasión, expresó el poder de la intercesión de María y la decisión de Dios de no conceder ninguna gracia a la humanidad, si no la impregna con la intercesión de su Corazón Inmaculado: "No sabéis o sabéis, pero no creéis o no tenéis suficiente fe: el Corazón Inmaculado de Ma...ar...ì...a (pronuncia este nombre con tremendo esfuerzo) salvará al mundo entero. Sólo su Inmaculado Corazón"
 
La intercesión de la Santísima Virgen no es sólo orar por nosotros y con nosotros, para obtener tanto la gracia santificante como las gracias individuales, sino también para presentar y ofrecer a Dios lo que le damos. Una vez, mientras presentábamos y ofrecíamos a la Virgen oraciones, alegrías, sufrimientos y toda nuestra vida, junto con los tormentos sufridos por el poseído, el diablo, en tono sumiso y humillado, evidentemente porque Dios le obligaba, dijo: "Todas las alegrías, todos los dolores, los sufrimientos, ofrecidos a ese Corazón (de María Santísima), son dulces ternuras de profunda caridad que Ella acepta y ofrece con sus manos y las eleva a la luz del Creador".


 
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