El reciente asalto al Capitolio de Washington, sede del poder legislativo en los EE.UU., enseña hasta dónde son capaces de llegar personas aparentemente inofensivas que alimentan y difunden las cada vez más frecuentes teorías de la conspiración e ideas negacionistas; ya sea sobre el COVID-19, la forma esférica de la Tierra o cualquier otro asunto.
 
Entre los exaltados asaltantes se encontraba una figura muy representativa de esos grupos contestarios. Hombre de singular apariencia, disfrazado y con cuernos, conocido por el seudónimo “Q-Shaman”, que logró su objetivo de capturar la atención mediática mundial.
 
Algo más que “extrema derecha”
 
En efecto, este personaje es parte del colectivo “QAnon”, una red de personas que se coordinan a través de Internet defendiendo una colección de ideas conspirativas. Según éstas, el mundo estaría controlado por una élite que, entre otras prácticas, lleva a cabo rituales satánicos y constituye una importante red de pederastia. Las lecturas más superficiales atribuyen todo esto a un sector de la población situado en la extrema derecha del espectro ideológico (se habla en concreto de la alt right o derecha alternativa). Pero las cosas no son tan sencillas.
 
El análisis en profundidad de los discursos que se entrecruzan para formar el gran complejo de QAnon -como también el de otros movimientos populares crecidos y alimentados en las redes sociales- nos muestra: doctrinas gnósticas y mensajes sobrenaturales; sincronías holísticas y profecías que se habrían cumplido; tutelas extraterrestres y cambios excepcionales que siempre están por cumplirse.
 
En definitiva, son parte de esa misma corriente sociocultural que lleva décadas presente en todo el mundo: la Nueva Era (New Age), la espiritualidad esotérica que atrae a millones de personas.
 
La novedad del momento actual
 


¿Qué ha pasado para que todo esto haya saltado a la primera plana de los medios de comunicación? ¿Por qué se ha disparado su popularidad entre tanta gente corriente? Aunque son muchos los factores que entran en juego –como decimos, más allá de lo simplemente político–, la convergencia de dos de ellos explica lo que estamos viviendo estos días: por un lado, las redes sociales de Internet como un mundo digital donde muchas personas se alimentan de contenidos sin criterio ni discernimiento, en una suerte de adoctrinamiento; por otro lado, la situación que ha creado la pandemia, sacando a la luz y potenciando muchas vulnerabilidades y miedos a nivel social e individual.
 
De esta forma, nos encontramos en el momento adecuado para que arraiguen y crezcan exponencialmente ideas de lo más absurdo y extravagante. Ideas que no se quedan en un plano teórico para muchas personas. En primer lugar, porque en ocasiones lo que está sucediendo a nivel mundial “coincide” con lo profetizado en gran cantidad de sectas y grupos esotéricos, siempre proclives al anuncio de crisis y catástrofes. Y, en segundo lugar, porque los efectos sobre sus “creyentes” son devastadores, en cuanto a anulación de la personalidad, aislamiento familiar y social, y generación de un estado de dependencia emocional de maestros y gurús con supuestos dones sobrenaturales.
 
¿Un suicidio colectivo?                                
 


La revisión exhaustiva de las redes sociales deja claro este trasfondo gnóstico y esotérico en muchos de quienes engrosan las filas de las teorías de la conspiración. En los últimos días, algunas asociaciones de afectados han divulgado alertas sobre lo que se está moviendo en torno a QAnon. También en el mundo hispanohablante, con grupos como la denominada “Federación Galáctica de la Luz”, muy activa en España, y con conexiones importantes en Francia y varios países iberoamericanos. Así lo ha hecho RedUNE. Mientras que algunos temen que haya desenlaces fatales. Si se habla de “ascensión” ... ¿podría esto dar lugar a episodios de suicidios colectivos? La posibilidad está ahí, y no podemos subestimarla, como veremos después.
 
Los miembros de estos grupos bombardean las redes sociales con anuncios de diversos acontecimientos que serían inminentes y en todos los órdenes. Y lo que sucede, afirman, les va dando la razón. La pandemia del coronavirus, las catástrofes naturales, los problemas políticos... serían señales del cumplimiento de lo que les han anunciado los seres superiores (con los que están conectados esos pocos “iluminados”). Todo esto tendrá, obviamente, dimensiones cósmicas. “Se acerca el flash solar”, dicen. Y lo explican así: “una gran cantidad de rayos fotónicos y plasmáticos iónicos cambiarán tu ADN; su estructura o núcleo, donde existían un ion positivo, uno negativo y uno neutro, será elevado a 9 positivos, 9 negativos y 9 neutros... tu cuerpo se modificará”. Se da, de esta forma -aseguran- “un equilibrio perfecto del ser que se empodera y reconoce como un inmortal”.
 
Algunos rasgos fundamentales
 


El primer elemento a tener en cuenta es que los mensajes más importantes que se difunden en estos medios proceden de la “canalización” (channeling), uno de los procedimientos más habituales de “revelación” sobrenatural en la Nueva Era. Es decir: habrían sido emitidos por un ser espiritual superior –un Maestro Ascendido, un alma de la antigüedad o un sabio extraterrestre– y recibidos por una persona sensitiva, capaz de recibir esos mensajes, y que por eso se considera “canal” (channel). Es la forma que tiene la New Age de llamar a lo que el espiritismo denomina médiums.
 
Un dato fundamental es la siembra continua que realizan estos grupos reaccionarios de la sospecha contra toda fuente de autoridad. “Todo lo que permitieron que llegara a nosotros fue antes manipulado y tergiversado”, explican en una página afín a sus objetivos. Sin embargo -prosiguen- “la verdad se expondrá ante los ojos que quieran ver y los oídos que se permitan escuchar”. Por supuesto esos privilegiados serían solo unos pocos “elegidos”. Una vez más, el elitismo gnóstico de saberse poseedores de un conocimiento especial. El remate a la reflexión lo confirma: “la verdad vive en tu corazón”, sentencian.
 
Las personas que se alimentan continuamente de estos contenidos son así adoctrinadas machaconamente con afirmaciones sobre una supuesta “gran mentira” que estaría dominando todo. Y se refieren a ella como: “la siniestra y criminal conspiración” que abarcaría la política, religión, medicina, educación, arqueología, historia, geografía, geología, etc. En el fondo, habría una raza extraterrestre (reptilianos y draconianos, principalmente) detrás de todas las esferas humanas de poder. En oposición, existiría una Confederación Galáctica luchando contra todos los malvados que quieren imponer su dictadura antihumana.
 
Otro elemento imprescindible para los objetivos de estos grupos es la invención y difusión de noticias falsas (fake news). Un ejemplo es la recopilación de “datos” -falsos por cierto- sobre el Vaticano y el Papa que hemos visto difundidos por una de estas páginas conspiranoicas: la Santa Sede tiene miles de toneladas de oro robado; Francisco ha afirmado que “Jesucristo es un tonto, un alcahuete y un inmundo”; ha sido arrestado por abusos sexuales a niños en rituales; y un largo etcétera. Hasta hay un fotomontaje donde se puede ver al Papa y otros cardenales y obispos adorando una estatua de Baphomet, símbolo ocultista y luciferino, con el rótulo “Misa nocturna en el Vaticano”. O un documento falso del Tribunal Penal Internacional ordenando la busca y captura del Pontífice. Despropósito tras despropósito.
 
El proselitismo es claro en estas páginas y grupos, que hacen sentir “especial” a quien se adhiere a sus postulados paranoicos. En un grupo de Facebook se dice en un momento preciso: “Si está leyendo esta publicación, es muy probable que pertenezca a los elegidos”.
 
Distintas vibraciones... distintas clases de personas
 


Los teóricos de la conspiración no sólo piden un estado espiritual de quietud ante lo que sucederá. También incluyen un llamamiento a la acción. Aquí radica el peligro, en las interpretaciones que puedan darse a estas palabras: “debemos prepararnos en todo sentido”, leemos. “Este proceso es necesario para la liberación y la ascensión de la humanidad de nuestro planeta”. Dicha ascensión tiene que ver con “el nuevo nivel vibratorio de la tierra”, con el que sólo se han alineado unos pocos, los “despiertos”.
 
Una de sus consecuencias, según estas ideas, es la violencia que crece en muchos lugares del mundo. Atención a la explicación que dan: “una gran parte de la población del planeta está ascendiendo a una frecuencia superior y luego están los que están aterrorizados por la verdad y se aferran a su disonancia cognitiva como si no hubiera mañana”. De forma que están dividiendo a la humanidad en dos: en un lado están los elegidos, los “seres de luz” o “criaturas místicas” especiales que conocen la verdad y hacen el bien; en otro, la masa de gente que permanece en la oscuridad y retrasa la evolución planetaria y cósmica.
 
“Somos familia de luz”, repiten. “Somos la luz, la libertad, la compasión, la consciencia, el abrazo que nuestra humanidad necesita”, señalan, haciendo gala de una ausencia total de humildad. Y situando a sus partidarios en una realidad paralela, en una absoluta irrealidad donde todo se explica desde las claves de una guerra cósmica entre la Confederación Galáctica y las Fuerzas Oscuras.
 
Preguntas abiertas e inquietantes
 


¿Cuáles serán las consecuencias de todo este proceso de evolución? Según explican quienes se consideran integrantes de la raza de los elegidos, “la Diosa Madre Gaia se sacudirá todo lo que no corresponda a su frecuencia: su realidad de amor”. En otro lugar podemos ver que “las almas que eligieron la oscuridad tendrán lo que merecen de manos de seres superiores”. ¿Podría justificar esto algún acto violento de las personas que sostienen estas ideas hacia los demás? No lo sabemos.
 
Y cuando leemos que un embajador de la Federación Galáctica y anciano del Alto Consejo Lyrano (además de emisario de la Diosa) ha afirmado que “este proceso de ascensión sin precedentes establece que llevas tu cuerpo físico contigo”, ¿podemos pensar en algún tipo de acción autolesiva de forma individual o grupal? Tampoco lo sabemos, pero las sospechas están fundamentadas. No olvidemos cómo en 1997 afirmaciones semejantes llevaron al suicidio colectivo de los adeptos de La Puerta del Cielo en San Diego (EE.UU.).
 
¿Debemos estar atentos a alguna fecha? Cada grupo y cada líder sectario tienen las suyas. Los hay que señalaron el 20 de enero, momento del cambio de gobierno en los EE.UU. En algunos lugares se dice que todo empezaría “a partir de su 22 de enero lineal”, por lo que “es tiempo de cerrar la página de su yo biográfico”. ¿Otro posible mensaje suicida?
 
La trampa del lenguaje religioso
 
Algunos cristianos –tanto católicos como ortodoxos y evangélicos– han caído en las redes de estos grupos, que usan habitualmente expresiones tomadas de los Evangelios, referencias al “plan divino” y otras cuestiones propias de la fe cristiana. Además, parece que se sitúan de forma crítica ante los poderes fácticos del mundo, constituyéndose en alternativa ante una sociedad carente de valores, lo que puede parecer atractivo para muchos creyentes hastiados de las situaciones que viven.
 
Sin embargo, en estas líneas ha quedado claro que los planteamientos teóricos en los que se mueven estos movimientos no sólo atentan contra la racionalidad y el sentido común, sino también contra la fe cristiana –y podríamos decir que contra cualquier planteamiento religioso de la vida–, y sumergen a sus seguidores en una oscura niebla donde se entrecruzan la magia, la superstición y el fanatismo. Creyendo ser “seres de luz”, se hunden progresivamente en las tinieblas. Y eso está muy lejos de Dios.
 
 
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