En muchos lugares es habitual encontrar por las calles, en los medios de comunicación y en las redes sociales la promoción de actividades vinculadas a la asociación Nueva Acrópolis, que se presenta como una “organización internacional filosófica”.

El adoctrinamiento lo realizan no solo mediante cursos sobre su particular filosofía, sino también con eventos de tipo teatral, musical, ayuda escolar, poéticos, artísticos, deportivos o de voluntariado. Una fachada que para generar militancia es capaz de organizar concursos internacionales de música –bien conocidos en Perú– e incluso convocatorias relacionadas con el olimpismo, sobre todo en España y Brasil.

Actualmente está presente en todo el mundo, con una intensidad especial en Iberoamérica, ya que fue fundada por un argentino que terminó residiendo en España. Así, hoy podemos encontrar sus sedes en ciudades de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Además de España y Portugal, pero también en otros países de Europa, África y Asia. Toda una multinacional “filosófica”.

Su “día de los maestros”

Una de sus actividades públicas que ha llamado la atención en estos días es la convocatoria al “día de los maestros” para el pasado 8 de mayo. Es curioso que eligieran esta fecha en la cual ningún país o institución mundial realiza tal reconocimiento (aunque en los Estados Unidos y Puerto Rico se hace en una fecha movible de la primera quincena del mes, que en ocasiones puede coincidir).

Un ejemplo lo tenemos en México, que este año 2020 recuerda la figura del maestro el 15 de mayo; y la razón para escoger esta fecha -como asimismo la celebran otros países-, es que antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II era el día en que se conmemoraba a San Juan Bautista de la Salle, fundador de una congregación religiosa dedicada a la educación.



En el diario NSS Oaxaca, una columna de opinión ha promocionado la singular celebración informando de que “el día 8 de mayo la Organización Internacional Nueva Acrópolis conmemora a todos los maestros que ha tenido la humanidad y nos han dejado grandes tesoros de sabiduría”. Y aclara poco después que, en el fondo, la celebración pone en el centro a los “maestros que no hemos conocido en persona pero que son Maestros y Maestras de la Humanidad. Una de ellas es Helena Petrovna Blavatsky”.

Según continúa relatando el artículo, Blavatsky “se consideraba a sí misma como embajadora de una enseñanza inmemorial que transmitía a la humanidad por indicaciones de sus maestros, plasmada en su gran legado literario: la Doctrina Secreta”. Y a continuación desvela el porqué de la fecha: “HPB [Blavatsky] desencarnó justo un 8 de mayo, por eso la OINA [Nueva Acrópolis] le dedica esta fecha y también para expresar su gratitud a todos los grandes maestros de sabiduría”.

El “día del loto blanco”
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Entonces ya está clara la razón para escoger el “día de los maestros”: fue el día de 1891 en que murió Blavatsky (o “desencarnó”, en la terminología tan querida por los círculos esotéricos y espiritistas) en la ciudad de Londres. La “maestra” (en imagen anterior) tan reconocida por los miembros de Nueva Acrópolis no es otra que la fundadora de la Sociedad Teosófica y, como tal, la figura fundamental del esoterismo contemporáneo (siendo también una famosa médium y una miembro muy destacada de la masonería).

Investigando entre los grupos del entorno teosófico –al que pertenece Nueva Acrópolis, que se basa en estas doctrinas– descubrimos cómo se alienta la celebración del 8 de mayo con este relato: “en su última voluntad, Blavatsky pidió a sus discípulos que celebraran la fecha de su muerte como el día del Loto Blanco”. Por eso dicen que sus palabras fueron: “deseo que cada año, el día 8 de mayo, se reúnan mis amigos para leer un capítulo del libro La Luz de Asia [una biografía de Buda] y algunos extractos del Bhágavad Gita [libro sagrado hindú]”.

Así, explican los devotos de Blavatsky, “también en esta fecha se celebra del día de los Maestros e Instructores Espirituales”. En la publicidad de Nueva Acrópolis para el 8 de mayo se puede leer una explicación del nombre dado a la conmemoración: “el hombre como el loto, es hijo del sol y de la tierra, y necesita recorrer ese camino que hay entre la semilla y la flor, ese camino de aspiración vertical y crecimiento interior”.

Blavatsky y Nueva Acrópolis

Como hemos dicho, Blavatsky está en las bases de la doctrina que difunde Nueva Acrópolis, aunque su figura histórica no tenga nada que ver con esta organización, que fue fundada en 1957 –décadas después de la “desencarnación” de la maestra esotérica– por Jorge Ángel Livraga Rizzi (imagen adjunta) y su entonces esposa Ada Albercht.

La vinculación de la secta con Blavatsky es clara y reconocida continuamente por sus escritos, y esta dependencia se ve mucho mejor cuando la persona se va introduciendo poco a poco en los círculos más internos de la organización. El propio Livraga explicaba en 1981, en un artículo publicado en la edición española de la revista Nueva Acrópolis, que Blavatsky era “un ser excepcional, con frecuentes características sobrehumanas; no solo por sus poderes parapsicológicos, sino por su inteligencia y su valor”.

Según el fundador de Nueva Acrópolis, “H.P.B. no consideraba a Cristo como ‘Único Hijo de Dios’, pero sí como una Encarnación Divina, adaptada a su tiempo histórico y digna de la mayor devoción”, algo muy común en estas relecturas esotéricas de la figura de Jesús, y lo que demuestra la incompatibilidad del cristianismo con la asistencia a estos grupos, por mucho que ellos sostengan la posibilidad de la “doble pertenencia”.

Jorge Ángel Livraga no ahorraba halagos y reconocimientos a Blavatsky: “figura de excepción, la Historia un día la reconocerá como la pionera de ese Hombre Nuevo que hoy nosotros soñamos… Cuando venga ese Hombre Nuevo, estamos seguros de que algo le deberá a ese enigma que se llamó H.P. Blavatsky”. Un lenguaje que es muy propio de este movimiento, de carácter fuertemente elitista, tal como suele suceder en los ambientes más esotéricos.

Una secta oscura



En algo tan sencillo como es la celebración de una inocente jornada para celebrar y agradecer la figura de los maestros –algo que nunca haremos lo suficiente, pues merecen el mayor reconocimiento por su tarea fundamental para la humanidad– nos ha mostrado cuál es la forma de actuar habitual de Nueva Acrópolis: una apariencia externa de asociación cultural; una realidad interna de grupo iniciático con doctrinas ocultas. Es la distinción clásica entre lo exotérico (exterior, para el gran público) y lo esotérico (interior, sólo para los iniciados).

En su Diccionario enciclopédico de las sectas, el sacerdote español Manuel Guerra, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), denomina a Nueva Acrópolis “una secta esotérica, neopagana y paramilitar/neonazi”. Es esotérica porque uno de sus fundamentos es “guardar el secreto para evitar compartirlo con los no ‘preparados’ para ello o quienes lo pueden mancillar”. Y por eso “revelar un secreto acropolitano es catalogado como traición, que genera karma muy negativo”.

La considera neopagana porque pretende restaurar la antigua religión romana, lo que se demuestra en que cada sección de sus “Fuerzas Vivas” tiene su propio templo: el de las “Brigadas Masculinas” está dedicado al dios Vulcano; el de las “Brigadas Femeninas”, a la diosa Vesta. Además, pretende restaurar los “Grandes Misterios” de la antigüedad grecolatina –por ello dan tanta importancia al teatro– y celebra festivales en torno a los equinoccios y solsticios.

Y, por último, recuerda que el Parlamento Europeo consideró a Nueva Acrópolis un “movimiento neofascista” más que religioso. Algo que ilustran algunas costumbres internas de la secta, como el “saludo oficial acropolitano”, consistente en decirle al Mando Máximo “Ave, Imperator” en la siguiente posición: “brazo en alto, palma de la mano extendida hacia abajo, dedos juntos, en un ángulo de 45 grados respecto del cuerpo”, según los reglamentos internos de Nueva Acrópolis. También pueden verse resonancias fascistas en sus estandartes y emblemas, y elementos paramilitares en la dureza de sus entrenamientos y en que, al menos en otro tiempo, su líder y su personal de seguridad llevaban pistola.

 
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