Era el 1 de julio de 1982. En el Madison Square Garden de Nueva York, Sun Myung Moon (1920-2012) presidía, junto con su esposa, una de las célebres ceremonias de casamientos masivos de la Iglesia de Unificación, la secta que fundó varias décadas antes, asegurando ser el depositario de una nueva revelación divina. En efecto: decía tener la misión de completar la obra salvadora que Cristo no pudo realizar.

 

En aquella multitud de parejas se encontraba Doris Stobbe, una ciudadana alemana que formó parte de la “secta Moon” entre 1971 y 2000. Hoy, a sus 68 años, acaba de publicar un libro donde relata su experiencia sectaria: Die 718. Braut. Kein Himmel auf Erden. Mein Leben in der Moonsekte (‘La novia 718. No hay cielo en la tierra. Mi vida en la secta Moon’).

 

Doris ha concedido esta entrevista exclusiva a Portaluz, donde nos revela detalles de la absoluta violación a la dignidad humana y la diversidad de abusos que padecen quienes son seducidos y sometidos por las sectas.

 

 

¿Por qué una mujer alemana como usted estuvo 5 años de su juventud en Panamá?

En 1975 la secta Moon (Iglesia de Unificación) envió 300 misioneros –100 de ellos japoneses, 100 norteamericanos y 100 alemanes– a través del mundo para establecer centros de la Iglesia en todos los países del mundo. A mí me enviaron a las Bahamas. Pero, después de un año, fuimos expulsados los tres misioneros. ¡Misión fracasada! Luego, la dirección de las Misiones Extranjeras en Nueva York me envió a Panamá, porque la misionera alemana original de Panamá abandonó el movimiento.

No nos preguntaron si queríamos ir alguna parte o no… Simplemente el director decidió mi destino. Sentí miedo, debido a que en aquel tiempo Panamá estaba bajo la dictatura del General Noriega. Pero no tuve el valor de decir “no”, porque siempre exigieron obediencia a los líderes. Yo era demasiado tímida, así que tomé el avión hacia Panamá. Fueron 5 años muy duros. Una misión sin éxito, muchas desilusiones para mí… y finalmente una depresión profunda (pero secreta, ¡ya que un “moonie” no podía tener depresiones!).

 

 

Retrocedamos en el tiempo para conocer su historia: ¿Cómo inició su contacto con la Iglesia de Unificación?

Cuando tenía 16 años, me fui a Berlín Occidental para comenzar mi educación profesional como educadora. Era todavía el tiempo de las grandes manifestaciones estudiantiles, un tiempo bien violento. En aquel momento ya estaban presentes las entonces conocidas en Alemania como Jugendsekten (“sectas de juventud”), como los Hare Krishna, Bhagwan Rajneesh, Scientology (Cienciología), los Niños de Dios y la secta Moon, que buscaban agresivamente nuevos miembros en las calles. No se podía pasar por el Kürfürstendamm (una larga avenida de Berlín) sin que alguien te hablara de su religión.

Una señora de la secta Moon me habló en la calle y me invitó a algunas “charlas” con personas que supuestamente querían unir todas las iglesias cristianas. ¡Esto me interesó! ¿Unir el mundo? ¡Fantástico! Después de 10 lecciones me revelaron que el líder de ese grupo era el nuevo Cristo, el nuevo mesías. Yo al principio no estaba muy segura de creerlo o no… pero finalmente lo acepté.

 

¿Por qué cree que la eligieron a usted? ¿En qué situación se encontraba, para que fuera posible la captación?

Yo vengo de una pequeña ciudad en el sur de Hamburgo, bien protegida. Era muy religiosa y activa en mi Iglesia protestante. Pero en mi familia había muchos problemas, porque mi padre era alcohólico. ¡Quería huir de aquella situación! En Berlín, yo estaba sola, y era ingenua, sin experiencias, con mucha curiosidad de aprender cosas nuevas… ¡una adolescente de 16 años! ¡Era la situación perfecta para captarme!

La primera vez que me encontraba sola, inocente, sin ninguna persona de confianza en Berlín para pedir ayuda. No conocía a nadie, y eso era perfecto para captarme. Creo que yo les había parecido abierta, natural, seria. Cuando yo anduve después en las calles para captar nuevos miembros, buscaba exactamente ese tipo de personas.

 

¿Cómo fueron los primeros tiempos en la secta?

Mis primeros años los viví con un entusiasmo total: ¡Nosotros, solamente nosotros podíamos salvar el mundo! Nada, absolutamente nada era más importante que seguir al “mesías” y difundir su mensaje. Vivíamos en otro mundo, aparte de los demás. Con una fiebre de creencia, con un poder y un entusiasmo increíbles. Nos llamábamos “familia”, hermanas, y realmente me sentía así. Era una vida de estricta abstinencia, sin televisión, sin periódicos, sin atracciones, sin dinero… con unas reglas más estrictas que en un monasterio.

Un tiempo muy intensivo, 100 % dedicado a la misión, con muchos sacrificios personales. Ni un minuto libre, solamente estudios de El Principio Divino (libro sagrado de Moon), oración y misión. ¡Nada más! Estaba prohibido leer otros libros, practicar un hobby, salir a pasear o divertirse. En los primeros 5 años no lo sentí como renuncia. ¡Todo lo que hacía era para Dios!

Tenía que terminar mi educación profesional, porque mis padres no podían saber de la secta. Lo mantuve en secreto porque era todavía menor de edad. De vez en cuando los visitaba y ellos nunca me preguntaron cómo vivía en Berlín. La comunidad interna era relativamente armoniosa, buscábamos un amor perfecto, servir a los otros “hermanos” y obedecer siempre a los directores sin pensar. Dos veces tuve problemas con el director de Alemania, porque violé reglas importantes. Una vez me expulsó del centro porque yo lo había criticado… pero en aquel tiempo yo no tenía ninguna duda de la verdad del mensaje de Sun Myung Moon.

 

¿Y en qué momento llegaron esas dudas? ¿Cuándo empezó a pensar que se encontraba en una secta?

Tuve mis primeras dudas sobre Sun Myung Moon casi después de 10 años en el movimiento, en Panamá. Nuestra misión allí no tenía éxito y la dirección nos hizo sentir que todo era fallo nuestro. Yo no pude comprender por qué nadie quería seguir a nuestro “mesías”… ¿Y eso era un fracaso solamente mío? ¡No era posible! Me llamaron dos veces para hacer “entrenamientos” en New York, y allí nos encontramos al “reverendo” Moon todos los domingos. Pero no me inspiró más, me pareció artificial, buscando solamente nuestro reconocimiento. Tenía que escuchar sus lecciones de la mañana a la noche, pero después de 10 años ya había escuchado todo mil veces, siempre lo mismo: que nada era más importante que trabajar por el Reino de Dios. Me sentí cansada, hoy yo diría que tuve un burn out [desgaste, estar quemado].

En Panamá no quería hablar con nadie y definitivamente ya no podía convencer a nadie de nada, porque no me sentía segura. No pude orar más, todo era sin alegría, hasta que finalmente me liberaron de la misión y me enviaron a los EE.UU. Precisamente allí Sun Myung Moon tenía un proceso legal por evasión fiscal y fue condenado a 16 meses de prisión. Eso me hizo dudar aún más: ¿un mesías que era deshonesto? ¡Difícil! Moon tenía incontables negocios y era multimillonario, pero nuestros hermanos trabajaban 14 o 16 horas cada día sin recibir un centavo. ¿Podía ser eso justo, propio de un líder espiritual? ¡No!

 

 

¿Cómo fue su salida?

Mi salida del movimiento fue en pequeños pasos. Otros miembros se fueron por la noche de uno de los centros, de un día para otro, pero yo no pude, porque no sabía adónde ir. Mis padres no podían ayudarme. Sin habitación, sin trabajo, sin dinero… ¿adónde ir? Yo querría haberme ido antes, si alguien me hubiera ayudado. Pero no había nadie.

Además, para entonces estaba casada en el movimiento y tenía 4 hijos. Vivíamos con nuestra familia en Luxemburgo, de donde era mi marido. Ya había decidido no participar más en las actividades y reuniones de la Iglesia de Unificación, pero no me separé completamente de la secta. El momento decisivo fue la publicación de un libro escrito por una nuera de Moon, Nan Sook Hong, titulado Shadow of the Moons: My Life in the Reverend Sun Myung Moon's Family. Allí relataba el abuso de drogas y alcohol, las fiestas –todo ello estrictamente prohibido por el grupo– y hasta los abusos sexuales de su marido, el hijo mayor de Sun Myung Moon. Ella se fue en secreto en la noche de la casa de los Moon. Fue un shock grandísimo para mí, como un terremoto. ¿Todo eso sucedió en la “Familia Verdadera” que tenía el “Padre Perfecto” [así llaman en la secta a sus líderes]? ¡Imposible! Esto fue el fin para mi: hice desaparecer todas las fotografías, los libros, todo lo que tenía del movimiento. ¡Se acabó! Pero era increíblemente doloroso sentirse desilusionada, engañada… Tantos años de mi vida en un camino equivocado, el dolor más grande de mi vida.

 

¿Ha podido recuperarse totalmente de su experiencia sectaria de tantos años?

Me llevó casi 20 años recuperarme completamente de esa desilusión. Tuve pesadillas durante largo tiempo, me veía encerrada en la casa Moon sin poder irme. Tuve que aprender de nuevo que yo decidiría sobre mi vida, sobre mi trabajo, mis amigos, qué libros podía leer, qué hacer con mi tiempo libre… liberarme de esa prisión de la obediencia a cualquier líder. Fue difícil tener el valor de tomar decisiones yo misma. Después he leído muchos libros para encontrarme a mí misma, para sentir mi propio valor, para tener confianza en mis sentimientos, para tomar mis propias decisiones. Ha sido un proceso de muchos años.

Finalmente, después de casi 30 años de matrimonio me separé de mi esposo (el que Sun Myung Moon me había seleccionado, tal como era el uso normal en la secta, ya que sólo Moon escogía las parejas), porque no era mi “pareja perfecta” como Moon había prometido. Darme cuenta de que la promesa del “Reino del cielo en la tierra con familias perfectas” no sería jamás para mí, también fue muy doloroso. Pero nuestro matrimonio fue un fracaso. Sólo mis 4 hijos han sido siempre la alegría y el consuelo más grande de mi vida. ¡Hasta hoy me apoyan mis príncipes! Después de nuestra separación, encontré el esposo perfecto para mí –gracias a Internet– y me he casado por segunda vez en Alemania. Y estoy feliz hasta hoy.

 

¿Por qué ha escrito este libro ahora?

He escondido mi pertenencia a la secta Moon durante casi 20 años porque me sentía culpable y me daba vergüenza haber sido engañada. No hablé jamás con nadie sobre mi pasado. En 2005 comencé escribir mi historia a partir de mis antiguos diarios, pero en Luxemburgo no tuve el valor de hacer algo en público. Finalmente, de vuelta a Alemania sentía más libertad y también más seguridad, tenía más confianza en mí misma. ¡Ya era el momento de liberarme de mi pasado! Me llevó 2 años de trabajo intensivo, a veces doloroso al recordar a fondo las experiencias menos agradables. Con la ayuda de una lectora profesional finalmente pude completar el libro, totalmente honesto, apasionado, intensivo. ¡Para mí era una liberación! Y casi como una terapia, una cura de antiguas heridas. Ahora puedo hablar con facilidad de mis tiempos en la secta; es un capítulo cerrado.

 

El “reverendo” Moon se presentaba como el nuevo mesías, pero su secta sigue engañando a la sociedad afirmando que es un grupo cristiano. ¿Cómo se puede advertir a la gente de este engaño?

Creo que hoy en día no es tan fácil engañar a los jóvenes como en nuestros tiempos. La juventud es mucho más crítica y tiene todos los medios de información que yo no tuve. Si alguien escucha el nombre de Sun Myung Moon y va a buscar en Google quién es… ¡encontrará mil informaciones! El único medio que hay para evitar ese engaño es la información. Éste ha sido también un motivo importante para escribir mi libro: que ese engaño existe todavía. Quizás no tanto con el movimiento Moon, sino más con otros grupos, religiosos y también políticos. Para los padres y los amigos, lo más importante cuando tengan a una persona en algún movimiento sectario es mantener siempre el contacto, con la mayor cercanía posible. Sin condenar, sin echar la culpa, con apoyo y una puerta siempre abierta.

 

Para terminar: ¿cómo ve la secta ahora? ¿Qué les diría a los adeptos que puedan leer esta entrevista?

En Alemania la secta Moon existe todavía. Se dice que hay 10 centros con aproximadamente 300 adeptos. Con algunos amigos de los viejos tiempos aún tengo contacto. Algunos creen hasta hoy que Moon es el mesías, ¡y no lo puedo comprender! Es muy difícil decir algo a una persona tan convencida, que no está abierta a ninguna crítica, a ninguna otra opinión. Van a leer mi libro pensando que espiritualmente yo he muerto, que soy una traidora. Quisiera agitarlos: “Hey, despertad, ¿no veis finalmente la realidad de Moon?”. Pero ellos no quieren ver nada y no escuchan a nadie (¡yo era lo mismo en mis primeros años!). A un fanático no se le puede decir mucho, si no quiere escucharlo. Sólo puedo contar mi propia experiencia de engaño, de abuso, de haber sido aprovechada física y mentalmente. Pero no lo van a creer…

 

 

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