Una nación a través de su literatura
Se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y es un momento para recordar los hechos de la historia y la política. Sin embargo, los hechos pueden quedarse muchas veces en lo superficial. En cambio, existe un modo mejor de penetrar en la esencia de una nación: su literatura. Bien lo expresó el papa Francisco al asegurar que leer un texto literario significa adquirir experiencia de la realidad, de la vida y sobre todo, de despertar emociones y ver cosas.
Un sacerdote e historiador argentino, como el anterior pontífice, don Mariano Fazio Fernández acaba de publicar La tierra de los libres (ed. Rialp), que no pretende ser una historia de la literatura norteamericana sino una aproximación a los Estados Unidos a través de su literatura.
Lo hace por medio de una selección de novelas y cuentos que llaman la atención por su carácter crítico. Personalmente, me recuerda a la literatura rusa de los siglos XIX y XX, cuyos grandes autores pusieron siempre en cuestión el sistema político y social de su país, pese a que ese sistema pretendió manipularlos.
Por lo demás, si tenemos en la mente la imagen de los Estados Unidos forjada por el Hollywood clásico, el libro de Fazio nos puede decepcionar. No hay en él cantores de la grandeza de América. Eso queda para los ilusionistas del marketing político y del storytelling profesionalizado. Al leer este libro, podría quedarnos la impresión de que hay "una literatura muy amarga", tal y como dijo la filóloga Nancy Mullen a su autor.
Como bien asegura Fazio, existe una discrepancia entre la realidad y los buenos deseos, entre la proclamación de los derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad que contrasta con lo de "que todos los hombres son creados iguales". Sin embargo, esta obra no pretende negar en absoluto la realidad de los logros políticos, económicos y sociales.
Estos existen, aunque hay que tener el valor de reconocer que la felicidad nunca es completa en este mundo, y que debemos luchar de continuo para que la libertad y la igualdad -un binomio que debería de ser inseparable- sean asequibles para todos sin ningún tipo de discriminación política, social, religiosa o racial
Mientras leía La tierra de los libres, me acordé de que un periodista había calificado al papa León XIV de más peruano que norteamericano. No estoy de acuerdo en absoluto. Robert Francis Prevost es un hijo del Midwest, nacido en Chicago, en tierras de inmigrantes que dejaron huella indiscutible en Estados Unidos. No cabe duda de que conoce la obra de algunos de los escritores vinculados al Midwest y que aparecen en este libro: Willa Cather, Sinclair Lewis, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway.
Estos autores del período de entreguerras están entre los más críticos, y en algunos casos el nihilismo y el relativismo impregna muchas de sus obras. Pero también estoy convencido de que León XIV sabría descubrir en cualquier sitio, al igual que don Mariano Fazio en su libro, destellos de esperanza.
De hecho, el pontífice conoce bien esa mentalidad que a menudo aparece en la literatura de su país, aunque no sea exclusiva de él: "En nuestras sociedades, de hecho, la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen, no son más que anestésicos para adormentar nuestra conciencia y adaptarla a una cierta idea de sociedad" (homilía en el estadio de Montjuic, 9-6-2026).
Pienso que el Premio Nobel Sinclair Lewis habría estado de acuerdo con esas palabras del papa, pues era un escritor que decía amar profundamente a América, aunque no le gustaba. No le gustaban tampoco los rasgos de George Babbitt, el personaje de una de sus más conocidas novelas, y que es tan premonitorio.
Representa la mentalidad de una clase media, la de la década de 1920, a la que se refiere don Mariano Fazio en estos términos: "atracción irresistible por los nuevos inventos tecnológicos, deslumbramiento ante los cursos por correspondencia que enseñan a ganar dinero rápidamente, desprecio por la cultura y las artes si no tienen un rendimiento económico a mediano plazo".
La tierra de los libres es una invitación a la esperanza. No es casual que se cierre con un análisis de La carretera (2007) de Cormac McCarthy, donde ante una catástrofe nuclear o ecológica, aparecen personas dignas de su humanidad. Es un acertado colofón para un libro cuyo autor ha buscado semillas de esperanza y humanidad en algunos personajes de la literatura, entre otros, de Fenimore Cooper, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Jack London, John Steinbeck o William Faulkner.