Hakuna. El algodón no engaña
Este pasado fin de semana hemos tenido un muy bien grupo de jóvenes de Hakuna en Miraflores. Nos manifestaron su intención de asistir a la misa dominical de las 10 de la mañana y solicitaron la posibilidad de tener un encuentro de adoración en la tarde del domingo. Sin problemas. Sí pedimos concretar el horario para que pudieran incorporarse fieles de la parroquia, especialmente jóvenes.
Y ahora viene lo del algodón.
Tengo la costumbre de sentarme en el confesionario siempre que puedo, especialmente los domingos en las misas que celebra el compañero. Ayer él tenía la primera misa y un servidor se puso a confesar. No paré en toda la misa de atender especialmente a jóvenes de Hakuna.
La adoración por la tarde. Me gustó todo. Me encargué de exponer el Santisimo mientras cantaban salmos:
Portones alzad los dinteles
Que se alcen las antiguas compuertas
Va a entrar
El Rey de la Gloria.
Y de hacer la reserva al final.
La hora de adoración prácticamente en silencio con alguna pequeña lectura y algún cántico mínimo. Y no me enteré de mucho más, porque regresé al confesionario toda la hora y no me dieron tregua. No sé cuántos jóvenes pudieron confesarse ayer domingo, pero uno, desde su experiencia, se da perfecta cuenta de que en estos jóvenes la confesión es algo asumido, habitual, que saben hacer su examen de conciencia y conocen la necesidad de ir progresando en su vida espiritual.
Buena cosa. Un servidor conocía Hakuna de oídas y poco más. Ya saben: que si pijos, que si mucha sensibilidad, que si eso es adoración y tarde de cañas. Los argumentos de aquellos que no tienen nada y sienten envidia cuando descubren que es posible evangelizar.
Sigo sin conocer Hakuna, pero la prueba del algodón no falla: jóvenes que rezan, que se postran en adoración sin prisas, que cantan y, sobre todo, que han descubierto el valor de acercarse al sacramento de la penitencia, son una cosa muy seria.
Esto fue ayer. Y, por cierto, ya ven que en las parroquias de los pueblos, pequeños o grandes, tarea no nos falta. Por si alguno se pensaba que me he venido a Miraflores a descansar.
¡Gracias, Hakuna! Y a vuestra disposición.
Defienden que en sus conciertos no dan un espectáculo, sino «una experiencia». «El Espíritu viaja con la canción hasta el interior de otra persona. No digo que sea Palabra de Dios, pero sí que es palabra revelada por Dios a una persona que la vehiculiza con arte y que el mismo Espíritu es capaz de transformar a cada persona a la que le llega. Son canciones muy especiales, muy normales y muy comerciales, pero hay mucha verdad y mucha vida»,